Nacionales.- La Basílica de Santa Teresa abrió sus puertas a la medianoche para recibir a los primeros devotos del Nazareno de San Pablo. Monseñor Dionisio Gómez inició el ciclo de eucaristías en un ambiente de profunda espiritualidad.
El Cardenal Baltazar Porras presidió la misa central de las 9:00 de la mañana. Durante su homilía, el purpurado pidió por los enfermos y la reconciliación nacional.

Miles de feligreses, muchos de ellos descalzos, colmaron el centro de la ciudad. Los creyentes visten túnicas moradas para agradecer favores concedidos o cumplir promesas pendientes.

Misa central, Procesión y rutas del Miércoles Santo
La imagen del Nazareno saldrá del altar mayor a las 4:15 de la tarde hacia la plaza Diego Ibarra. Desde allí, iniciará su tradicional recorrido por las esquinas de Cruz Verde y la avenida Lecuna.

El trayecto continuará hacia El Silencio y la redoma de la plaza O’Leary antes de retornar al templo. Se estima que la última misa del día se realice aproximadamente a las cinco de la tarde.
Además, los devotos adornaron la sagrada imagen con cinco mil orquídeas frescas. El cuerpo de bomberos y Protección Civil vigilan la seguridad de la multitudinaria concentración.
Mensaje de esperanza y paz
Por su parte, el arzobispo de Caracas, Monseñor Raúl Biord, exhortó a mantener un espíritu de oración constante. El prelado aseguró que el Nazareno acompaña a toda Venezuela en sus sufrimientos.
En este sentido, Biord recordó que la procesión representa un momento de encuentro y súplica por los más necesitados. «El que está con Dios no debe temer a nadie», enfatizó el arzobispo.

Igualmente, las autoridades recomendaron a los asistentes mantenerse hidratados y usar ropa cómoda. Las personas con dificultades médicas deben evitar las aglomeraciones por seguridad.
Historia: El origen del «Limonero del Señor»
La devoción se remonta al siglo XVII, cuando la imagen llegó desde Sevilla, España. Se trata de una obra barroca en madera de pino flandes atribuida a Felipe de Ribas.
La leyenda narra que, en 1696, una epidemia de peste azotó la ciudad de Caracas. Durante una procesión de rogativa, la corona de espinas del Nazareno se enredó en un limonero.

Los fieles interpretaron la caída de los frutos como una señal divina. Los enfermos sanaron tras beber el jugo de aquellos limones, consolidando el milagro popular.
Originalmente, la talla recibía culto en la iglesia de San Pablo Ermitaño. No obstante, el presidente Guzmán Blanco ordenó demoler el templo en 1880 para construir el Teatro Municipal.
Finalmente, la imagen fue trasladada a la Basílica de Santa Teresa, donde permanece hasta hoy. Esta advocación sigue siendo el símbolo de fe colectiva más potente para los venezolanos.
Fuentes: Unión Radio, Globovisión.
Fotos: Cortesía IG Cardenal Baltazar Porras/ Medios Nacionales
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