ESPECIAL, VENEZUELA.— Exactamente hoy 01 de julio, ha transcurrido una semana desde que dos terremotos de 7.2 y 7.5, sacudieron los cimientos de Venezuela, el pasado 24 de junio, pero para los habitantes de Caracas, el reloj parece haberse detenido en aquel momento de terror.
Más allá de los escombros físicos, la capital venezolana hoy se enfrenta a una catástrofe silenciosa: el trauma psicológico y la incertidumbre de una población que aún no logra recuperar el sueño.
Residentes de la zona trabajan para reparar los daños causados por el terremoto en los edificios y recoger los escombros esparcidos por los pisos, son las imágenes que reflejan la fractura emocional que deja un desastre natural en cada una de las víctimas.
Una ciudad sumida en el miedo
Siete días después de la tragedia, el paisaje emocional en Caracas es de una tensa calma. Las conversaciones en las esquinas y en el transporte público siguen girando en torno a lo ocurrido.
Según los reportes de Reuters, los ciudadanos continúan lidiando con una mezcla de dolor profundo y un miedo persistente a que la tierra vuelva a rugir.

«Ese momento fue absolutamente horrible para nosotros»: Los desgarradores testimonios
Nataly Salas, residente de un complejo de viviendas estatales, no ha regresado a su apartamento en el piso 12 desde que ocurrieron los terremotos el 24 de junio.
“Desde el día uno estamos durmiendo fuera porque nos sentimos muy afectados, tener miedo de subir a su casa, yo vivo en un piso 12”.

Salas, a quien le asignaron el apartamento tras perder su anterior vivienda a causa de las inundaciones y que lleva 12 años viviendo en el complejo, dijo que la experiencia la ha dejado demasiado conmocionada como para volver a entrar, a pesar de las garantías de los ingenieros de que las columnas del edificio no sufrieron daños.
«Ese momento fue absolutamente horrible para nosotros», dijo, y agregó que ella y otros residentes han estado durmiendo a la intemperie en la calle por miedo.

Estos edificios formaban parte del programa de vivienda Misión Vivienda, una de las iniciativas sociales emblemáticas creadas bajo el mandato del fallecido presidente Hugo Chávez.
«No podía soportarlo más»
El epicentro del dolor no solo está en las estructuras dañadas, sino en los ojos de quienes intentaron ayudar. Luis, un vendedor ambulante de comida en Caracas, relató su experiencia tras viajar a La Guaira, una de las zonas costeras que recibió el impacto más violento de los sismos.
Luis, movido por la solidaridad, se trasladó a la costa para prestar auxilio, pero lo que encontró allí marcó un antes y un después en su vida.
«Vi muchos muertos», confesó con una franqueza que estremece.

Su testimonio refleja el límite de la resistencia humana ante la magnitud del desastre: «Regresé; no podía soportarlo más».
Su historia es la de miles de venezolanos que, tras una semana, intentan procesar imágenes que la memoria se niega a borrar.

Las secuelas emocionales: El desafío de la reconstrucción interna
Una residente, identificada únicamente como Mely, describió la inquietud colectiva que sienten muchos en la ciudad. «No estamos bien, salimos a la calle con temor, con miedo y bueno tratando de sobrevivir cada día, y continuar con miedo», dijo.

Mientras que un vendedor ambulante llamado Gerardo Parra dijo que estaba rezando por los que sufren en las zonas más afectadas.
“Claro mucho miedo de mi familia, lo que pueda pasar ahorita en la ciudad, en este país. Yo le tengo mucho temor a Dios, le doy gracias porque me tiene con vida a mi y a mi familia, le pido mucha misericordia por todas las personas que están pasando ahorita por este dolor”.

Mientras las autoridades evalúan los daños materiales, los expertos advierten que la secuela emocional será el proceso de reconstrucción más largo.
El sentimiento de vulnerabilidad se ha instalado en los hogares de Caracas y La Guaira, donde cualquier ruido fuerte o movimiento inesperado dispara las alertas de una población que se siente desprotegida ante la fuerza de la naturaleza.

Hoy, a una semana del 24 de junio, Venezuela no solo llora a sus ausentes; también busca desesperadamente la paz mental en medio de una incertidumbre que parece no tener fin.
Texto Adriana Gutiérrez
Fuente, fotos y vídeos cortesía Reuters
EL REGIONAL DEL ZULIA