Nacional.- En un país donde la cultura escrita ha sido históricamente una herramienta de formación y resistencia, el sector editorial enfrenta hoy una de sus peores etapas. La baja demanda de libros ha provocado una caída drástica en la producción editorial, encareciendo los costos y dejando a las imprentas operando a apenas el 10% de su capacidad instalada.
Julio Mazparrote, presidente de la Cámara Venezolana del Libro, advierte que la situación es crítica. “La demanda que tenemos que cubrir las editoriales es tan baja actualmente, que los tirajes que se hacen en las imprentas, que en la gran mayoría están solamente al 10% de su capacidad, encarecen los libros”, explicó en entrevista reciente.
Este fenómeno genera un círculo vicioso: menos demanda lleva a menos producción, lo que a su vez eleva los precios y reduce aún más el acceso a los libros. La impresión bajo demanda, aunque útil para evitar la desaparición de títulos, resulta mucho más costosa y poco sostenible para las editoriales pequeñas.

Educación y cultura en riesgo
La crisis editorial tiene implicaciones directas en el acceso a materiales educativos. Mazparrote señala que el 80% de los estudiantes venezolanos asisten a instituciones públicas, donde no existe una política clara para dotar de textos escolares. “Las conversaciones con los ministerios para destrabar esto han sido infructuosas”, lamentó.
Además, muchos clásicos de la literatura venezolana y textos de bachillerato han dejado de producirse, lo que afecta la formación académica de nuevas generaciones y empobrece el acervo cultural del país.
Anteriormente, las editoriales privadas se beneficiaban de grandes compras gubernamentales a través de licitaciones, que permitían que los precios de los libros bajaran significativamente.
El bajo poder adquisitivo de los ciudadanos, sumado a la inflación, ha hecho que comprar un libro sea un lujo para muchos. Las librerías reportan caídas en las ventas incluso en temporadas escolares, cuando tradicionalmente se registraba mayor movimiento comercial.

¿Un futuro sin libros?
La desaparición de editoriales, el cierre de imprentas y la falta de políticas públicas amenazan con convertir a Venezuela en un país sin libros. En este contexto, la lectura —más que una actividad intelectual— se convierte en un acto de resistencia.
El sector editorial clama por apoyo institucional, incentivos fiscales y campañas que promuevan el valor de la lectura. Porque sin libros, no hay memoria; y sin memoria, no hay futuro.