CARACAS, VENEZUELA — Su historia no comenzó con manuales de protección civil ni trajes especializados; nació del instinto, el dolor y la urgencia. En 1985, tras el devastador terremoto que sacudió a la Ciudad de México, un joven de nombre Héctor Méndez de 38 años se adentró en las ruinas de Tlatelolco para buscar a su hermano. Lo encontró con vida y, en ese mismo instante, su propia vida cambió para siempre. Hoy, conocido mundialmente como “El Chino” o “El Topo Mayor”, el legendario rescatista mexicano se encuentra nuevamente en suelo venezolano, demostrando que los héroes no llevan capa: se arrastran entre el concreto para devolver la dignidad y la esperanza.
A sus 80 años, el líder de la Brigada Internacional de Rescate Topos Azteca encabeza las operaciones de búsqueda y rescate en Los Palos Grandes, una de las zonas más afectadas del municipio Chacao tras el doble terremoto que recientemente azotó a Caracas. Acompañado por un equipo multidisciplinario y unidades caninas especializadas, «El Topo Mayor» desafía el cansancio físico recostado apenas unos minutos en una camilla de campaña, listo para volver a meterse bajo las estructuras colapsadas.
Una vida marcada por el dolor y la hermandad con Venezuela
Esta no es la primera vez que Méndez camina entre los escombros de Venezuela. Para «El Chino», el país caribeño es un territorio profundamente arraigado en su bitácora de misiones más difíciles. En los últimos 30 años, el rescatista mexicano ha estado en primera línea durante las peores catástrofes de la historia contemporánea venezolana:
El Terremoto de Cariaco (1997): Donde los Topos Azteca colaboraron activamente en el rescate de víctimas en las estructuras escolares y residenciales colapsadas en el estado Sucre.
El Deslave de Vargas (1999): Una de las mayores tragedias naturales del continente, donde Méndez y su equipo desafiaron el lodo y la destrucción para recuperar vidas y cuerpos.
El sismo actual de Caracas (2026): Donde trabaja incansablemente centrado en una labor titánica y humana: devolver la paz a las familias.
«Nos dedicamos a trabajar para liberarlos enteros. Te puedes tardar varias horas para quitarle un pedazo de concreto a un brazo para sacar el cuerpo con dignidad, completo, para entregárselo a la familia», explicó Méndez en medio del polvo levantado por palas y excavadoras.
Cuatro décadas de milagros subterráneos
En el uniforme de Héctor Méndez cuelgan banderas de decenas de naciones: Haití, Italia, Argentina, Estados Unidos, entre otras. Son, según sus propias palabras, «signos de fraternidad».
A lo largo de sus más de 40 años de servicio en 22 países de cinco continentes, la Brigada Topos Azteca ha rescatado a más de mil personas. No obstante, el dato más impresionante que resguarda el grupo es un milagro operativo: en cuatro décadas de misiones de alto riesgo, ningún miembro de los Topos ha perdido la vida en el cumplimiento del deber. Esto se debe a una combinación de técnica, respeto absoluto por las leyes de la física del colapso y el agudo olfato de sus perros rescatistas, capaces de diferenciar entre la vida y la muerte bajo toneladas de concreto.
Mientras Caracas intenta asimilar el impacto de una tragedia que ya cuenta por centenares a sus víctimas, las palas mecánicas se detienen en silencio cuando los Topos Azteca evalúan una grieta. Al frente está Méndez que no sabe rendirse, recordándole al mundo que la solidaridad no tiene fronteras y que la dignidad humana se defiende hasta el último centímetro bajo la tierra.
EL REGIONAL DEL ZULIA