Nacional.- La economía venezolana sigue atravesando una situación compleja marcada por inflación, la migración y la pérdida de capacidades productivas. En este contexto, el empleo formal en el país enfrenta una profunda crisis.
La falta de oportunidades laborales estables ha llevado a miles de ciudadanos a buscar alternativas en el trabajo informal y el emprendimiento de subsistencia, configurando un nuevo panorama productivo marcado por la resiliencia, el escaso incentivo laboral y la creatividad de subsistencia.
En los últimos cinco años, la tasa de empleo formal ha caído drásticamente. Empresas privadas luchan por mantenerse operativas, mientras que el sector público enfrenta recortes y falta de presupuesto. Economistas locales, advierten que el salario mínimo oficial no cubre siquiera un pequeño porcentaje de la canasta básica, lo que ha reducido el incentivo por mantener empleos en el sector formal.
Según estimaciones del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), la participación laboral de Venezuela es una de las más bajas de América Latina, y certifica que ha habido un aumento en la informalidad. El bajo nivel de salarios tiene un impacto en la capacidad de adquirir bienes y servicios y, por lo tanto, en las condiciones de vida de los venezolanos.
El salario mínimo oficial se sitúa actualmente en apenas 1,15 dólares mensuales, uno de los más bajos de América Latina; mientras que la canasta básica sobrepasa los 500 dólares, según estimaciones económicas del Centro de Documentación y Análisis Social de la Federación Venezolana de Maestros (CENDAS-FVM); lo que significa que el ingreso legal cubre menos del 1% de las necesidades básicas. Esto ha llevado a una crisis de motivación para mantener trabajos regulados que, además, ofrecen escasos beneficios sociales.
Ante la falta de estabilidad contractual, ausencia de beneficios sociales y desigualdad salarial frente al costo de vida, también nos encontramos que solo 13,79% de los trabajadores están empleados en el sector público, que, en el caso de las mujeres trabajadoras, estas enfrentan obstáculos adicionales por falta de apoyo en el cuidado infantil, además que las empresas luchan por sobrevivir frente a altos costos operativos y baja demanda interna.

La migración se llevó la fuerza laboral
Explicaba el economista Omar Zambrano en un reporte periodístico publicado por la BBC News Mundo en mayo de este año, para agregarle más lecha al fuego que consume el endeble sector laboral venezolano, que este país perdió además 55,3 millones de años de escolaridad cuando más de 4 millones de trabajadores abandonaron el mercado laboral.
Omar Zambrano, jefe de la consultora Anova Policy Research, destaca estos hallazgos del estudio titulado «Crisis económica y el colapso del acervo de capital humano venezolano», donde se estima el impacto que la duradera crisis económica de Venezuela ocasionó en sus trabajadores, que es el sector de la población que dispone del conocimiento y la experiencia para recuperar la capacidad productiva del país.
Venezuela perdió 75% del tamaño de su economía entre 2013 y 2021, una de las contracciones económicas más severas registradas en la historia moderna. Y al menos 7,7 millones de personas emigraron durante la última década.
El reporte analiza cómo la depreciación de los salarios y la ola migratoria llevaron a más de 4 millones de personas en edad de trabajar a salir del mercado laboral, incluidos los trabajadores más jóvenes, más calificados y con mayor experiencia.

Auge del trabajo informal
El principal incentivo para trabajar es ganar dinero, por esa razón cuando el trabajador se encuentra en medio de una crisis hiperinflacionaria como la que se vive en Venezuela hoy día, cuando el salario se devaluó de tal manera que no vale nada, no existen incentivos ni para trabajar ni para estudiar, porque la gente estudia con la idea de lograr mejores empleos y salarios. Si esa mejoría desaparece, la gente abandona la universidad; y este es el reflejo de lo que ocurre en Venezuela.
A medida que el empleo formal se desvanece, el trabajo informal crece como una respuesta inmediata ante la urgencia económica, por lo que, ante la imposibilidad de vivir del salario mínimo, más del 50% de la población económicamente activa está en el sector informal, según el Centro de Políticas Públicas del IESA.
Este fenómeno incluye un aumento proporcionado de vendedores ambulantes, taxistas sin licencia, reparadores improvisados y servicios no regulados que proliferan en calles y redes sociales.
Esta informalidad laboral que crece como estrategia de supervivencia, sitúa el trabajo por cuenta propia por encima del sector público.
Además, muchas personas combinan un empleo formal mal pagado con actividades alternativas como delivery, venta de ropa o servicios domésticos.
“Yo era profesora en un liceo. Hoy vendo empanadas desde casa. No es lo que soñé, pero me da para comer”, comenta Ana Rivas, una residente de Maracaibo, quien encarna la nueva realidad de millones de venezolanos.
Aunque brinda cierto alivio económico, este tipo de empleo carece de protección laboral, lo que expone a los trabajadores a riesgos sanitarios, legales y sociales.

Nuevos emprendimientos: ingenio en tiempos de crisis
Los emprendimientos por necesidad, que emergen como símbolo de resistencia, representan el 91% de los nuevos negocios en Venezuela. Según estudios recientes, 4,7 millones de venezolanos se encuentran emprendiendo, la mayoría, el 97% de estos negocios tienen un nulo o bajo nivel tecnológico o financiamiento adecuado.
Según análisis económicos, el 94,8% no exportan ni generan ingresos en divisas y el 74% de los emprendedores tienen educación secundaria o universitaria.
Artesanías, comidas caseras, reciclaje creativo y pequeños servicios digitales son algunos ejemplos de negocios nacidos de la necesidad.
En Zulia, jóvenes sin empleo estable venden helados caseros por redes sociales; familias convierten espacios del hogar en salones de belleza improvisados; adultos mayores ofrecen clases en línea, aprovechando su experiencia acumulada.
“Mi hija abrió una cuenta para ofrecer sus tortas y eso nos ha ayudado muchísimo”, son expresiones que se escuchan en medio de esta situación.

Retos y esperanzas
Esta transformación del empleo plantea un desafío para las políticas públicas. La formalización del trabajo informal, el acceso a microcréditos, la formación emprendedora y la protección social son necesarias para evitar que la población más vulnerable quede atrapada en la enorme brecha laboral que existe hoy en Venezuela.
El ecosistema emprendedor se enfrenta a limitaciones estructurales: 50% de los negocios operan en la informalidad, y muchos mueren por falta de capital inicial o acceso al crédito. Si bien existen instrumentos como el Fondo Nacional de Emprendimientos (FONAEM), aún son insuficientes ante la magnitud del fenómeno.
Mientras tanto, el cambiante rostro del trabajo en Venezuela sigue mostrando algo más que números: es un espejo de esfuerzo, creatividad y la voluntad de salir adelante, incluso en las condiciones más adversas.
Texto/ Noris Hernández
Fotos/WEB