ECONOMÍA.- La pregunta que marca el pulso de la economía venezolana en las últimas semanas es recurrente: ¿Hasta cuándo se depreciará el bolívar? Ante la inquietud de empresarios, familias y periodistas, el reconocido economista Asdrúbal R. Oliveros ha presentado un análisis profundo que desplaza el foco de los anuncios para lograr una estabilidad cambiaria hacia la verdadera raíz del problema: la salud fiscal de la nación.
El síntoma no es la enfermedad
Si bien el Gobierno ha tomado medidas recientes, como el incremento en la oferta de divisas, el manejo de remesas en efectivo y ajustes en los mecanismos de intervención, Oliveros reconoce que estas acciones van en la dirección correcta, pero advierte sobre el peligro de creer que son soluciones definitivas.
Para el especialista, el mercado cambiario venezolano es un mensajero constante que no debe ignorarse: la estabilidad del tipo de cambio es insostenible si se apoya sobre finanzas públicas desequilibradas. En su análisis, el dólar no es un fenómeno aislado, sino el reflejo de la confianza en la capacidad del Estado para financiar su gasto sin generar presiones monetarias.

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La trampa del desequilibrio fiscal
El problema de fondo sigue siendo que el Estado gasta más de lo que sus ingresos permiten sostener. “No importa cuántas intervenciones se realicen”, señala Oliveros, pues mientras el déficit persista, los agentes económicos seguirán demandando divisas como mecanismo de protección de su patrimonio.
El economista propone una hoja de ruta para mejorar el mercado cambiario mientras se atiende el problema fiscal:
- Perfeccionamiento de mecanismos: Hacer los sistemas de subastas más transparentes y predecibles.
- Ampliación de participación: Incrementar gradualmente el rol de la banca y reducir la incertidumbre sobre las reglas de intervención.
- Estrategia comunicacional: Establecer una comunicación sólida y creíble, dado que la falta de esta deteriora las expectativas y mueve el tipo de cambio tanto como las intervenciones directas.
- Intervenir en el mercado paralelo y utilizar mecanismos de criptomonedas para incrementar el acceso a divisas. Los mercados valoran la previsibilidad tanto como la disponibilidad de divisas.

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El peso de la reconstrucción post-terremoto
A los desafíos estructurales preexistentes se suma ahora la devastación tras los terremotos, que requiere un esfuerzo fiscal sin precedentes. Oliveros estima que el costo total de reconstruir viviendas e infraestructura pública podría oscilar entre los US$12.000 y US$15.000 millones, una cifra colosal para una economía cuyo PIB se sitúa en torno a los US$110.000 millones.
Citando investigaciones de expertos como Ilan Noy y Carmen Reinhart, el análisis subraya que los desastres naturales son mucho más costosos en países que ya enfrentan vulnerabilidades fiscales previas. Un estudio del Fondo Monetario Internacional (2024) confirma que las economías emergentes con regímenes cambiarios flexibles tienden a sufrir depreciaciones cambiarias significativamente mayores tras un desastre, acompañadas de presiones inflacionarias.

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La estabilidad se construye
Oliveros es enfático: si el esfuerzo de reconstrucción no cuenta con financiamiento externo robusto o una reorganización profunda del gasto público, la presión se trasladará inevitablemente al mercado cambiario, resultando en un bolívar más débil y una nueva pérdida del poder adquisitivo.
“La estabilidad cambiaria no se decreta ni se compra; se construye. Y siempre comienza por la disciplina fiscal”, concluye el economista, reiterando que cualquier otra medida será, en el mejor de los casos, un alivio temporal que solo administrará los síntomas de una enfermedad que requiere un tratamiento mucho más riguroso.