Salud.- En una decisión que ha generado tanto esperanza como controversia, la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) aprobó recientemente el uso de la leucovorina, también conocida como ácido folínico, para tratar ciertos síntomas del autismo en niños con deficiencia cerebral de folato. Este compuesto, utilizado desde hace décadas en oncología y hematología, ahora entra en el terreno de los trastornos del neurodesarrollo.
La leucovorina es una forma activa del folato (vitamina B9), esencial para la producción de glóbulos rojos y el desarrollo neurológico. Tradicionalmente se ha empleado para contrarrestar los efectos tóxicos del metotrexato en quimioterapia y para tratar la anemia megaloblástica. Su uso en autismo, sin embargo, representa un giro inesperado en su trayectoria médica.

Autismo y deficiencia cerebral de folato
La FDA autorizó su uso específicamente en niños con autismo que presentan deficiencia cerebral de folato, una condición poco común pero documentada en estudios clínicos. Según investigaciones preliminares, hasta dos tercios de los niños tratados con leucovorina mostraron mejoras en habilidades de comunicación verbal.
A pesar del entusiasmo, la FDA fue clara: la leucovorina no debe considerarse una cura para el autismo. “Los datos actuales siguen siendo limitados y se requiere más investigación”, señaló el comisionado Marty Makary.
Expertos como el Dr. Peter Bernstein del Colegio Americano de Obstetras y Ginecólogos advierten que los estudios existentes muestran asociaciones, no causalidad.

Un anuncio con tintes políticos
La aprobación fue presentada en la Casa Blanca por el presidente Donald Trump, junto al secretario de Salud Robert F. Kennedy Jr. y funcionarios de la FDA. La administración también recomendó limitar el uso de paracetamol durante el embarazo y ajustar las dosis de vacunas infantiles, medidas que han sido criticadas por la comunidad científica por falta de evidencia concluyente.
El medicamento será cubierto por programas federales como Medicaid y CHIP, y su prescripción quedará en manos de médicos especializados. Se administrará en forma de pastillas, inyecciones o vía intravenosa, dependiendo del caso clínico.
