POR: ORLANDO FUENMAYOR SALAZAR.
Gracias por permitirme escribir nuevamente desde el pensamiento crítico y reconectar con ustedes. He aquí de uno más que se fue y probablemente no vuelva en las mismas condiciones. Siento que esta vez, tenía el deber moral de volver a poner mis palabras como servicio y despertar, que de ellas salgan de artículos de opinión; que, aunque no sea del agrado de todos, puede ofrecer de archivo histórico de cosas que fueron y no pudieron ser.
A lo que atañe, voy al grano.
En par de años llego a los 40 <algo ya he vivido > Para algún sector de la población conservadora aún soy un nuevo en la política, restando el tiempo que desde niño veía a mis papás en marchas, caravanas o simplemente buscándole votos a una clase política que tenía en ese entonces el privilegio de hacer gobierno o vivir en la alternancia del mismo <4.ª república, adecos y copeyanos> había muchas cosas que no entendía, pero con el tiempo, tropiezos y causalidades, pude darme cuenta de lo tangible, lo real.
Era gente que desde los 60s -70 s -80 s vivían de hacer lo mismo en el mecanismo. Entraba alguno que otro nuevo y únicamente salían por obsolescencia o muerte. Pero en resumen salían menos de los que entraban; era una especie de paralelismo que se tenía como norma no escrita.
Mi papá fue uno de ellos que, aunque ejerció una minúscula parte del poder, él era mi ejemplo de lo que pasaba en micro. Ya en lo macro era diferente; podía ser intenso, absurdo y en ocasiones obsceno. Ojo, sigo en aquella época.
Pero para los 90s y principio de los 2000s yo sí estaba más lúcido. Aunque seguía viendo a los mismos. Cambiaban únicamente en arrugas, cañas y dimensiones abdominales. Pero era básicamente un 80% de la misma gente se mantenía en poder… hasta que llego el chavismo.
Mismo fenómeno que redistribuyó la forma de poder y que hizo que algunos dejaran el verde y blanco para adherirse o mutar. Me explico, algunos se pintaron de rojos y otros sacaron del closet el amarillo, naranja, variaciones del blanco y demás premisas que todas seguían rondando la centro-izquierda o la social democracia-cristiana.
Este fenómeno llevó a nuevos protagonistas a ser una nueva clase política de poder, pero aún se mantenía ese 80% de museo histórico que no sabía otras formas de vivir ¿Orlando, pero entró más gente? Oh, sí claro, sangre nueva que bebía de la misma leche. Que repasaban las lecciones; bien sea por doctrina o autoaprendizaje. Era fascinante aquello, ya que algunos todavía esperaban ser el relevo de la generación del 28, junto a muchachos que a punta de rial llegaron por ejemplo a ser presidente del parlamento con menos de 30 años.
Algunos usaron a Mami o a Papi para que con dineros ajenos pudieran tenerlos ocupados, puesto que en la casa se aburrían. Y terceros que creían hacer revoluciones de hierbas en las universidades, creyéndose hippies mal bañados, que leían Marx y escuchaban a Silvio; pasaron de la quema de cauchos a ser ministros, era una nueva generación ansiosa de poder. Eran finales de los 90s y principios de los 2000s, todos se acomodaron todos a esa nueva fauna.
Cambiaron algunos métodos en el ecosistema. Otros se quedaron, el whiskey era la unión entre lo viejo y lo nuevo. Con la Mortadela, tenían que entenderse si o si, no tenían de otra. Sabiendo que no serían gobierno, ¿entonces si sabían esto, porque seguir? El negocio fue sencillo, alcaldías y algunas gobernaciones como consuelo. La premisa era doblarse para no partirse, había que coexistir. Gente entro y se quedaron, otros entraron y quedaron presos al no entender esa fauna. Pero la mística de entendimiento y comunicación le permitió a la mayoría mantenerse y renovarse ante nuevos desafíos <elecciones> y fueron estas las que les dieron una forma de encontrar diversificar fuentes económicas como: en las encuestas, publicidad, logística y pagos a maquinarias para que el aceite de mecanismo siguiese en funcionamiento.
En conclusión.
Son los mismos, se renuevan por ciclos. Así pasó desde eras remotas en donde los dinosaurios pasaban horas explicándoles a los jóvenes de las manadas; pasando por los que tenían que tener un BlackBerry, una camisa Columbia y carro para entrar en las macollas. Hasta lo que hoy entienden cómo funciona lavadora sin ser técnicos y para ello los estadios, conciertos y los bodegones surgen como formas de emprendimiento. Todos entendieron que hay que tener el aceite al tiro, para tener al mecanismo en funcionamiento en la Venezuela Premium.
Orlando Fuenmayor Salazar.
Escritor, Articulista.
–