Morrocoy: turismo desmedido amenaza uno de los tesoros marinos de Venezuela

Uno de los puntos más afectados es Cayo Muerto, ubicado frente a Chichiriviche. Su cercanía al pueblo lo convierte en destino frecuente, especialmente por el popular “camino de Moisés”, una franja de arena que emerge durante la marea baja y permite caminar sobre el mar.

por Noris Hernández

Nacional.- El Parque Nacional Morrocoy, joya costero-marina del estado Falcón, enfrenta una amenaza seria y persistente: la presión turística descontrolada. Con sus cayos de aguas cristalinas y arrecifes milenarios, este ecosistema único está viendo comprometida su capacidad de regeneración natural, mientras la afluencia de visitantes crece sin freno ni regulación efectiva.

 

Cayo Muerto y el “camino de Moisés”: belleza viral, daño real

Uno de los puntos más afectados es Cayo Muerto, ubicado frente a Chichiriviche. Su cercanía al pueblo lo convierte en destino frecuente, especialmente por el popular “camino de Moisés”, una franja de arena que emerge durante la marea baja y permite caminar sobre el mar. Este fenómeno, viralizado en redes sociales, ha atraído multitudes que, sin saberlo, pisan sobre praderas de hierbas marinas y arrecifes de coral con más de 6.000 años de antigüedad.

Expertos advierten que el tránsito constante por esta zona está generando daños irreversibles. “Lo que parece mágico desde el aire, es en realidad una herida ecológica en curso”, señala un grupo de juristas ambientales del municipio Iturriza.

 Impacto ecológico: más allá de la superficie

La sobrecarga turística afecta la cadena ecológica completa: desde los refugios de fauna marina hasta las estructuras arrecifales que sostienen la biodiversidad. La acumulación de embarcaciones, residuos y pisoteo en zonas sensibles ha reducido la capacidad de recuperación del parque, poniendo en riesgo especies endémicas y hábitats clave.

¿Cómo revertir el daño?

La solución no es cerrar el parque, sino transformarlo. Herrera-Reveles, activista ambiental, propone un modelo de turismo ecológico y responsable, centrado en la observación y el respeto por la naturaleza. “No se trata de prohibir, sino de educar”, afirma. La clave está en integrar conservación, educación ambiental y participación ciudadana.

Organizaciones científicas y ambientales instan a la ciudadanía a adoptar prácticas sostenibles: evitar el uso de plásticos, respetar zonas protegidas, y compartir información verificada sobre el impacto humano en estos ecosistemas.

La ciudadanía puede contribuir adoptando prácticas sostenibles, promoviendo información verificada y apoyando a las organizaciones científicas y ambientales.

El Regional del Zulia

Fotos/WEB

Fuente/Venprensa La Costa

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