Curiosidades.- En las aguas turquesas del Caribe venezolano, frente a la costa oriental del país, se esconde una historia olvidada por muchos, pero fundamental para entender los orígenes de la colonización hispánica en América del Sur. Se trata de Nueva Cádiz, la primera ciudad fundada por los españoles en Venezuela y una de las primeras en todo el continente suramericano.
¿Pero sabían que Nueva Cádiz está enterrada bajo el mar? Sí, la ciudad de Nueva Cádiz ubicada en la isla de Cubagua, esa ciudad que alguna vez brilló en las costas de Cubagua hoy yace en ruinas bajo el mar Caribe. Para muchos historiadores, además de esa fascinante historia, esta ciudad también fue considerada la Sodoma de Venezuela.
La isla de Cubagua, árida y sin fuentes de agua dulce, fue avistada por Cristóbal Colón en su tercer viaje en 1498. Lo que parecía un paraje inhóspito pronto se convirtió en un epicentro de riqueza: los indígenas lucían collares de perlas que despertaron la codicia europea. En 1500, ya había decenas de aventureros buscando las preciadas gemas de nácar.

Es así como en 1528 el marino italiano Giacomo Castiglione, al servicio de la Corona española, funda la primera ciudad hispánica de América continental: Nueva Cádiz de Cubagua, mediante una real cédula de Carlos V, siendo dotada de escudo de armas y autonomía comercial.
Era una ciudad rica, rica por el llamado oro blanco, que eran las perlas. En su apogeo, llegó a tener más de 1.000 habitantes, entre españoles, indígenas y esclavos africanos. Desde allí se enviaban millones de perlas al Imperio Español. Tan poderosa era que algunos cronistas la comparaban con Cádiz o Sevilla.
La ciudad contaba con calles empedradas, casas de piedra, una iglesia mayor, convento, plaza central, mercado y hasta una prisión. Se dice que sus construcciones eran blancas, hechas con estuco elaborado a partir de corales.


El oro blanco del Caribe
Las perlas de Cubagua rivalizaban en valor con el oro del Perú. España recibía ingresos astronómicos por su extracción, realizada por indígenas y esclavos que eran obligados a sumergirse sin protección, a bucear para recolectar ostras. Muchos quedaban atrapados en el fondo, otros no resistían la presión del agua. La ciudad vivía del comercio directo con Castilla, sin pasar por La Española, lo que la convirtió en un enclave estratégico.

Conflictos, decadencia y abandono
Pero el esplendor no duró. Entre 1531 y 1532, los lechos perlíferos comenzaron a agotarse, el ecosistema colapsó. La falta de agua, los ataques de piratas franceses e ingleses, y la resistencia indígena al trabajo forzado aceleraron el declive. En 1541 sucedió lo impensable, un maremoto destruyó gran parte de la ciudad. Dos años después, un huracán y nuevos ataques piratas terminaron por despoblarla.
Parte de la ciudad de Cádiz fue literalmente tragada por el mar. Los pocos sobrevivientes huyeron y Nueva Cádiz jamás fue reconstruida. Ese terremoto fue causado por una de las fallas tectónicas más activas del Caribe: La falla del Pilar, que siglos después también provocaría el terremoto de Cariaco en 1997.
Hoy los restos de Nueva Cádiz siguen allí, parcialmente sumergidos, enterrados en la arena árida de Cubagua. Muros, pisos, fragmentos de historia bajo el agua. Algunas estructuras aún se pueden observar en la costa nororiental de la isla. En 1979, fueron declaradas Monumento Nacional, aunque su potencial turístico y arqueológico sigue sin ser plenamente aprovechado.
La historia de Nueva Cádiz ha inspirado documentales como Nueva Cádiz de Cubagua (2004) y Flor de la Mar (2015), que buscan rescatar la memoria de esta ciudad olvidada.

Extrañas historias se cuentan
Los pescadores y buzos locales cuentan historias extrañas. Luces que aparecen en el cielo y en el agua cuando cae la noche. Campanas que suenan, aunque no haya viento. Sombras que emergen cuando el agua oscurece. Algunos dicen que fue castigo divino, que el mar cobró lo que el hombre le había arrebatado. Que Cubagua fue la Sodoma venezolana.
Nueva Cádiz no solo fue una ciudad de piedra y perlas. Fue el primer intento de urbanización europea en Venezuela, la primera ciudad rica venezolana y también la primera en desaparecer. Hoy su historia yace bajo las profundidades del mar. Ahogada entre perlas, como un símbolo de ambición, explotación y tragedia. Esperando que alguien la escuche otra vez. Hoy, sus ruinas nos recuerdan que incluso las ciudades más prósperas pueden desaparecer si se construyen sobre la codicia y el olvido.