Salud.- Aunque afecta a más de mil millones de personas en el mundo, la obesidad sigue siendo tratada como una “enfermedad de segunda clase” por muchos sistemas de salud. Su abordaje suele ser fragmentado, estigmatizante y centrado en el individuo, ignorando los determinantes sociales, económicos y culturales que la perpetúan.
En 2025, expertos internacionales reclaman un cambio de paradigma: un plan transversal que reconozca su complejidad y la enfrente como un problema estructural de salud pública.
¿Enfermedad o factor de riesgo?
Durante años, la obesidad ha sido vista como un simple factor de riesgo para otras enfermedades, como la diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares o ciertos tipos de cáncer. Sin embargo, una comisión global respaldada por más de 75 organizaciones médicas propuso redefinirla como una enfermedad crónica, con criterios clínicos más precisos que van más allá del índice de masa corporal (IMC).
Este enfoque reconoce que no todas las personas con obesidad presentan deterioro inmediato de su salud, pero muchas sí requieren atención médica oportuna. Negarles ese acceso por una definición limitada puede agravar su condición y aumentar los costos sociales.

El estigma como barrera
Uno de los mayores obstáculos para enfrentar la obesidad es el estigma. Las personas que viven con sobrepeso u obesidad suelen ser culpabilizadas, invisibilizadas o excluidas de los sistemas de atención. La guía NICE 2025 recomienda evitar términos peyorativos y promover una comunicación centrada en el bienestar, adaptada al contexto cultural y emocional de cada paciente.
Un plan transversal: ¿qué implica?
Para enfrentar la obesidad como problema de salud pública, se requiere un enfoque integral que incluya:
– Educación alimentaria accesible y no restrictiva.
– Promoción de actividad física en entornos seguros y equitativos.
– Políticas urbanas que faciliten el acceso a alimentos saludables.
– Intervenciones clínicas personalizadas, sin estigmas.
– Participación comunitaria y familiar, especialmente en niños y jóvenes.
Este plan debe involucrar no solo al sector salud, sino también a educación, urbanismo, medios de comunicación y empresas alimentarias.
La obesidad no puede seguir siendo tratada como una condición menor. Requiere un abordaje transversal, libre de estigmas, que reconozca su complejidad y actúe desde múltiples frentes. Solo así se podrá revertir su avance y garantizar una atención digna y efectiva para millones de personas en el mundo.