Soledad en tiempos de diáspora: los desafíos de los adultos mayores en Venezuela

Los adultos mayores suelen enfrentar desafíos relacionados con la edad, pero también con aquellos que se presentan específicamente en la sociedad venezolana. Uno de ellos tiene que ver con la migración de sus familiares.

por Noris Hernández

Nacional.– En medio de una de las crisis migratorias más grandes del continente, los adultos mayores en Venezuela enfrentan una realidad marcada por la soledad, la precariedad y el abandono institucional. La partida de hijos, nietos y familiares ha dejado a miles de personas mayores viviendo solas, en condiciones que desafían su salud física, emocional y económica.

La migración masiva ha reconfigurado el tejido familiar venezolano. Muchos adultos mayores viven solos, sin redes de apoyo cercanas.

La ausencia de compañía ha generado altos niveles de depresión, ansiedad y deterioro cognitivo, según estudios del Instituto Nacional del Envejecimiento y organizaciones como Convite A.C..

“La casa se siente vacía. Paso días sin hablar con nadie”, relata Miguel A., de 80 años, en entrevista publicada en el portal web de El Diario.

Aquellos que transitan la tercera edad sin un soporte familiar directo, la vulnerabilidad puede intensificarse, lo que abarca desde la gestión de la salud y el acceso a recursos básicos, hasta el aislamiento emocional y la brecha tecnológica.

El equipo de El Diario entrevistó a cuatro venezolanos, mayores de 70 años de edad, quienes viven solos. Cada uno de ellos vive sus propios desafíos, no obstante, coincidieron en afirmar que siguen recibiendo apoyo y amor de sus parientes desde la distancia.

Salud en riesgo y acceso limitado a la atención médica

La falta de acompañamiento complica la gestión de citas médicas, la compra de medicamentos y la atención en emergencias.

El sistema de salud público está colapsado, y los costos de atención privada son inaccesibles para quienes dependen de pensiones que rondan los 2 dólares mensuales, y un bono social estipulado en 50 dólares.

“Si me da un mareo de noche, ¿a quién llamo?”, se pregunta Carlos R., de 75 años.

Por otra parte, la brecha tecnológica es evidente y los afecta directamente, ya que muchos trámites esenciales, como pagos o comunicación con familiares en el exterior, requieren habilidades digitales que no todos dominan. Por ejemplo, los trámites bancarios que antes requerían una visita presencial, ahora se realizan a través de aplicaciones, y la comunicación con familiares en el exterior se sostiene mediante videollamadas, por lo que la falta de acceso a dispositivos o conexión a Internet agrava el aislamiento.

“Tengo un teléfono inteligente, pero apenas sé usarlo. Dependo de un vecino para todo”, confiesa Elena G., de 72 años, en entrevista para El Diario.

La diáspora venezolana reconfiguró el tejido social, y uno de sus impactos en la sociedad se observa en la calidad de vida de los adultos mayores. En este sentido, la soledad, además de ser una condición emocional, se convierte en un factor que agudiza otras vulnerabilidades.

Pobreza en la vejez

La hiperinflación ha pulverizado el valor de las pensiones. Muchos adultos mayores deben elegir entre comprar alimentos o medicinas.

La migración de familiares ha cortado el flujo de ayuda económica directa, dejando a muchos en situación de vulnerabilidad extrema.

Sin embargo, a pesar de los desafíos, muchos adultos mayores desarrollan estrategias para sobrellevar la soledad: redes vecinales, kioscos comunitarios, grupos de apoyo y organizaciones civiles que visibilizan su situación.

¿Qué se necesita?

Expertos y organizaciones sociales coinciden en que se requieren políticas públicas urgentes que garanticen:

  • Pensiones dignas y ajustadas a la realidad económica.
  • Acceso gratuito y de calidad a servicios médicos.
  • Programas de acompañamiento emocional y social.
  • Inclusión digital y formación tecnológica adaptada.

Opciones recreativas urgentes

Considerando que las actividades recreativas y físicas son necesarias para el desarrollo y la salud de todas las personas, pero para aquellas que llegaron a la tercera edad trae beneficios adicionales que ayudan a mejorar su calidad de vida, urge implementar políticas sociales que redunden en el desarrollo de este tipo de actividades en cada rincón del país.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, los juegos físicos, deportes, y otras actividades sociales ayudan a mantener las funciones cardiorrespiratorias, musculares, la salud ósea, así como reducir el riesgo de enfermedades cerebrovasculares, depresión, deterioro cognitivo y caídas.

Otros beneficios documentados en estudios científicos incluyen que la realización de estas actividades por las personas mayores ayuda a la disminución de los sentimientos de soledad, incrementa la creatividad, mejora el estado de ánimo y de la motivación, mantiene un funcionamiento psicomotriz adecuado, aumenta los niveles de autoestima, fomenta los contactos interpersonales y la integración social.

Por todo esto la vejez no debería ser sinónimo de abandono. En un país que ha visto partir a millones, quienes se quedaron merecen ser cuidados, escuchados y acompañados. Porque detrás de cada rostro envejecido hay una historia de esfuerzo, trabajo para sacar adelante a esos hijos que hoy partieron con el objetivo de mejorar sus condiciones sociales.

Fuente /El Diario/IA

Fotos/WEB

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