Nacional.– La propuesta del Ejecutivo venezolano de eliminar las tareas escolares ha generado un amplio debate en el país. Aunque la discusión ha sido interpretada por algunos sectores como una medida política, expertos en educación insisten en que el enfoque debe ser social y pedagógico, centrado en el impacto que esta decisión tendría sobre el desarrollo cognitivo de los estudiantes.
Las tareas escolares han sido tradicionalmente vistas como una extensión del aula, una herramienta para reforzar contenidos, fomentar la autonomía y desarrollar habilidades como la memoria, la organización y el pensamiento crítico.
Según el Sistema de Evaluación de Conocimientos en Línea (Secel) de la UCAB, más del 70 % de los estudiantes evaluados en abril de 2025 reprobaron en comprensión lectora y habilidad numérica. Estos resultados han encendido las alarmas sobre la necesidad de mantener mecanismos de refuerzo fuera del horario escolar.
José Javier Salas, coordinador de Proyectos Especiales de Educación en la UCAB, advierte que el tiempo limitado de clases semanales —por ejemplo, solo cuatro horas de Matemática— hace indispensable el repaso en casa. “Garantizar el desarrollo de competencias sin refuerzo en casa es irreal”, señala.
El entorno familiar: entre el apoyo y el estrés
El ministro de Educación, Héctor Rodríguez, planteó al inicio del año escolar 2025-2026, este debate sobre si realmente las tareas escolares representaban una fuente de estrés e incluso violencia en el hogar, argumentando que las tareas escolares pueden generar estrés y conflictos en el hogar, especialmente en familias donde los padres no cuentan con herramientas pedagógicas para apoyar a sus hijos, basando su propuesta en estudios que leyó sobre el tema.
“Tengo una preocupación porque en los estudios que he leído indican que, en muchos casos, las tareas son un factor de violencia en el hogar, de gritos, es una hora de maltrato, de castigo. Es un tema que pongo sobre la mesa para que lo debatamos”, agregó Rodríguez.
El ministro reveló que se había sentido tentado a eliminar de forma definitiva las tareas para el hogar. Sin embargo, se abstuvo por recomendación de personas con las que trabaja y prefirió someterlo a debate.
Educadores como Luisa Pernalete, de Fe y Alegría, proponen rediseñar las tareas para que estén conectadas con la vida real, lo que permitiría que los estudiantes comprendan el sentido de lo que aprenden.
Impacto emocional y psicológico en el entorno escolar y familiar
Varios psicólogos consultados por medios de comunicación nacionales, coinciden en que las tareas pueden convertirse en una carga emocional significativa para niños, niñas y adolescentes, generando estrés y conflictos familiares si no se adaptan a la realidad emocional y social del estudiante, especialmente cuando no están diseñadas considerando su contexto familiar, nivel de desarrollo y capacidad de concentración.
En las principales observaciones de los especialistas está el estrés por sobrecarga académica, ya que muchos estudiantes enfrentan jornadas escolares extensas, seguidas de tareas que requieren tiempo, recursos y acompañamiento adulto que no siempre están disponibles. Esto genera ansiedad, frustración y agotamiento, afectando el bienestar emocional del niño.
Los especialistas advierten también sobre una desigualdad emocional y social existente, debido a que no todos los hogares tienen las mismas condiciones para acompañar el proceso educativo. Las tareas estandarizadas pueden profundizar las brechas entre estudiantes que cuentan con apoyo familiar y aquellos que no, generando sentimientos de inferioridad o exclusión.
Sostienen que cuando las tareas son percibidas como castigo o carga excesiva, los niños pueden desarrollar resistencia al aprendizaje, disminución de la autoestima académica y rechazo hacia la escuela como espacio de formación.

Redireccionar el debate: de lo político a lo social
Más allá de posturas ideológicas, la eliminación de las tareas escolares debe ser discutida desde una perspectiva social, considerando las condiciones del sistema educativo venezolano.
En países como Finlandia o Francia, donde se han reducido las tareas, existen clases diarias, alta calidad docente y acompañamiento constante. En Venezuela, donde las clases son menos frecuentes y los recursos limitados, las tareas siguen siendo una herramienta clave para el aprendizaje autónomo.
Desde el pasado 23 de octubre el Ministerio de Educación conformó una comisión que tiene la responsabilidad de analizar, junto a docentes, directores y estudiantes, el impacto que tienen las tareas escolares. La comisión aborda el disminuir el estrés y la sobrecarga que las tareas tienen en las familias y elaborar políticas públicas sustentadas en evidencia científica.
El grupo está integrado por rectores, representantes de instituciones tanto públicas como privadas, estudiantes, familias y docentes. El proyecto contempla la consulta directa a familias y maestros de aula.
Según informó Belkis Bigott, rectora de la Universidad del Magisterio Samuel Robinson y directora de Investigación y Formación de esa cartera, para mediados de este mes de noviembre serán difundidos los resultados de la consulta sobre el impacto de las tareas escolares en los subsistemas de educación básica (inicial, primaria y secundaria).

¿Qué alternativas existen?
Expertos sugieren que, en lugar de eliminar las tareas, se deben reformular con tres principios básicos:
Protagonismo del estudiante: que el alumno sea el principal responsable de su aprendizaje.
Desarrollo de habilidades: enfocarse en competencias reales, no solo en contenidos memorísticos.
Fortalecimiento de valores ciudadanos: promover el compromiso, la responsabilidad y la creatividad.
Muchos padres y representantes piensan que la eliminación de las tareas escolares no es una opción, pues las ven como una forma de enseñar responsabilidad en distintas edades. No obstante, coinciden en que la dificultad de algunas asignaciones y la cantidad pueden ser aspectos que se deben replantear.
La visión psicológica sobre este debate apunta a una revisión profunda del modelo educativo, que contemple no solo el rendimiento académico, sino también el impacto emocional en los estudiantes y sus familias. La transformación de las tareas en herramientas pedagógicas efectivas y empáticas podría ser clave para mejorar la calidad educativa y la salud mental infantil.
La recomendación sería reducir la carga de tareas y enfocarlas en actividades significativas que refuercen el aprendizaje sin saturar al estudiante, personalizar las asignaciones según las capacidades individuales y el entorno familiar, además de fomentar el acompañamiento emocional, integrando a padres y docentes en estrategias de apoyo que promuevan el bienestar integral del niño.
Es momento de construir una política educativa basada en evidencia, participación y enfoque social, que garantice el desarrollo cognitivo de los estudiantes sin generar tensiones innecesarias en el hogar.

