Venezolanos: no nos llamemos al silencio

Ante la entrada de un nuevo año en medio de la gran consternación política y social que ha llevado a los venezolanos a llamarse intencionalmente al silencio, sin esperanza y sin mañana; uno, entre los doce deseos de Año Nuevo, es precisamente, encontrar el camino correcto hacia la libertad y la prosperidad.

“Quien algo quiere, algo le cuesta”. Es necesario matar al gigante del miedo y gritar con fuerza que deseamos una mejor Patria. No callar, porque debemos ser escuchados.

Nuestra Unakita se llama libertad, nuestra piedra de luz se llama trabajo incansable. El accionar hacia una democracia plena es una cruz de hada que nos llevará a ser tanto mejores ciudadanos como los mejores hacedores de Patria.

Enfrentemos con gallardía y liderazgo, la perenne extorsión con nuestras necesidades sociales y económicas, que sin piedad sufrimos de parte de los seudo gobernantes que a la mala nos alejan del bienestar que merecemos. Es evidente que los venezolanos estamos presos en una colmena de abejas venenosas, empobrecidos, sin alegrías; sin embargo, nuestras raíces guerreras, nuestra alma libre e independiente, están intactas; solo que nadie se atreve al despertar al gigante, que no es otro que el pueblo venezolano con su andar heroico, sus manos fuertes y sus pies firmes.

Estamos próximos a convertirnos en sobrevivientes de esta Patria corroída, esquelética y sin alma, pero si quisimos mantenernos vivos fue para tener la opción de contar esa historia e iniciar una nueva.

No solo debemos agradecer la vida o estar vivos, debemos expresarla cada día, y eso pasa por darnos la oportunidad de forjar con nuestras decisiones un presente armonioso para un futuro de ensueño.

Ese cisne negro de consecuencias casi irreversible que se cierne sobre nuestra gloriosa Venezuela, dejándola sin esperanza y ocultando con su incierto discurso las oscuras intenciones de dominio y destrucción que mantienen a un pueblo sumido en la tristeza, la disgregación familiar y en el empobrecimiento; está a punto de fenecer y tiene que ser la espada del pueblo que termine de acabar con su nefasta existencia.

Recordemos que el propósito de toda acción autoritaria es acallar la disidencia para eternizarse en el poder, de allí que la rebeldía, no el silencio, tenga su razón de ser ante lo injusto, ante lo cruel, ante el abuso de poder y ante la falta de libertades ciudadanas.

Una Venezuela que todos añoran, con sus risas, aciertos, desaciertos y victorias, está por venir, y por ello nuestra Unakita debe guiarnos a una nueva visión de pueblo, hacia una transformación desde adentro hacia afuera.

No hay que llenarse los oídos de algodones para resistirse a oír lo que debemos hacer. El momento es ahora, y este 2022 debe traer el ruido necesario para que decidamos iniciar los cambios hacia la Venezuela que deseamos.

El 2021 se va con su enseñanza biológica de mostrarnos la realidad de lo que somos, de cuáles son nuestras debilidades y fortalezas; más claro no pudo ser, pues ahora nos toca activar los músculos de la imparabilidad y avanzar hacia una Venezuela libre, democrática y labradora de milagros.

 

 

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