POR: GLORIA CUENCA.
Estas reflexiones sobre el amarillismo surgen a partir de la divulgación por las redes sociales de las fotos de cadáveres del grupo delictivo muerto en el Estado Bolívar. (Al sur de Venezuela) Personas que no son periodistas, colegas, estudiantes, preguntan sobre lo que hemos visto con horror, en las sangrientas fotografías divulgadas. Hay quien opina: el texto fue realizado mediante la IA.
La discusión, nuevamente, refiere a la necesidad de discutir si es ético, el amarillismo[1] y, ¿en qué circunstancias? Ocurrió desde fines del siglo XIX y comienzos del Siglo XX, trascendental la “guerra de tabloides” que da origen al nombre. Sucedió hace muchos años, en la asignatura de Ética del Periodismo, una alumna, brillante y responsable ante la pregunta del examen: ¿Hay justificación ética para el periodismo amarillista? Respondió con asertividad: “Si. Sin duda, cuando es indispensable para demostrar la verdad.” El tema surgió, en aquellos años, un político aquí en Venezuela, se suicidó prácticamente, casi frente a los periodistas y reporteros de todos los medios de comunicación. Habían sido convocados a una rueda de prensa, por ese mismo líder. Esto en medio de una terrible confrontación al pretender dividir al partido del cual era militante. Grandes amigos el director del periódico y el líder principal del partido, (eran de la misma generación) éste, dada su gran amistad, decidió publicar en la portada del periódico la foto del suicida sobre la mesa, con el revolver y la mano, ensangrentados. Se veía con precisión y claridad: se trató de un suicidio. No hubo dudas. Comenzaron a correr los rumores, el suceso ocurrió aproximadamente al mediodía; la primera página con la foto del acontecimiento apareció el día siguiente desvirtuando rumores y poniendo certeza sobre lo sucedido.
Esto ocurrió a mediados del siglo XX en Venezuela. Recordé otro momento de historia del periodismo universal parecido. En clase el Prof. Humberto Cuenca, presentó fotografías de las primeras páginas de los periódicos italianos: L’Unitá,(La Unidad) del Partido Comunista Italiano, “Il Paese Sera” (El país en la tarde), periódico independiente de Izquierda y “Il Paese” (El País) también de izquierda independiente, con los cadáveres, golpeados y semi descuartizados de Benito Mussolini y Clara Petacci. Se suicidaron y los enfurecidos pobladores los despedazaron. Trasladaron lo que quedaba a Milán; los expusieron, ayudados por los guerrilleros, en la Plaza del Duomo. La más conocida y grande de la ciudad. De allí son las fotos. La prensa italiana se dividió, los periódicos más conservadores, “El Mensajero y “La República” se negaron a publicar las fotografías, por amarillistas. Los periódicos de izquierda, rebatieron esa posición, las publicaron argumentando que era una manera pedagógica de enseñar a todo el país, lo que les ocurría a dictadores fascistas. La polémica se extendió. No hubo acuerdo. En cada oportunidad que se presenta esa situación o parecida, debemos encontrar argumentos para explicar el porqué de determinada acción divulgativa, que pone en contraposición la ética y la responsabilidad profesional. Indispensable, aun cuando sea amarillista. Sí se trata de la única manera de demostrar la verdad, con fotos o imágenes, se procederá en consecuencia. Por terrible que sea, para que el público pueda comprobar se trata de un hecho real, veraz. Las imágenes son fundamentales. Las fotografías presentadas con motivo de la muerte del jefe del “Tren de Aragua”, el apodado “niño Guerrero” vía las redes sociales, son ejemplo de la necesidad, en determinados casos, de presentar la fuerte realidad. Se lucha a brazo partido por decir verdades, desmontar mentiras, llegan por diversas vías, especialmente por la IA y las redes. Las mismas que señalan lo que pasa en el momento. Agobian con información y desinformación constante. Aprender a distinguir cuando se trata de la verdad o, de una mentira, saber diferenciar, aprender a descubrir las verdades, lleva un tiempo. Observo, asombrada, como muchas personas se sienten “Como Dios”[2], dicen mentiras y se divierten creando mayor incertidumbre entre las personas. Otros inventan y se creen sus propias mentiras, mientras hay muchos que distorsionan o reciclan informaciones antiguas. ¿Eso les divierte? Me resulta sorprendente. Por supuesto, no soy de este tiempo, ni de esta época, a pesar de los propósitos realizados y auspiciados por mi amado e inolvidable padre.[3] Basta de mentiras, desinformación y burla. Con los embustes circulantes, no siento sintonía con esa gente. No hace reír, tampoco interesa, perder el tiempo desmintiendo y buscando la verdad. Por mi parte, tengo bastante en qué ocuparme a diario, para dedicarme a investigar la verdad o falsedad de los hechos por las redes. Lo dejo a jóvenes colegas. Es su tarea ética y obligatoria. Lo que no venga como debe ser: fuente, autor, fecha, claro y seguro, no lo rebotaré. ¡Si me cuesta! Es el propósito que me hago. ¡Dios y la Virgen me ayuden!.
[1] El amarillismo en la prensa apareció como nombre de las páginas sobre información policial, la “crónica roja”, en los tabloides de comienzos del siglo XX, donde aparecía un chico de color amarillo. Esto dio origen al nombre. El pleito entre los colosos de la prensa: William R Hearst y J. Pulitzer se dio utilizando ese tipo de información noticiosa.
[2] Título del cuento de Antonio Márquez Salas, ganador del Concurso de Cuentos del diario “El Nacional”.
[3] “Quiero que seas: “una mujer de tu tiempo y de tu época”. Humberto Cuenca dixit.