POR: ALFREDO GONZÁLEZ
Trabajador Petrolero
La politología, ciencia política que estudia la teoría y práctica de la política, los sistemas y comportamientos políticos; cataloga el miedo al Poder Popular como un fenómeno que involucra la resistencia, desconfianza o temor de las “élites” e instituciones tradicionales frente a la participación directa y autónoma de la ciudadanía en la toma de decisiones.
Muchos politólogos reseñan que una de las razones por las que se da el miedo al Poder Popular es por la desconfianza estructural e institucional hacia la acción política directa de las “masas”, fundamentada en la necesidad de las “élites políticas tradicionales” (retrógrados) de proteger su “poder”, ya que una ciudadanía empoderada amenaza su control y monopolio burocrático. El sociólogo y politólogo, Heinz Dieterich, sostiene que la verdadera emancipación exige transferir el poder de decisión de las “élites políticas tradicionales” al pueblo. Su teoría advierte que temen a este «poder popular» por temor a perder sus “privilegios y prerrogativas” que obtenían de la manipulación a través del “poder”.
Son muchas las acciones que demuestran el miedo al Poder Popular. Una de ellas es la negación del derecho de palabra del Poder Popular. Ese miedo ha existido siempre, desde la época de la colonia, cuando la Corona Española evitaba a toda costa la realización de los primeros Cabildos Abiertos donde el pueblo, inspirado en las ideas libertarias que pregonaba el Libertador Simón Bolívar; a través de su “palabra” hacia valer sus derechos y exigencias de ser libres.
La Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (CRBV) consagra la participación ciudadana estableciendo que todos los ciudadanos y ciudadanas tienen el derecho de participar libremente en los asuntos públicos, y a través de la “palabra” como el medio necesario para lograr el protagonismo que garantice su completo desarrollo, tanto individual como colectivo.
Las ciencias políticas atribuyen la negación del Derecho de Palabra al Poder Popular dentro del seno de organizaciones parlamentarias u agrupaciones colegiadas, como un acto de violación de los derechos constitucionales, y representa una de las formas más directas de exclusión, censura y quiebre de la deliberación democrática. La demofobia (miedo a las masas) no se refiere a una fobia clínica o psicológica hacia las multitudes, sino al miedo, desconfianza o aversión que las “élites politiqueras” sienten hacia el Poder Popular y su participación directa en las decisiones de la gestión pública.
En nuestro marco jurídico, negar el Derecho de Palabra en una asamblea, cabildo abierto, o cualquier forma de organización de las Organizaciones de Base del Poder Popular; viola el derecho constitucional a la participación, a la deliberación pública y el principio de la democracia participativa, directa y protagónica.
Existe una situación en el seno de una de las funciones del Poder Público Municipal de nuestro municipio que pone en evidencia lo que ha estudiado la ciencia política en relación al miedo al Poder Popular. Se trata de la nefasta intención que tiene un “tripartito” de “secuestrar” esa función para menoscabar el desempeño de la función ejecutiva, y retomar privilegios perdidos por el rechazo del Poder Popular. Se presume que ese tripartido esta conducido por quien en otrora ejerció la función ejecutiva en nuestro municipio y ha mostrado una conducta digna de ser estudiada por la psiquiatría que encaja en el “Síndrome de Hubris”. Aunque no es un diagnóstico clínico oficial, a través de ese síndrome se describe la «enfermedad del poder» como un subtipo de trastorno de personalidad que afecta a líderes que han tenido mucha autoridad y ya no gozan de ella. Ese trastorno psiquiátrico hace que la persona genere un orgullo desmedido, arrogancia y desprecio por los demás por la megalomanía y adicción al poder (pretender retomar el poder), y lo lleve a desvirtuar la realidad, desconectando al individuo del mundo real y hacerle creer que sus deseos de retomar el “poder” dictan la verdad. También, ese trastorno de conducta; se refleja en el miedo y profundo pánico a la pérdida de poder y control con ansiedad, baja autoestima oculta y el temor a pasar al olvido público.
Durante su discurso tras haber sido electo, expreso que de quedar mal al pueblo se “escondería y metería su cabeza como un avestruz”. Tal vez hizo esa aserción porque en su subconsciente radica la tesis que pudo haber estado en esa plaza quien en el pasado fue candidato y portaba un huevo de avestruz, pero no logro el triunfo por intrigas partidistas internas. Desafortunadamente su prédica la cumplió solo por 29 días, que fue el tiempo de estuvo como la avestruz, tal como lo presagio, luego de perder la reelección, al “esconderse” por su duelo de “perder el poder”.
Cuando las acciones están motivadas por el interés en retomar el poder, o peor por el miedo de revivir su propia pérdida, se convierten en una máquina obsesionada por el control. La obcecación por retomar el poder, acompañado de un trastorno psiquiátrico; lleva al individuo a ejercer un control desproporcionado sin importar el quebranto de normas y leyes establecidas, ni procedimientos administrativos, todo en aras de lograr consumar su avaricia de retomar los privilegios y prerrogativas perdidas.
Es necesario que el Poder Popular, asuma y ejerza, en el marco de la CRBV y leyes vigentes; la política con P mayúscula, y haga que los “retrogrados politiqueros” dejen la confrontación estéril; para “apropiarse” de esa función del Poder Público Municipal en beneficio del colectivo.