NACIONAL.– El Programa de Alimentación Escolar (PAE), concebido inicialmente como una red de protección para garantizar la permanencia de la niñez más vulnerable en el sistema educativo venezolano, se ha transformado en el reflejo de una crisis estructural que vacía las aulas y apaga la energía de los estudiantes.
De acuerdo con los datos más recientes de la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (Encovi), la cobertura del programa ha sufrido una caída drástica: solo el 29 % de los estudiantes recibieron comida a diario a través del PAE, un retroceso significativo frente al 43 % que se registraba en el año 2022. Esta intermitencia y el abandono estatal han despojado a la escuela de su rol como espacio de resguardo, profundizando la brecha de desigualdad social.

Un aula a media máquina: El hambre que congela el recreo
La falta de nutrientes no es solo una estadística de desatención oficial; es una realidad que los docentes palpan cada mañana en salones que avanzan a media máquina. El dinamismo propio de la infancia se ha extinguido en muchos planteles debido a la debilidad física de los alumnos.
Fuentes magisteriales describen escenarios desgarradores durante las horas de descanso. La iniciativa de pasar al pizarrón, participar en debates, correr o integrarse a juegos recreativos ha desaparecido. En su lugar, algunos niños y niñas optan por quedarse sentados en sus pupitres durante el recreo con un único objetivo: ahorrar la poca energía que les queda. En este contexto, el esfuerzo mental que demanda resolver una operación matemática básica o procesar una lectura se convierte en una tarea de titánica dificultad.
“Nos toca observar cómo el alumno se desmaya o se duerme y eventualmente falta a clases porque su cuerpo no le permite cumplir con el proceso de aprendizaje”, asegura Katiuska Russo, dirigente del Sindicato Venezolano de Maestros en una entrevista en Redes Sociales.
El debilitamiento físico no tarda en traducirse en ausentismo. Cuando las familias vulnerables constatan que las escuelas no pueden asegurar el plato de comida diario, la asistencia escolar deja de ser una prioridad sostenible, empujando a los menores hacia la deserción.

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Alertas médicas: Daño cognitivo y retraso del crecimiento
La precariedad nutricional en el entorno escolar está cobrando una factura irreversible en el desarrollo de niños, niñas y adolescentes. Especialistas en salud y nutrición advierten que los síntomas de la malnutrición en edades tempranas ya son evidentes a simple vista dentro de las instituciones públicas.
Retraso en el crecimiento: Déficit de talla y peso respecto a la edad cronológica.
Sistema inmune debilitado: Mayor propensión a enfermedades crónicas e infecciosas que incrementan las inasistencias.
Consecuencias cognitivas: Limitaciones severas en el desarrollo del tejido cerebral que afectan el aprendizaje formal.
Russo enfatiza que este panorama no solo entorpece el presente desenvolvimiento escolar, sino que compromete de forma definitiva el futuro laboral de esta generación. Al verse mermadas sus capacidades de aprendizaje y desarrollo físico, estos jóvenes se enfrentarán a un mercado laboral en desventaja, lo que perpetuará de manera estructural el ciclo de la pobreza y la desigualdad en el país.
El desplome del PAE deja en evidencia que el sistema educativo venezolano enfrenta una de sus crisis más agudas, donde el hambre se consolida como la principal barrera para el acceso al derecho humano a la educación.