POR: ALEXANDER MONTILLA
Periodista
Una estrategia oculta transcurre en filas radicales de la oposición en medio de un descuido inexcusable de los sectores racionales.
La jugada es simple, pero bien disfrazada.
Quienes la dirigen dan por perdida la elección presidencial, pero asumen que en los escombros del 2024 quedarían sepultados los liderazgos tradicionales a tiempo que emergería una nueva cúpula opositora para la próxima década.
El disfraz está a la vista por estos días.
Recorren espacios del país y despliegan millonarios gastos en redes sociales y laboratorios mediáticos.
Se auto gestionan como los únicos honestos de la oposición y zarandean hasta el apabullamiento a quienes combaten las salidas Netflix.
Sus mensajes eluden el recuerdo de los fracasos tácticos cuando promovieron el abstencionismo, las salidas I, II y III, el “renuncia ya” y el interinato, pero vapulean desde el imperio del teclado a esos racionales que insistieron y siguen perseverando en la ruta electoral.
En el baile de máscaras aparentan interesarse con pasión por el triunfo en la primaria conscientes de que sus votos aquí y en el exterior no les darán la clave para abrir el sistema del CNE.
Saturan las redes con videos enfocados en primeros planos a los cuales bautizan como “la mayor multitud de la historia”, aunque en realidad se trate de dos cuadras o de una calle angosta.
Lo curioso es que la oposición racional que sí cree posible la derrota de Maduro en el 2024, no se ha percatado de la estrategia oculta.
Y no se puede percatar porque ahí abundan los sabelotodo y los iluminados que solo reaccionan cuando el daño ya está hecho, o porque algunos a pesar de la veteranía siguen anclados en estilos rancios, o porque aún hay veleidosos en roles decisorios.
Que Maduro es derrotable no es ningún secreto no solo porque a la elección del 2018 llegó con un rechazo del 80 por ciento en las encuestas, sino porque en el actual periodo lució sus mejores galas para que la impopularidad subiera a los niveles que ahora se vocifera en las calles.
Los sueldos de 4 dólares mensuales y los 97 hospitales en ruinas podrían atribuirse al “bloqueo criminal”, pero la proliferación de camionetas de alta gama y las rumbas con “muñecas del petróleo” amenizadas por “vallenateros VIP” matan las narrativas de la victimización.
Derrotable es. Y mucho.
Pero en ese trabajo no andan los de la estrategia oculta.
Y en esa estrategia el objetivo es convertir el 22 de octubre en una victoria que harían retumbar en sus redes y laboratorios para auto gestionarse como la jefatura absoluta que desde entonces inicie una dictadura para la escogencia de candidaturas a gobernaciones, alcaldías, consejos legislativos y concejos municipales.
Esa maqueta entraría en acción el año en que el CNE fije tales elecciones. Repetirían un acaparamiento similar para las de la Asamblea Nacional y creen que en el 2030 sí sería factible “la verdadera unidad de los honestos”, ya “sin cohabitadores”, para evitar la tercera reelección de Maduro.
Con estrategias así, no se puede negar que a Maduro le entra un fresquito.
*Periodista
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Ig: @alexandermontilla1
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