POR: DR. ALIRIO FIGUEROA ZAVALA.
INDIVIDUO DE NÚMERO DE LA ACADEMIA DE CIENCIAS JURÍDICAS DEL ESTADO ZULIA.
Lamento profundamente el difícil momento que está viviendo el país. Es una situación desgarradora, pero la palabra escrita tiene un gran poder para abrazar y dar fuerzas en momentos de crisis. El pasado miércoles 24, la tierra tembló en Venezuela y, con ella, se estremeció el corazón de todos los que amamos a esta nación.
El histórico doblete sísmico que sacudió la región central del país no solo ha dejado grietas en el asfalto y estructuras colapsadas; ha dejado una profunda estela de dolor, pérdidas humanas y una incertidumbre que hoy pesa en el alma colectiva. En momentos como este, las palabras suelen quedarse cortas ante la magnitud de la tragedia. Sin embargo, es imperativo alzar la voz para hacerles saber a quienes hoy lloran a un ser querido, a quienes esperan noticias de los desaparecidos, y a quienes lo han perdido todo, que no están solos. Nuestro más sentido pésame y un abrazo fraterno van dirigidos a cada familia golpeada por este suceso. Su dolor es el nuestro. «La reconstrucción material tomará tiempo, pero el consuelo y el apoyo mutuo deben empezar hoy mismo».
Históricamente, el pueblo venezolano ha demostrado una resiliencia inquebrantable. Hoy, esa fuerza no se mide en la capacidad de resistir en silencio, sino en la nobleza de darnos la mano. En cada rescatista que desafía el peligro entre los escombros y en cada ciudadano que comparte lo poco que tiene, habita la verdadera esencia del país. A las víctimas, les deseamos consuelo y paz en medio de la tormenta. A los equipos de emergencia, nuestra total admiración. Que la solidaridad sea el faro que guíe los días por venir. Venezuela se levantará, sostenida por el amor y la unión de su gente.
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Dr. Alirio Figueroa Zavala | Abogado