LA FAMILIA HAMPONES, LA FAMILIA PÍCARA: LA ESTAFA DE LA PALABRA Y EL DESCARO GENÉTICO

por Mileydi Piña
CRISANTO GREGORIO LEÓN

POR: DOCTOR CRISANTO GREGORIO LEÓN

LA FAMILIA HAMPONES LA FAMILIA PÍCARA

«No hay mayor cinismo que el de aquellos que extienden la mano con urgencia y esconden el rostro con altivez al momento de honrar su palabra; transforman el favor recibido en una ofensa para sepultar su propia decencia».

El tejido social se fundamenta en la confianza mutua y el valor inquebrantable de la promesa empeñada. Sin embargo, existen familias descaradamente pícaras que fingen responsabilidad, mientras todos sus integrantes operan bajo un mismo código de deshonestidad: los miembros de la familia pícara. Tanto el padre como los hijos son iguales de descarados; se la echan de serios, pero en el fondo son tramposos y malos pagadores. Estas personas transitan por la vida con un disfraz de respetabilidad y rostros serios que proyectan una falsa rectitud. Se presentan ante quienes les atienden solicitando auxilio, rogando de favor que crean en su decencia; pero su palabra es totalmente insolvente y carece de valor, honor y honra. Quienes les brindan asistencia lo hacen con mística y absoluta buena fe, entregando un trabajo impecable que es aprovechado al máximo por la familia de pícaros, pero que activa en ellos un perverso mecanismo de evasión una vez que han obtenido lo que querían,  porque su propósito nunca fue honrar el pago ni cumplir con sus deudas sino siempre aprovecharse de la educación la ingenuidad y la credulidad de quienes les sirvieron o les sirven haciendo trabajos por ellos cuyos pagos siempre quedan ilusorios.

El modus operandi de esta gentuza de la trampa se descubre con nitidez en el instante exacto en que se les solicita que paguen el dinero debido. En ese preciso momento, optan por poner caras de sorpresa y de desagrado cuando el acreedor les cobra, pretendiendo que qué es este y no ellos,  quien ofende y molesta con solicitar por el derecho que tiene de que se le pague.  Fingen sentirse profundamente ofendidos porque se les recuerda su obligación de pagar, demostrando en el fondo que son mala gente, porque si fueran buenas personas,  cuidaran su imagen y entonces saldarían sus cuentas sin engañar. En lugar de ello, utilizan la manipulación como escudo protector para invertir los roles. Para que se vea que el malo de la película es el que con gusto derecho solicita que le paguen, en vez de entender que el que no paga  es el villano.  Es una estrategia calculada para borrar o dilatar los compromisos, donde apuestan al desgaste temporal y al cansancio moral de los profesionales honestos que les cumplieron a cabalidad, mientras la familia pícara evade pagar la deuda y queda mal , en este teatro de operaciones maléficas, demuestran ser unos tramposos y aprovechadores mala paga.

Dentro de sus tácticas más recurrentes, fraudulentas e inmorales, destaca la promesa engañosa de regalos y retribuciones distintas como para engolosinar al acreedor y despistarlo del propósito de la familia pícara de no pagar. Esta promesa de obsequios nunca cumplida es una estrategia tramposa,  diseñada exclusivamente para convencer al ingenuo y decente profesional de quienes se han aprovechado o se van a aprovechar de su trabajo, manipulando su confianza para que crea que ciertamente va a cobrar.«¡Sí Luis!».

Al final,  los insolventes morales e insolventes de su palabra , no cumplen nada y aplican el ghosting a la gente que les ha servido: los integrantes de esta familia de insolventes morales desaparecen de manera intermitente o definitiva Y entonces ahora se llama la familia pícara invisible, cortando canales de comunicación con absoluta frialdad. Esta conducta esquiva de la familia de pícaros revela que son genéticamente estafadores porque su palabra no vale un carajo . Su estrategia es el silencio prolongado y la indiferencia, esperando que su acreedor desista de reclamar el fruto de su esfuerzo debido al cansancio que genera ir detrás del deudor, cuando lo correcto sería que este acudiera con honradez al domicilio de su acreedor a liquidar lo adeudado.

Cuando la presión de los afectados o acreedores los obliga a dar la cara, su respuesta económica raya en la humillación hacia aquel que les sirvió con gusto y sin ninguna reticencia. La familia pícara, si es que decide pagar,  prefiere pagar a cuentagotas y mediante migajas, entregando con desparpajo pequeñeces que no corresponden con la magnitud de los servicios prestados. Para  qué el acreedor nunca le vea el queso a la tostada.  Si el afectado les reclama la cuantiosa suma acumulada, estos personajes minimizan la deuda con desdén y prepotencia, afirmando con ligereza que lo que deben es una tontería que no puede tener la categoría de una gran cifra. No obstante, a pesar de su retórica soberbia donde pretenden hacer ver que dicho dinero carece de importancia para ellos, pero tampoco terminan de liquidar el saldo total. Exigen constantemente que se les hagan los trabajos gratis bajo la falsa promesa de que cumplirán, pero su naturaleza es la de ser malos pagadores que no cuidan su imagen social ni de civilizados ciudadanos porque no lo son, aunque pretendan aparentar lo contrario. Según la familia pícara lo que deben es muy poco como para decir que es una gran cantidad pero tampoco pagan eso que dicen que es muy poco.

Para evadir sus responsabilidades, este grupo de mala entraña recurre a la agresión relacional y a la fabricación de conflictos. Estos individuos idean y planifican con malicia hacerse enemigos de sus acreedores para tener el pretexto de no pagar, inventando excusas absurdas o faltas inexistentes para justificar su palabra insolvente . Es transformar a aquel de quienes se sirvieron,  en un cobrador hostil; una metamorfosis miserable que busca destruir la reputación del prestador del servicio, para legitimar que son una familia sin palabra y sin garantía de honradez. Prefieren romper vínculos y sembrar discordia contra aquel crédulo e ingenuo , que les sirvió con aprecio y los creyó gente seria , antes que ser personas solventes en la decencia y entregar el capital que legalmente ya no les pertenece. Es una conducta heredada y compartida como estrategia sucia de malos pagadores en la familia hampones, lo que confirma que son genéticamente pícaros, fraudulentos y estafadores.

La contradicción vital de estos personajes radica en su desesperado esfuerzo por figurar ante el resto de las personas como gente solvente, honesta, correcta e importante. Sin embargo, la realidad es que carecen por completo de solvencia moral e importancia ética, pues andan por el mundo exhibiendo un estatus falso edificado sobre la quiebra de sus valores y el perjuicio ajeno. Son falsos de toda falsedad; una fachada hueca que tarde o temprano se derrumba ante el peso de sus propios actos. Ninguna máscara de rectitud ni ademán de alcurnia podrá ocultar jamás la miseria espiritual de la familia hampones, quienes medran a expensas del sudor, la buena voluntad y la honestidad de la gente trabajadora.

«Quien se disfraza de caballero para solicitar un beneficio, pero se reviste de enemigo para no pagarlo, revela que su única fortuna es la insolvencia de su propia alma».

Dr. Crisanto Gregorio León
Profesor Universitario 

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