POR JOSÉ ANDRÉS BRAVO H.
A Dios le importa el ser humano. Es, sin duda, la obra magnífica de su creación (cf. León XIV, Magnifica Humanitas). No creó algo, sino un amor, a quien hizo a su imagen y semejanza, con participación en su naturaleza divina. Él le confió a su cuidado las demás criaturas. Dios lo creó capaz de amar como Él, con inteligencia y voluntad, para vivir feliz su historia hasta trascenderla. El ser humano, no es perfecto, pero el Creador le dio dones maravillosos para hacerse trascendente. Amar como Dios ama, ser humano como Él es divino.
Lo más grande es que, aún cuando el ser humano muchas veces equivoca su vocación, rompe su relación con su Creador, queriendo sustituirlo, Éste no lo abandona. Aquí es cuando revela el Amor que supera toda grandeza, y el Hijo se encarna, se hace humano como cualquier humano. Es Dios-con-nosotros. Ahí le revela al Dios Amor y le enseña a seguirlo para alcanzar la eternidad, no para ser otro dios, sino para vivir siempre como Él, para su causa. Y en Él. Por eso, debe vivir en comunión fraterna, en relación de amor: «Ámense los unos con los otros».
Jesús, el Hijo de Dios hecho humano, revela al Padre y envía al Espíritu Santo, para que todos puedan vivir en relación fraterna, como un solo Pueblo de Dios. No como conglomerado, sino como Comunidad humana, conservando y fortaleciendo su personalidad. Por eso, hay diferencias que chocan, pero Dios siempre les brinda su gracia para la reconciliación.