NACIONALES.- Hay historias de amor que desafían la distancia, los trámites migratorios y las adversidades más crueles. La de Andrew Widme y Yelitza Infante parecía un relato sacado de la ficción, un romance destinado a vencerlo todo. Sin embargo, el destino tenía preparado un giro desgarrador sobre la geografía venezolana, convirtiendo un sueño de vida en común en una tragedia que hoy enluta a dos familias y mantiene una herida abierta en el litoral guaireño.

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Un amor que cruzó fronteras
Originario de Dakota del Norte, Estados Unidos, Andrew Widme de 42 años conoció a Yelitza en territorio estadounidense. La conexión entre ambos fue tan profunda e inquebrantable que decidieron unir sus vidas en matrimonio. No obstante, la realidad migratoria golpeó a la pareja cuando Yelitza, quien había vivido durante dos años y siete meses en Estados Unidos, enfrentó una deportación en febrero de este mismo año.
Para Andrew, la decisión fue inmediata y absoluta: su hogar estaba donde estuviera su esposa. Impulsado por un inmenso amor, el estadounidense hizo las maletas posteriormente viajó a Venezuela con la firme convicción de reiniciar su vida junto a ella.
Tras su llegada, la pareja se asentó temporalmente en zonas como Chacao y Sabana Grande, en Caracas, buscando adaptarse a una nueva dinámica antes de dar el siguiente paso.
Finalmente, encontraron el lugar que consideraron ideal para echar raíces de forma definitiva: el complejo habitacional Residencias Coral Mar, ubicado en la parroquia Caraballeda, en el estado La Guaira.
La tragedia bajo el lodo y el concreto
El idilio, construido con esperanza y la ilusión de un futuro compartido, se quebró en cuestión de segundos el pasado 24 de junio. El doble terremoto que sacudió a Venezuela sacudió también los cimientos de Coral Mar. La estructura del edificio no resistió la fuerza del movimiento telúrico y colapsó por completo, sepultando las ilusiones y la vida de la pareja bajo los escombros.
Lo que siguió fue una angustiosa espera marcada por la desesperanza y las dificultades logísticas en las labores de rescate. No fue sino hasta el pasado domingo 19 de julio de 2026 cuando los equipos de rescate lograron recuperar el cuerpo de Andrew Widme, gracias a los reportes difundidos por la periodista Gabriela González. Sin embargo, a 27 días de la catástrofe, la tragedia sigue sin cerrar su ciclo más doloroso: el cuerpo de Yelitza aún permanece bajo los restos de cemento.

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Un clamor que persiste entre los escombros
Mientras los familiares recuerdan a Andrew y Yelitza como dos almas que se adoraban profundamente y que no supieron estar separadas, en el complejo habitacional continúa el clamor desesperado. Los allegados y rescatistas siguen exigiendo la maquinaria pesada necesaria para avanzar de manera efectiva en la remoción de escombros y lograr, por fin, la recuperación de los restos de Yelitza.
El sacrificio de Andrew al dejar su tierra natal en Dakota del Norte para abrazar la vida de su esposa en Venezuela quedará como el testimonio definitivo de un afecto sin condiciones. Hoy, su memoria y la de Yelitza sobreviven como un recordatorio imborrable de que hay amores capaces de cruzar el mundo, incluso cuando la tierra misma decide temblar.