LOS CHANCLETAZOS DE MAMÁ

POR: EUGENIO MONTORO 

Confesamos que el título de este artículo nos vino de uno de esos chistes que circulan por el WhatsApp y nos pareció realmente ingenioso. Dice el escrito “Piropo venezolano”: “Eres como la chancleta de mi mamá, te veo venir y se me acelera el corazón”.

Los chancletazos maternos son todo un símbolo venezolano. Cierto que parecen haber caído en desuso, pero los de buena edad los recordamos como la forma perfecta para educarnos bien. Aprendíamos fácilmente que era lo permitido y lo que no, con la ventaja de que ese dron de energía muscular golpeaba casi infaliblemente en alguna parte de nuestra humanidad, pero con muy pocas consecuencias.

Ese acto de aparente violencia mezclado con el mucho amor materno, formaba una extraña sustancia que, me atrevo a asegurar, está aún presente en la Venezuela de hoy. Si cambiamos a la chancleta por el comentario que critica a otra cosa, podemos observar la inmensidad de chancletas que vuelan por todas partes y todos los días.

“Verga, llevo un mes esperando la respuesta del inspector y, ese bueno pa na, no aparece”. “Dejá de tocar corneta, apurao del carrizo”. “No andes a ese hospital, son careros”. “Esta mayonesa está mala los voy a denunciar”. “Esa vieja es una mojigata”. ”Todos los partidos de oposición no sirven para un carajo”. “Se volvió a ir la luz”.

Los chancletazos, convertidos en críticas y quejas se generan en centenares de miles todos los días y eso ha sido así, así es hoy y seguirá siempre siendo así. Todos los chancletazos vía críticas también persiguen corregir algo que, al criterio de cada quién, debe mejorarse.

Uno de los escenarios donde los chancletazos son casi la forma de vida es el de la política.  Converse usted en privado con cualquier líder político y conocerá de los chancletazos que les da a los otros partidos. Bien por sus malas actuaciones, por sus estrategias erradas, por su tamaño, por sus infortunadas declaraciones o por lo que sea, siempre tendrá una crítica sobre la mesa. Ahora converse con otro líder de otro partido quién hará algo parecido y le dará chancletazos a diestra y siniestra a todos los demás.

Algunos chancletazos son duros “esos tipos cohabitan con el régimen”, mientras al partido criticado le parece políticamente correcto mantener relaciones con los mandones como estrategia. Lo cierto es que tenemos una especie de guerra de chancletas tratando de enderezarnos los unos a los otros. Pero los chancletazos son entre hermanos y, en realidad, nadie quiere hacerle un daño mayor a nadie. En simultáneo, hay otra guerra diaria de chancletas con los chavistas, allí les criticamos muchas cosas y ellos a nosotros, pero (importante este pero), los chavistas, o los que lo disimulan trabajando en la administración pública, son, sin duda, también nuestros hermanos.

Y entonces como es que una pelea a chancletazos entre todos, todos hermanos, que en realidad no se quieren hacer un daño mayor, tiene al país entero tan mal, tan triste, tan pobre, tan falto de esperanza. La respuesta es que hay también en este escenario un grupo que no juega a los chancletazos, sino que juega a robar, a desaparecer gente y a matar.

No es un grupo muy grande, pero reúne lo peor del planeta y gusta de lo ilegal. Los terroristas del ELN y las FARC, el terrorismo iraní, la dirección comunista de Cuba, los colectivos armados, los presos organizados para la guerra, las Fuerzas Armadas politizadas, la permisividad atroz al narcotráfico, la pérdida total del estado de derecho, el TSJ y el CNE amordazados, la hegemonía en los medios de comunicación, la prisión o exilio de opositores, el asesinato de manifestantes, la violación de los derechos humanos.

Esta basura infernal no juega a los chancletazos, juega a una cruel represión y al control del poder y si tiene que encerrar o acribillar a la gente ya ha demostrado que sabe hacerlo. Es allí donde está el problema real de Venezuela y el cual debemos resolver a las buenas o a las malas. Al 99.9 % de los venezolanos nos gusta la crítica y la hacemos con pasión, pero a este 0.1% que juega sucio y que nos domina a punta de plomo tenemos que sacarlo.

Muy ilusionados todos con poder terminar con esta escoria roja mediante la vía civilizada de las elecciones, pero a estos malandros no les tiembla el pulso para trampear. Así que, con el mismo entusiasmo para elegir un candidato a presidente mediante primarias, debemos prepararnos para el caso de que Maduro se niegue a entregar el poder.

Ese día dejaremos las chancletas en casa e iremos directo a Miraflores.

 

Eugenio Montoro

montoroe@yahoo.es