LA GEOGRAFÍA DEL ALMA: CÓMO CIUDAD OJEDA DERRIBÓ LA DISTANCIA PARA SOSTENER A LA GUAIRA

por Mileydi Piña
LUIS AUGUSTO MARTÍNEZ

POR: LUIS MARTÍNEZ

CIUDAD OJEDA LA GUAIRA

El doblete sísmico que sacudió al norte de Venezuela fracturó el cemento de La Guaira, dejando una estela de dolor que se siente en todo el territorio nacional. Sin embargo, la onda expansiva más potente que se ha registrado en los días posteriores no ha sido tectónica, sino humana. A más de 700 kilómetros de la zona del desastre, en la Costa Oriental del Lago de Maracaibo, Ciudad Ojeda ha protagonizado un conmovedor ejemplo de resiliencia colectiva y fraternidad.

Es fascinante y aleccionador ver cómo el municipio Lagunillas, una tierra tradicionalmente golpeada por sus propias dificultades económicas y de servicios, ha decidido ignorar sus carencias para volcarse por entero a socorrer a sus compatriotas. La movilización masiva de la ciudadanía citojense demuestra que la verdadera riqueza de una región no se mide por el petróleo bajo su suelo, sino por la fibra moral de su gente.

En las calles de Ciudad Ojeda se ha visto la esencia pura de la venezolanidad. El movimiento de recolección de donaciones superó cualquier expectativa logística formal. El civismo cobró vida en las manos de niños que se desprendieron de sus juguetes o cuadernos, en adultos mayores aportando un paquete de arroz o un medicamento guardado, y en familias enteras entregando lo poquito que tienen. En momentos donde el individualismo parece la norma, la sociedad civil citojense recordó que la compasión es una fuerza comunitaria indomable. Cada bolsa de ropa, cada botella de agua y cada lata de alimento recolectada en el Zulia lleva consigo un mensaje implícito: no están solos.

Pero el desprendimiento no se limitó a lo material. La verdadera vanguardia de esta epopeya solidaria la compone el capital humano que empacó mochilas y se despidió de sus hogares. Una delegación multidisciplinaria de médicos, enfermeros y rescatistas locales partió con urgencia hacia el litoral central. Van impulsados por la urgencia médica del momento, pero también por una mística de servicio inquebrantable. A este contingente se sumaron incluso intérpretes, un eslabón crítico en la «zona cero» debido al masivo despliegue de brigadas de búsqueda internacionales provenientes de decenas de países.

Este engranaje humano no se movió por generación espontánea; requirió de puentes. Aquí es donde destaca el rol de la empresa privada local como catalizador social, específicamente a través de la articulación de la agencia de turismo Rutas sin Límites y los chamos de la Frutería La Gran Bendición. En un giro de absoluta responsabilidad social, transformaron su infraestructura en un canal de salvamento, coordinando la logística, el transporte y el traslado seguro tanto de los insumos como del personal especializado. Es el ejemplo perfecto de cómo el sector privado puede y debe ponerse al servicio de la nación en sus horas más oscuras.

Ciudad Ojeda, la primera ciudad planificada de Venezuela, ha diseñado estas semanas su plan más perfecto: el de la solidaridad sin fronteras. Mientras los rescatistas siguen buscando milagros entre los escombros, los habitantes de Lagunillas han demostrado que la distancia geográfica es un mito cuando el dolor es compartido. Este movimiento masivo es la prueba fehaciente de que, incluso en la peor de las catástrofes, el alma de Venezuela permanece intacta, generosa y profundamente unida.

 

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