NACIONAL.- La red eléctrica de Venezuela, devastada por una década de desinversión y falta de mantenimiento, se encuentra en el centro de una encrucijada geopolítica y financiera. Mientras la administración de la presidenta interina, Delcy Rodríguez, intenta impulsar un ambicioso plan de reconstrucción de 100.000 millones de dólares respaldado por Washington, los principales proveedores y financistas del mundo —incluyendo a gigantes energéticas como Siemens Energy y GE Vernova— mantienen una postura de extrema cautela.
Una investigación desarrollada por la agencia Reuters revela que, tras reuniones privadas sostenidas en Caracas durante el mes de abril, la gran interrogante que frena el flujo de capital no es técnica, sino financiera: ¿Cómo recibirá el pago la industria internacional?
Acreedores escépticos: El fantasma de la era Chávez
La reticencia de los ejecutivos extranjeros no es infundada. Durante el mandato del fallecido Hugo Chávez, la expansión de las centrales térmicas dejó una estela de miles de millones de dólares en facturas impagas. Muchas empresas se vieron obligadas a aceptar pagarés que luego fueron canjeados con pérdidas masivas o terminaron en costosos arbitrajes internacionales.
“Regresé de Venezuela muy escéptico”, confesó a Reuters un ejecutivo que participó en los encuentros de abril. “Las necesidades son prácticamente ilimitadas, pero aún no tienen ni idea de cómo nos pagarían”.
La situación es crítica: de los 36.000 megavatios (MW) de capacidad instalada en el país, actualmente están disponibles menos de 13.000 MW. Las plantas térmicas, que deberían ser el pulmón del sistema, apenas operan al 13% de su capacidad.

El “Rompecabezas” de la recuperación
La presidenta interina Delcy Rodríguez ha señalado que la estabilidad eléctrica es la prioridad absoluta para reactivar sectores clave como el petróleo y el gas. Sin embargo, el experto en energía Miguel Lara advierte que se requieren al menos 15.000 millones de dólares solo para un plan de estabilización inicial de tres años.
“Es un problema muy complejo, un rompecabezas. No sé qué fuente de energía podrá sustentar la reactivación económica de la que hablan”, afirmó Lara a la agencia de noticias.
El déficit es palpable: la demanda supera la generación por al menos 1.500 MW, lo que se tradujo en 35 grandes apagones solo en el primer trimestre de 2026, una cifra alarmante frente al promedio histórico de cinco incidentes anuales.
Propuestas sobre la mesa: ¿Pagos vía Tesoro de EE. UU.?
Ante la falta de liquidez del Estado venezolano y las deudas pendientes con organismos multilaterales, han surgido propuestas creativas, pero legalmente complejas:
Pagos Directos: Algunas firmas proponen recibir fondos de cuentas supervisadas por el Tesoro de EE UU, alimentadas por las ventas de petróleo venezolano.
Garantías Jurídicas: Ejecutivos como Bernerd Da Santos, de la estadounidense AES, sugieren que la inversión solo será viable si hay seguridad jurídica en los contratos y un ajuste en las tarifas para reducir los subsidios.
Autogestión Petrolera: Empresas como la española Repsol ya han lanzado convocatorias para adquirir sus propias centrales eléctricas y asegurar su operatividad independiente de la red nacional.

La vida en la oscuridad
Mientras los ejecutivos y funcionarios debaten en oficinas con aire acondicionado, la realidad en el interior del país es sofocante. En ciudades como Valencia y Maracaibo, el racionamiento alcanza las 10 horas diarias.
En la capital zuliana, grupos de jóvenes intentan mantener la normalidad jugando baloncesto bajo la luz de los faros de una motocicleta. “El racionamiento está aumentando”, lamenta Fernando Urdaneta, un estudiante de 20 años. “Al menos así escapamos de casa, que se convierte en un horno”.
La administración de Rodríguez sostiene que los trabajos han comenzado en dos grandes centrales térmicas, pero ha reconocido que las soluciones no llegarán “de la noche a la mañana”. Por ahora, la reconstrucción del sistema eléctrico venezolano sigue siendo una promesa de 100.000 millones de dólares que no logra encender la luz de la confianza internacional.