Economía.- La red de cajeros automáticos en Venezuela continúa su tendencia a la baja. Entre enero y agosto de 2025, se retiraron 154 equipos en todo el territorio nacional, lo que representa una contracción del 3,71% en ese período, según revela el más reciente “Estudio comparativo de tarjetas de débito y de crédito” elaborado por el Banco Central de Venezuela (BCV).
El informe, publicado en la Gaceta Oficial Nº 43.249 del 5 de noviembre de 2025, indica que actualmente operan 3.994 cajeros automáticos en el país, tanto en agencias bancarias como en ubicaciones externas. Esta cifra refleja una disminución sostenida en la infraestructura bancaria física, que ha venido reduciéndose de forma progresiva en la última década.

Una década de contracción
La caída es aún más evidente al comparar los datos actuales con los de 2015, cuando el BCV contabilizaba 10.429 cajeros automáticos en funcionamiento. Ese mismo año se alcanzó el máximo histórico con 10.528 unidades instaladas.
Desde entonces, el país ha perdido más del 60% de su red de cajeros, en un contexto marcado por la digitalización de servicios financieros, la crisis económica y la disminución del uso de efectivo.
A pesar de esta reducción, el informe señala que las tarjetas de débito y crédito aún pueden utilizarse en 1.106.726 terminales de punto de venta (TPV), distribuidas en 3.994 comercios afiliados a nivel nacional.
Estos dispositivos se han convertido en el principal canal de transacción para los consumidores, en un entorno donde el uso del dinero en efectivo se ha visto limitado por la inflación y la escasez de billetes.

Un nuevo ecosistema de pagos
La disminución de cajeros automáticos coincide con el auge de los pagos electrónicos, transferencias móviles y plataformas digitales, que han ganado terreno como alternativas más accesibles y eficientes para la población.
Sin embargo, expertos advierten que esta transformación también plantea desafíos, especialmente en zonas rurales o con baja conectividad, donde el acceso a servicios bancarios sigue siendo limitado.
Mientras tanto, el sistema financiero venezolano continúa adaptándose a un entorno cambiante, en el que la infraestructura física cede espacio a soluciones digitales, pero donde persisten brechas de inclusión que requieren atención.