Por Francisco Kiko Chávez
Cronista del Municipio Lagunillas
Cada 28 de octubre, el municipio Lagunillas se transforma. Desde tempranas horas, una marea de fieles se dirige al Santuario de Las Morochas, movidos por la fe, la gratitud y la esperanza. Es el día de la Virgen del Rosario del Paraute, patrona espiritual de esta tierra zuliana, y su presencia se siente en cada rincón, en cada oración, en cada lágrima que se desliza por los rostros de quienes llegan a cumplir promesas o pedir bendiciones.

La historia de esta devoción se remonta al año 1651, cuando, según la tradición, un madero navegó las tranquilas aguas del río Paraute hasta llegar a los pies de un joven indígena. Tres veces lo rechazó con los pies, pero la curiosidad venció su indiferencia. Tomó la tablilla y la colocó sobre el techo de su bohío. Lo que parecía un simple trozo de madera, resultó ser una imagen de la Virgen del Rosario. El cura doctrinero del lugar, al ver la sagrada figura, decidió trasladarla a la iglesia, donde comenzó a recibir culto bajo el nombre de Nuestra Señora del Rosario del Paraute.
Desde entonces, la imagen ha recorrido un largo camino. Permaneció en la iglesia palafítica de Lagunillas de Agua hasta 1928, cuando un incendio obligó su traslado a Tasajeras y luego a Las Morochas. En 1931, gracias al impulso de Ana Caridad, Juan Pérez y Ana Luisa Barroso de Soto, junto a la Sociedad de las Hijas de María, se construyó un templo de madera para albergarla.
Las fiestas patronales eran, y siguen siendo, una explosión de alegría y devoción. Las Morochas se vestía de gala: las calles adornadas, la música de gaitas resonando en cada esquina, los fuegos artificiales iluminando el cielo y las competencias del palo encebado animando a grandes y chicos. Era el día en que todos estrenaban ropa, o al menos sacaban lo mejor del armario, para honrar a la Virgen.
En 1951, al cumplirse 300 años de su milagrosa aparición, el Padre José Ignacio Olivares organizó una peregrinación que partió a las 4 de la mañana desde Las Morochas. En el lugar de la revelación se levantó una tribuna palafítica donde Monseñor José Luis Castellano, el Padre Núñez y el propio Olivares oficiaron una misa multitudinaria, testimonio del fervor de un pueblo que no olvida.
Los padres Agustinos, encargados de la iglesia de Las Morochas, abrazaron la idea de construir un nuevo santuario. El sueño se hizo realidad el 28 de octubre de 1972, cuando Monseñor Marco Tulio Ramírez Roa bendijo el templo que hoy resguarda la imagen.
La tablita, de apenas 30 por 25 centímetros, es considerada la primera aparición mariana del estado Zulia y la segunda en Venezuela. Se encuentra en un retablo adornado con oro, ángeles, estrellas, aureolas, coronas y una luna menguante bajo los pies de la Virgen. Es un símbolo de fe, de historia, de identidad.
Y así, cada año, los lagunillenses renuevan su compromiso. Porque más allá de la tradición, la Virgen del Rosario del Paraute es el alma de un pueblo que cree, que espera, que celebra

