POR: GLORIA CUENCA.
Para quienes creen que siempre tienen la razón
No tengo la menor duda, se es autoritario/a, además de por las razones, dadas por Teodoro Adorno, porque quien posee ese terrible defecto, cree que siempre, tiene la razón. Sí no gana, (empata) el debate, la discusión, o, una simple conversa, actúa como Jalisco que, “qué sí pierde, arrebata”.
La cuestión sobre el autoritarismo me ha preocupado por largo tiempo. Cada cierto tiempo, vuelvo sobre el tema. Siempre con la esperanza de llegar a la mente de alguno de los autoritarios, para que empiecen a cambiar. ¿Ilusión vana?
Nacida en 1940, plena segunda guerra mundial. Esta patología psicológica fue ampliamente comentada frente a mí; lo deduzco dado el interés, que siempre tuve por el problema. Curiosa y tremenda, con 5 años, oía lo que me dejaban y, también lo que no. ( Escondida detrás de la puerta) La palabra, autoritario/a me repicó por mucho tiempo en la mente. Un día pregunté a mi hermano mayor, sabio, además constante víctima de mis preguntas e inquietudes. Sin dejar lo que estaba haciendo, contestó: “Es quien se cree, lo sabe todo y te quiere obligar a qué hagas lo que dice. Papá, por ejemplo”. Su repuesta me dejó confundida: ¿papá? ¿autoritario? ¿cómo? Tomé valor y pregunté a mamá: “¿una persona que quiere que hagas lo que dice, es buena o mala?” “Depende,” contestó de inmediato. “Sí la persona te cuida y lo hace para protegerte, está bien”. Enseguida entendí a lo que se refería. Me sentí tranquila. No obstante, el tema me siguió perturbando. El filósofo Teodoro Adorno de la nunca suficiente analizada e investigada Escuela de Frankfurt, al leer el libro “La Personalidad Autoritaria”, dio una explicación y orientación decisiva. Por otra parte, el estimado y admirado profesor Hugo Callello, terminó de ilustrarme al dar su precisa definición: “El autoritarismo, señaló, es la perversión de la función de autoridad”.
Comprendí lo que expresó, pues hay momentos donde la autoridad, puede parecer autoritarismo, y hasta tal vez lo sea. Lo saben los médicos, sí dan una orden, por ejemplo: “hay que operar sin la menor dilación al paciente”. No se puede dudar de esto, menos desobedecer. Hay que hacer caso, a menos de que se trate de personas tercas: no quieren seguir ninguna orden. Esto, a veces por temor, en otras por irreverencia, o también no creen que corren algún riesgo. Al médico dar la orden se debe cumplir; salvar la responsabilidad y la vida, lo principal.
No se trata de esa forma de instrucción sobre la que pretendo pensar y escribir. Planteo a los amables seguidores y lectores, también a los contradictorios lectores, lo que Adorno descubrió: la personalidad autoritaria se forma cuando la madre educa sola a sus hijos, o el padre, es lo que se conoce como “padre ausente-presente”. Es decir, está en casa y no se siente, no asume responsabilidad. Al leer esto y recordar que en Venezuela más de la mitad de los hogares están regentados por madres solteras o abandonadas; comprendí la dificultad que tenemos para exterminar en nuestro país, el autoritarismo. La existencia de caudillos, estimula la situación. Los venezolanos, hemos sufrido las décadas más oprobiosas de nuestra historia. Lo afirmo sin ningún tipo de vacilación, sin ser historiadora, conozco suficientemente nuestro devenir para poder afirmar categóricamente, es el peor de todos los gobiernos que hemos soportado desde el inicio de nuestra amada República de Venezuela.
Entre las formas de autoritarismo, el machismo y el feminismo radicalizado; sin proporciones sensatas, implican a su vez, derivaciones del autoritarismo trastornadoras de nuestra vida diaria y de los más elementales aspectos de la cotidianidad. Algunas formas de paternalismo, ocultan un verdadero sentimiento autoritario; los docentes, maestras y maestros, profesores y profesoras; sin darnos cuenta y algunos conscientemente, podemos terminar actuando de forma autoritaria. Padres, tíos, tías y hasta los abuelos, además niñeras y cuidadoras, también pueden actuar con la desagradable, injusta y agresiva conducta autoritaria. Nadie se salva, si está convencido de que solo él/ella tiene la razón. Esta conducta, a menos que se asuma conscientemente, y se quiera ser demócrata; y sé trabaje consigo mismo/a para lograrlo, no sucede espontáneamente. En estos tiempos, hay que estar conscientes, no es fácil volverse demócrata. Todo induce al autoritarismo: recuérdese se trata de “la perversión de la función de autoridad”. Es una perversión, dramática y exasperante, en días como estos, de convulsión social, espiritual y humana. Hay quien piensa: para sobrevivir a las catástrofes, (los terremotos y la dictadura) requiere por parte de los venezolanos una nueva consciencia para poder reconstruirnos y subsistir. Será sin duda, un nuevo reto a enfrentar, no obstante, sin esa perversión, que implica el autoritarismo. Llegó la hora de rezar y de hacer cada vez más consciente nuestras conductas. Volver al humanismo cristiano y recuperar los Mandamientos de la Ley de Dios. Los principios, valores, normas y reglas que inspiraron a nuestros padres de la Patria deben aflorar, para de esa manera reiniciar una nueva etapa, esa sí una NUEVA DEMOCRACIA, imprescindible para que regresen buena parte de los que se fueron, los que se quedaron enseñen lo que aprendieron y se haga un intercambio equitativo, correcto, honesto, con libertad responsable en esta nueva etapa. Dios desde el cielo y la Virgen de la Coromoto ¡guían y amparan! ¡Empecemos ya a modificar esas conductas! Atención: No son necesarias elecciones para el cambio. Al modificar nuestra conducta todo mejorará, ¡con el favor de Dios!