POR: ALFREDO GONZÁLEZ
Trabajador Petrolero
A las 3:35 de la madrugada, hora local; del 20 de marzo del 2003, los Estados Unidos (EE.UU.) iniciaron la invasión y ataque a Irak. George W. Bush, presidente de EE.UU. anuncio el lanzamiento de la operación “Conmoción y Pavor”, ante la supuesta existencia de Armas de Destrucción Masiva (ADM) que serían usadas por el régimen iraquí. Esa operación se ejecuto sin el apoyo de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y fue acompañada del primer ministro británico Tony Blair y del mandatario español José María Aznar.
A pesar de que, en el momento que la administración de EE.UU. decidiera incursionar en esa invasión y ataque a Irak; se encontraba una comisión de expertos de la ONU quienes reclamaban más tiempo para certificar la existencia o no de las ADM, George W. Bush autorizo la invasión, la cual estaba enmarcada en la «guerra global contra el terror»; asegurando la existencia de las supuestas ADM.
En menos de dos meses desde el inicio de la invasión, los EE.UU. y sus aliados consiguieron derrocar el régimen de Sadam Hussein, mas sin embargo la Oficina de Inteligencia e Investigación de los EE.UU, en un informe confidencial demostró que las prometidas armas de destrucción masiva nunca aparecieron, que fue la excusa para emprender esa aventura belicista en Irak, la cual dejo un saldo de más 300.000 civiles fallecidos, mas de tres millones de desplazados internos, saqueo de las riquezas monetarias de bancos, latrocinio del acervo cultural y de patrimonio de la humanidad de museos y bibliotecas en ese país. Hoy, más de veintidós años de la invasión a Irak, está demostrado que la coartada en la existencia de ADM estuvo basada en mentiras e invenciones solo para “justificar” la intervención militar en ese país que atentaba contra los intereses de EE.UU. en esa región, lo que supuso uno de los mayores fracasos de inteligencia militar de la historia y la primera mentira global del Siglo XXI. Esa invasión llevo a Irak al saqueo de sus riquezas y la sumió en la peor crisis financiera en su historia, que dejó en la miseria a su población, con altas tasas de desnutrición y falta de suministros médicos.
La verdad detrás de esa nefasta mentira basada en la existencia de ADM (químicas, biológicas y nucleares), no era otra que apropiarse de los yacimientos petroleros existentes en el subsuelo de Irak. Los “lobbyistas” (Exxon, Hunt Oil Co., Hillwood, y Halliburton entre otras transnacionales petroleras) que apoyaron a George W. Bush en esa nefasta aventura de invadir Irak, lograron el control de importantes campos petroleros en ese país. El “lobby” bélico de George W. Bush se apropio del petróleo iraquí.
La política exterior de los EE.UU. ha estado fundamentada y orientada a las cuestiones energéticas, siendo una prioridad garantizar sus fuentes de abastecimiento de hidrocarburos para saciar su voracidad industrial capitalista. Es por ello que han declarado convertir aquellas regiones tenedoras de yacimientos petrolíferos en un coto privado bajo sus intereses y fuera de la influencia de regímenes a los que considera “hostiles”. De allí la razón por la cual se han librado las últimas guerras en el medio oriente y la muy elevada probabilidad de que se produzca una intervención en la República Bolivariana de Venezuela, tenedora de las mayores reserva de petróleo en el mundo.
La administración de Donald Trump, presidente de los EE.UU.; recientemente desplegó numerosos buques de guerra (destructores de misiles guiados, unidades del tipo anfibio y portaaviones) además de efectivos militares, en aguas del Mar Caribe frente al mar territorial venezolano. La finalidad de la amplia presencia militar en esa zona, es luchar dizque en contra de los “carteles de droga” que dominan el territorio.
Estos movimientos bélicos han sido considerados como una “violación flagrante de nuestra soberanía nacional” y un peligro para la estabilidad de Latinoamérica y el Caribe; y los mismos se realizaron después que Donald Trump, estableciera una recompensa de 50 millones de dólares por el presidente Nicolás Maduro.
Se ha pretendido montar la matriz de opinión que el presidente Nicolás Maduro, lidera un supuesto Cartel de los Soles, y que la aparente organización “Tren de Aragua” es la responsable de los índices delictivos en los EE.UU. Se intenta replicar el mismo “modus operandi” de hace 22 años contra el régimen de Sadam Hussein en Irak.
El pasado mes de junio la Oficina contra la Droga y el Delito de la ONU reveló su Reporte Mundial sobre Drogas 2025, un documento medular que ilustra los hallazgos del sistema mundial con respecto al problema de los estupefacientes, el cual muestra que Venezuela se mantiene libre de cultivos ilícitos, y aparece con mención mínima como ruta del tráfico de drogas hacia EE.UU. y Europa. El informe enfatiza la situación de Colombia y Ecuador como países claves en el negocio de la cocaína y no hace ninguna mención del llamado Cártel de los Soles que, supuestamente, opera desde Venezuela. También reitera a EE.UU. como el mayor mercado consumidor y alerta por la crisis de opioides sintéticos. En otras palabras, los datos reflejan que el mapa del tráfico de drogas está en otros países y rutas, no en Venezuela.
Según la ONU y la misma Unión Europea, el problema de fondo sobre el narcotráfico radica en países como: EE.UU., México, Colombia y Ecuador; considerados como nudos críticos de la producción, tráfico y consumo de drogas, así como nichos del lavado de capitales, tráfico de armas y violencia consolidada de los cárteles.
De acuerdo a los datos del referido informe sobre drogas de la ONU se puede deducir que las acusaciones contra el Gobierno Bolivariano carecen de sentido y solo han operado como rotulo político para reforzar la política guerrerista de los EE.UU. al declara una «emergencia nacional» por la amenaza «inusual y extraordinaria» a la seguridad nacional y a la política exterior causada por la situación en Venezuela. Organizaciones Internacionales sugieren que el tema del Cártel de los Soles existe solo en las oficinas de la Casa Blanca estadounidense, como parte de una estrategia coercitiva e intervencionista contra Venezuela.
A pesar del informe de la ONU sobre las drogas, el presidente Donald Trump ha reafirmado su interés de “utilizar todos los recursos de su poder” para detener la entrada de drogas a EE.UU. y llevar a los responsables (aludiendo al Presidente Nicolás Mauro) ante la justicia, en flagrante violación del estado de derecho internacional y de la autodeterminación de los pueblos.
Esas declaraciones, sustentadas en la supuesta participación del Gobierno Bolivariano en actuaciones de narcotráfico; carecen de toda credibilidad y solvencia técnica. Lo que subyace detrás de esa nefasta matriz de opinión de considerar al Gobierno Bolivariano como una amenaza transnacional por la supuesta vinculación con el Cartel de los Soles y el Tren de Aragua; es inocular en la opinión internacional la aceptación de una invasión dizque para contrarrestar las actividades de tráfico de drogas, cuando la verdad es apoderarse de los recursos energéticos de nuestro país contrarrestando el Proyecto Bolivariano y retomar la Doctrina Monroe.
La Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (CRBV) en su artículo 5 esboza que la soberanía, reside intransferiblemente en el pueblo. De acuerdo con el artículo 11 de la CRVB, la soberanía plena de la República se ejerce en los espacios continental e insular, lacustre y fluvial, mar territorial, aéreas marinas interiores, históricas y vitales y las comprendidas dentro de las líneas de base recta que ha adoptado o adopte la República; el suelo y subsuelo de estos; el espacio aéreo continental, insular y marítimo y los recursos que en ellos se encuentran. El deber de defender a la patria está tipificado en el artículo 130: “Todos los venezolanos tienen el deber de honrar y defender a la patria, sus símbolos, valores culturales, resguardar y proteger la soberanía, la nacionalidad, la integridad territorial, la autodeterminación y los intereses de la Nación.”
Basado en estos preceptos constitucionales el Presidente Nicolás Maduro, ha emprendió una seria de dictamines consagrados en defensa de la patria, entre ellos la instalación del Consejo Nacional por la Soberanía y la Paz. Sustentado en los Objetivos Históricos y Nacionales, se fundamenta en defender, expandir y consolidar el bien más preciado que hemos reconquistado después de 200 años de colonialismo español: La Independencia Nacional. Es así como se ha conglomerado la unión Cívico-Militar-Policial en defensa de la integridad territorial y la soberanía ante cualquier agresión interna o externa de la Nación.
El Plan de las 7Transformaciones, resalta en la 3T “Seguridad y Defensa” la ampliación y consolidación del poderío militar y de defensa de la Patria, los equilibrios regionales para la Paz, así como la lucha contra las guerras convencionales y no convencionales que pretenden agredir al Pueblo Venezolano.
El Consejo Nacional por la Soberanía y la Paz, instalado por el presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro, reúne a todos los sectores estratégicos del país, sin distinción político ideológica; para reafirmar, de manera unificada, la defensa de la soberanía y la paz de Venezuela. Este nuevo órgano tiene como objetivo principal fortalecer y consolidar la seguridad y defensa de la nación mediante la implementación de la 3ª Gran Transformación del Plan de la Patria de las 7T, las Grandes Transformaciones, para resguardar la unidad e integridad territorial del país.
Para garantizar la defensa de la soberanía, el presidente constitucional Nicolás Maduro, hizo un llamado para la activación permanente de las Unidades Comunales Milicianas en los 5 mil 336 Circuitos Comunales, y el Plan Independencia 200, bajo el concepto de una “resistencia activa y defensiva permanente”, ante las amenazas del imperio norteamericano.
El Gobernador Bolivariano Luis Caldera instalo el capítulo Zulia del Consejo Nacional por la Soberanía y la Paz, con la participación de todos los sectores políticos, industriales y eclesiásticos, así como con los alcaldes del Zulia. Se destacó el rechazo a las medidas coercitivas y a las pretensiones del imperio norteamericano de invadir nuestro país. Por su parte el presidente de la Asociación de Alcaldes del Estado Zulia, quien compartió el estrado con el Gobernador del Zulia; expresó que “la paz que anhelamos debe ser defendida por nosotros”.
Desde los inicios de la Revolución Bolivariana, la política exterior de EE.UU. ha sido de agresión sistemática contra nuestro país. El ex presidente George W. Bush, describió al Comandante Supremo Hugo Chávez y a la Revolución Bolivariana como “la mayor amenaza contra los intereses de EE.UU. en la región”, desde la Unión Soviética y el comunismo durante la guerra fría. El ex presidente Barack Obama emitió Orden Ejecutiva donde declaro a Venezuela como una “amenaza inusual y extraordinaria a la seguridad nacional y política exterior de Estados Unidos”. Donald Trump, en unas declaraciones luego de culminar su primer mandato presidencial; expreso que su política exterior había logrado que “Venezuela estaba a punto de colapsar. Nos hubiéramos apoderado de ella, nos hubiéramos quedado con todo ese petróleo.”
Venezuela no es una amenaza, sino un territorio de paz. Nuestro país ha estado asediado internacionalmente, y al frente de esa gigantesca operación está el gobierno de los EE.UU.; como parte de su fracasada política de Golpe de Estado continuado contra la Revolución Bolivariana de Venezuela. Ante estas nefastas intenciones debemos hacer un frente de defensa integral, resaltando la conciencia bolivariana con una profunda vocación anticolonial, heredada de nuestra gesta independentista y del legado de nuestro Libertador Simón Bolívar, para así defender nuestra independencia y el derecho inalienable de nuestro pueblo a la libre determinación, donde se respete nuestra soberanía.