Construyendo historias desde el corazón del cine

Caupolicán Ylich Ovalles Sequera es un director, productor y guionista venezolano, que destacado por su contribución a la industria audiovisual tanto nacional como iberoamericana. Su pasión por el séptimo arte lo ha llevado a desempeñar diversos cargos dentro de esta industria cinematográfica venezolana.

por Noris Hernández

 

INTERIOR: BIBLIOTECA LIBRO EL NOMBRE DE LA ROSA

Una cámara se desliza por una biblioteca silenciosa. El polvo flota en el aire como partículas de memoria. En una esquina, un ejemplar de El nombre de la rosa descansa sobre una mesa de madera.

La voz en off comienza a narrar:

 

CAPÍTULO I: COMIENZA UNA PASIÓN

Nacido en Caracas el 3 de marzo de 1960, Caupolicán Ovalles creció entre libros que parecían contener el alma de Venezuela. Su bisabuelo, Víctor Manuel Ovalles, había construido una de las bibliotecas privadas más grandes del país, con documentos coloniales y libros incunables que sembraron en él una reverencia por la historia y la narrativa.

Estudiar cine en Italia fue su primer gran salto. Allí descubrió el arte, la técnica y la cultura que lo marcarían para siempre.

“Fue un descubrimiento maravilloso. Y con el tiempo, esa pasión solo se ha hecho más profunda”, dice Ovalles sin dejar de enmarcar en esa escena esas películas que guiaron su mirada hacia el Cine, que son: dos relacionadas con el cine épico; “Novecento” (tanto la 1 como la 2) de Bernardo Bertolucci, que narra la historia de Italia desde 1900 hasta 1945 a través de la vida de dos hombres de diferentes orígenes sociales;  y otra de una forma más personal,  «El nombre de la rosa»,  basada en la novela histórica del mismo nombre, escrita por Umberto Eco, y que leyó cuando estudiaba en Italia.

Luego vendrían estudios de Literatura en Venezuela y en España donde realizó un posgrado en Dirección de Cine y Televisión. Una carrera que lo llevaría a ser guionista, director, productor y, más recientemente, showrunner.

CAPÍTULO II: MEMORIAS DE UN DIRECTOR

Su ópera prima, Memorias de un Soldado, no solo lo llevó al Festival de Shanghái, donde la reacción del público asiático fue algo impactante, sino que lo enfrentó al desafío de recrear una época. “Transformar nuestro mundo actual en el pasado fue un esfuerzo enorme de todo el equipo”, recuerda. La película, ambientada en las guerras de independencia, le exigió coordinar batallas de 30, 40, o hasta 200 personas, catalizando creatividad en medio del caos.

Luego vino Muerte en Berruecos, una reconstrucción del asesinato del general Antonio José de Sucre que lo llevó a los Premios Goya. “Recibir esa nominación fue la confirmación de que todo el trabajo había valido la pena al darnos un espacio en el mundo Iberoamericano”, confiesa. Ambas películas se convirtieron en pilares de su filmografía y en testimonio de su obsesión por la historia, dándole según refiere Ovalles, “una enorme satisfacción”.

Para Ovalles es una experiencia enriquecedor ser  el «showrunner» de su obra. “Empiezas con la parte creativa, escribiendo el guion, imaginando los personajes, y luego te tienes que poner el sombrero de productor”.

“Ahora se habla mucho del showrunner, esa persona que está en todo el proceso, desde la idea hasta la venta. Eso es lo que hago, siempre contando con la colaboración vital de mi esposa, Beatriz Aranguren, que fue la productora de estas dos películas”, adicionó.

CAPÍTULO III: EL CINE COMO ACTO DE RESISTENCIA

 En Venezuela y en buena parte de Latinoamérica, hacer cine es una batalla diaria, donde solo el Cine independiente pelea por sobrevivir. “Si no buscas los recursos tú mismo, la película no se hace. Es un reto de gerencia enorme”.

Por eso, Ovalles ha sido más que un cineasta: ha sido gestor, líder gremial y defensor de la Ley de Cine, a la que considera “la iniciativa más grande y maravillosa” que han tenido los cineastas venezolanos. “Siento que la generación que logró esa Ley merece estatuas en todos los cines”.

Como presidente de la Academia Venezolana de Cine, impulsó los Premios Soto, un homenaje al maestro Jesús Soto, uno de nuestros artistas más universales, y a todos los oficios invisibles del cine. “El sonidista, el vestuarista, el editor… todos merecen brillar”, dice con convicción.

“Mi trabajo, y el de todos en la Academia, es buscar la unión de los cineastas. Queremos reconocer el trabajo que se hace cada año en el país y que el público conozca y valore el trabajo que hay detrás de una película en todas sus áreas”.

Ovalles asegura que hoy son los premios más importantes del cine nacional, porque son los propios cineastas votando por sus compañeros. “Conversamos con su fundación, y ellos mismos diseñaron la estatuilla,que hoy entregamos, y que es una belleza”.

En cuanto al lento desarrollo que ha tenido el cine nacional afirma: es cierto que en este momento no estamos vinculados a la cinematografía mundial de una manera masiva, pero yo creo que estamos llamados a seguir creciendo y a dar una gran cantidad de producciones importantes. Más que mirar hacia atrás, veo hacia adelante. Pienso que cuando se logre unir la experiencia de la Venezuela que ha emigrado con la que está en el país, todo ese aprendizaje se va a consolidar en nuestra cinematografía y en muchas otras expresiones artísticas. El potencial está ahí”.


CAPÍTULO IV: LA PASIÓN COMO MOTOR

“Los cineastas nos convencemos de que nuestra película es lo más importante del planeta”, dice. Pero detrás de esa frase hay una verdad profunda: el cine es pasión, es resolver problemas, es coordinar talentos, es sobrevivir a la crisis.

Hoy, con la producción nacional está en un momento muy delicado, debido a un presupuesto del CNAC reducido en un 70%, Ovalles sigue creando.

Consultado sobre el significado del Zulia, sostiene que además de ser un lugar muy especial, es la génesis de nuestro cine. “Allí empezó todo. Y de Venezuela, te puedo decir que somos un país de inmigrantes, y ahora somos un país de emigrantes. Cuando toda esa Venezuela que está por el mundo se una con la que está allá, con todas las experiencias que hemos ganado, creo que saldrá algo muy significativo a nivel artístico y cinematográfico”.

«Siempre he contado con la colaboración vital de mi esposa, Beatriz Aranguren, que fue la productora de estas dos películas”.

CAPÍTULO V: EL LEGADO QUE IMPORTA

Cuando se le pregunta cómo quiere ser recordado, responde sin titubeos: “No me importa tanto que me recuerden a mí, como persona. Prefiero que recuerden la obra, las películas, y el trabajo que hicimos juntos en los gremios, porque el cine es un trabajo de equipo”.

Para él, los adelantos tecnológicos para el cine es una herramienta fundamental, no una panacea. “Ayuda muchísimo a los nuevos productores de contenido audiovisual y avanza a una velocidad increíble”.

ACTO VI ¿CUALQUIERA PUEDE AHORA HACER CINE?

Ovalles está claro que técnicamente, ahora es mucho más sencillo hacer cine. “Tienes una cámara de una calidad impresionante en tu bolsillo con un teléfono, y puedes editar a muy bajo costo. Las herramientas están al alcance de todos. Pero ojo, eso no te resuelve lo más importante: LA HISTORIA. El reto sigue siendo contar un buen cuento, y para eso necesitas ser serio, estudiar y organizarte”.

Su mensaje para las nuevas generaciones es simple: ¡no desmayar! Hay que seguir siempre adelante, pero con preparación. Es fundamental estudiar, investigar, estar siempre al día. Ese es el camino para aprender siempre algo nuevo. A veces lo más difícil es empezar, así que busquen el tiempo para desarrollar sus ideas. Recuerden que la pasión es el motor que los va a llevar hasta el infinito.

“El cine tiene el poder de ayudarnos a crecer como personas. Puede abrir ventanas, pero cambiar la mentalidad de un país es un proceso mucho más complejo.Te da a conocer otras experiencias, otras realidades, y te permite complementar tus propias vivencias. En ese sentido, el cine es una herramienta fantástica para la reflexión”, advierte.

Ahora mismo Ovalles desarrolla un guion inspirado en su experiencia cuando dirigió y produjo la serie «Archivo Criminal» para RCTV, trabaja como showrunner en Houston y finaliza un documental que utiliza inteligencia artificial como herramienta narrativa. Además de estar realizando un taller de actualización de Colorimetría en FORMA-FIPCA-FIACINE.

EPÍLOGO: LA PRÓXIMA PELÍCULA

¿Le falta la cereza del pastel? “¡Totalmente!”, responde con entusiasmo. “Apenas terminas una película, ya estás pensando en la siguiente. Mi objetivo es seguir haciendo cine hasta que me toque irme de este plano. La próxima siempre es la que importa.”

Continuará…
La pantalla se oscurece mientras su voz resuena: “Describir el cine venezolano en una palabra, no puede ser otra que pasión”.

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