EL CINE ZULIANO: Una Historia que Merece ser Contada

Desde que Manuel Trujillo Durán proyectó las primeras películas venezolanas en el Teatro Baralt en 1897, el estado Zulia se convirtió en el epicentro del cine nacional. Aquellas cintas pioneras no solo marcaron el inicio de la cinematografía venezolana, sino que sembraron una semilla que sigue floreciendo más de un siglo después.

por Noris Hernández

Puede que el Cine Regional, no solo del Zulia sino del resto del país, exceptuando la capital venezolana, Caracas, no haya tenido las luces y la acción que debería.

Luego de casi 130 años de haber encendido la pantalla grande del Teatro Baralt de Maracaibo dejando boquiabierto a un público emocionado con el movimiento de las imágenes, que pese a carecer de sonido los hacia reír y los llenaba de asombro; sigue sin pasar algo trascendental que estalle como aquel pozo petrolero de Cabimas que escupía petróleo a borbollones y que sitúe a Cabimas y a Venezuela el el panorama mundial, cuando todos sin excepción hablaban de la pequeña aldea de La Rosa donde reventó El Barroso.

La gran pregunta sería si se están haciendo cosas buenas en el cine venezolano, y si esas cosas buenas están volviendo a su origen; diría que sí. Y así tiene que ser, no olvidemos que el Zulia es el corazón del occidente venezolano, pero también guarda un legado que muchos desconocen o han olvidado: en su icónico Teatro Baralt el cine venezolano dio sus primeros pasos.

UN COMIENZO BRILLANTE, UN CAMINO INCIERTO

Zulia no solo fue pionero en exhibiciones cinematográficas, sino que también cuenta con una Escuela de Comunicación Social con mención en Audiovisual, formando generaciones de talentos con vocación al séptimo arte, pero, a diferencia de Caracas, donde el cine ha encontrado mayor infraestructura, inversión y visibilidad, en el Zulia el crecimiento del cine ha sido más lento y fragmentado.

Sin embargo muchos cineastas zulianos se han convertido en esas voces que resisten en el tiempo superando cualquier obstáculos que tengan al frente, con talento y resistencia.

Producciones independientes como Jóligud,  apostaron por primera vez en 1990 a contar historias locales con identidad propia. También destaca la producción Yakima: un amor en tres tiempos, una novela audiovisual que honra la cultura marabina y fue filmada en lugares emblemáticos de Maracaibo como Santa Lucía y Las Playitas.

Veníte Pa Maracaibo de Carlos Daniel Alvarado en 2022, La Batalla Naval del Lago de Ionesco Troconis (2025), entre otras, son ejemplos de que en el Zulia nadie claudica.

Más recientemente, el joven cineasta Néstor “Kiki” Villalobos ha dado un paso audaz con Creer o Morir, una película filmada íntegramente en Cabimas, su ciudad natal, que llegará a los cines a finales de este año. Esta obra, que podría ser otro reventón, esta vez de arte, no solo representa un logro técnico, sino también un acto de amor por su tierra, una declaración de que el cine zuliano puede y debe hacerse desde casa.

UN CINE QUE SE ARRIESGA

Está claro que el Zulia se arriesga, crea y busca presencia, renombre, como lo insinúa el cineasta Augusto Padrelli en su entrevista para esta Edición.

Hay una fuerza emocional y regionalista que impulsa a los cineastas zulianos. Muchos se están formando fuera del país, en academias de cine en Estados Unidos, Colombia, Argentina, México o España, pero mantienen firme el propósito de regresar y producir en Zulia. Sueñan con que el cine venezolano sea reconocido desde el Occidente, tal como ocurrió con el petróleo, cuando esta Región fue el epicentro de la riqueza nacional.

El cineasta y exprofesor universitario, José Luis Angarita, cuya afición al cine se inició como un embrujo que lo conectó con sus primeras interacciones con Charlie Chaplin y las películas mexicanas de los años sesenta, y que veía junto a sus padres; es claro en advertir que, aunque sea difícil de responder, el cine venezolano sigue en deuda con el país, ya que pese a que tiene sus fans tanto interna como externamente, le falta mayor madurez.

Es evidente, dice, que desde hace más de 70 años ha tenido relevante presencia en festivales como en Cannes con “La Balandra Isabel llegó esta tarde” de Carlos Hugo Christensen y con “Araya” de Margot Benacerraf. “Sin embargo en Venezuela desde que se comenzó a hacer cine hace más de cien años, este no ha crecido lo suficiente ni ha sido constante para que pueda ser comparada con las industrias de otros países, y el Zulia no es la excepción”.

Con el recuerdo selectivo de la primera película hecha netamente en el Zulia: Jóligud, de Augusto Pradelli, que ganó en el Festival de Mérida el premio a la mejor Opera Prima de esa edición del festival en 1990, Angarita, quien ejerció por 30 años como profesor de la cátedra Lenguaje Cinematográfico en la Escuela de Comunicación Social de la Universidad del Zulia, asegura que Jóligud demostró que se podía hacer un largometraje totalmente en el interior del país con talentos y recursos locales, “desde el guion hasta la construcción de equipos como grúas y dollys, talento, personal técnico y paremos de contar, eran nuestros”.

Como parte de ese proyecto cinematográfico como Director de Fotografía junto a  Jesús Tony Romero, entre otros que han sido parte de su formación profesional, “Jóligud” para el académico, es el largometraje que le brindó la oportunidad de poner en práctica lo aprendido en la Universidad.  “Allí vimos, en cada día de rodaje, cómo daba resultados conjugar la teoría y la práctica para hallar y lograr el resultado que se logró”.

HUELLAS PROFUNDAS DEL CINE NACIONAL

Angarita, quien como docente también colaboró en otras cátedras tales como Comunicación Fotográfica, Nuevas Tecnologías, Guion de Cine, Práctica Profesional  y Producción de Cine, y además fue coordinador de la comisión que creó el Proyecto de Teveluz, la televisora de la Universidad del Zulia; acotó que películas como Pelo Malo, Vuelve a la Vida, Oriana, “Papita, Maní,  Tostón”, entre otras, sí han dejado huella en el Cine nacional y no pueden verse como realidades aisladas, a pesar que se produjeron en los últimos veinte años y el caso de “Oriana” hace mucho más tiempo.

“Si observamos cualquier cinematografía como México, Francia, Argentina, España, USA,  tienen pocos títulos que destacan cada año; pero si produces 200 películas por año, por supuesto destacará un número mayor que si produces 15 o 20. En Venezuela se producen pocas, pero siempre se han producido películas de calidad  y  de reconocimiento tanto nacional como internacional”, expresó el cineasta.

También acotó que desde que empezó a ver el cine nacional en los años 70’s , las películas eran financiadas con los incentivos del Ministerio de Fomento, y siempre había películas de calidad como las de Román Chalbaud, Clemente de la Cerda, Iván Feo, Antonio Llerandi (por nombrar solo algunos) que tuvieron su momento tanto en los festivales como en la taquilla.

Angarita agregó que en las películas venezolanas hay buenas historias que contar. “Tener un buen cuento que llevar al público, producir buenas historias que sean aceptadas en los festivales, pero también por el mercado, el público que acude al cine y paga una entrada; ese es el deber ser de nuestro cine”.

Foto/José López

“BUENA CAMADA DE CINEASTAS”

José Luis Angarita, ese profesor que a los trece años empezó a ir con regularidad a las salas de cine, apartando el dinero de su trabajo para disfrutar de unas dos películas a la semana, procurando distribuir su tiempo libre entre dos actividades muy humanas: la lectura y las historias de la gran pantalla; piensa que se ha logrado formar una buena camada de nuevos cineastas en el Zulia, asegurando que hay mucha gente haciendo, con disciplina y pasión, sus proyectos con iniciativa y esfuerzo propio.

“Cada uno ha buscado resolver su deseo, su vocación, su necesidad de seguir cerca de la producción cinematográfica. Algunos se han formado más seriamente y en profundidad estudiando cine en otras partes, porque las Escuelas de Comunicación que hay en el Zulia no son escuelas de cine, tienen materias que  te abren los ojos, pero no te forman  para asumir el cine como tal”.

Para quien descubrió en la Escuela de Comunicación de la Universidad del Zulia  que el cine no solo se veía sino que también se aprendía, y que entendió que allí podía aprender cómo se hacían las películas; es irreal describir lo que significa el cine en una palabra. “El cine es la literatura por otros medios. Es otra manera de escribir, de narrar las historias que el hombre ha tenido la necesidad milenaria de contarse entre si, a lo largo de su existencia, desde cuando apenas estaba inventando y aprendiendo a hablar”.

Pese a contar con buenos profesores, para José Luis su mentor cinematográfico siempre será su profesor Luis Rodolfo Rojas, quien guió su pasión por el cine, en el que ejerció su esencia junto a un grupo de cineastas liderado por Augusto Pradelli y Ricardo Rubio con los que produjeron películas en 8 mm, 16 mm y 35 mm . “Eran aventuras de descubrimiento y aprendizaje. Después vino la docencia y la práctica profesional permanente. Todo eso además de mi pasión por ver buen cine”.

CÓMO SE PREPARAN LOS FUTUROS CINEASTAS EN EL ZULIA

Nacido en Maracaibo un 19 de noviembre de 1957, José Luis Angarita habla desde su rol de profesor de cine, para explicar, que el docente de áreas audiovisuales como de las áreas de cine hace el trabajo que les corresponde. “La academia hace lo mismo, pero existen pensum de comunicación o periodismo audiovisual donde las asignaturas de cine son parte de un universo de 40 o 45 materias. Son los egresados como periodistas, interesados en cine, quienes deben buscar completar su formación”.

Agrega Angarita que en la Universidad del Zulia, en la Facultad Experimental de Arte, FEDA, donde se gradúan como Licenciados en Artes, Mención Artes Audiovisuales, los bachilleres ven las materias fundamentales para la realización cinematográfica: Dirección, , Dirección de Fotografía, Sonido, Guion, etc. “Esta Facultad es lo más cercano a una escuela de cine que tenemos en el Zulia”.
Adicional a esto en la Universidad de los Andes, a través de su acreditado Departamento de Cine, se ofrecen estudios específicos, donde se forma al estudiante de manera integral sobre el arte cinematográfico.

Y en Caracas está la Escuela Nacional de Cine donde también se ofrece una carrera técnica en Realización Cinematográfica, además de diplomados, talleres y actividades especializadas en cine forma profesionales directamente para la industria audiovisual venezolana.

También está la Universidad Audiovisual de Venezuela “Manuel Trujillo Durán”, con sede en Caracas. Esta universidad está orientada exclusivamente a las artes audiovisuales. Ofrece carreras, diplomados y cursos enfocados en producción audiovisual, cine y televisión.

“En el país existe una oferta sólida para canalizar el deseo de aprender cine. Tienes instituciones y profesores, la diferencia la hará el interesado. Pienso que eso es así en cualquier elección profesional”, destaca Angarita.

DIRECTORES CON SELLO ZULIANO

El Zulia ha sido cuna de cineastas que han aportado una mirada única al cine venezolano, desde el documental hasta el thriller psicológico:

SAMUEL HENRÍQUEZ: Nacido en Maracaibo en 1980, graduado como comunicador social en la Universidad Católica Andrés Bello en Caracas, se formó como director en Nueva York y en el Instituto Lee Strasberg. Su obra incluye Entre sombras y susurros (2012), un documental íntimo, y Km 72 (2015), un thriller que explora la oscuridad humana.

CARLOS CARIDAD MONTERO:  Su formación y sensibilidad están profundamente ligadas al Zulia. Fundador de Nomenclatura Films, ha dirigido cortos como Tarde de Machos y largometrajes como 3 Bellezas (2014), una sátira sobre la obsesión por los concursos de belleza.

Foto/José López

IONESCO TROCONIS: Documentalista, empresario audiovisual y productor cinematográfico de Zulia, Venezuela, conocido por su trabajo en cine y televisión, y por ser el nuevo presidente del Consejo Directivo del Centro de Arte Lía Bermúdez (CAMLB).

Foto/José López

REGULO RINCÓN: Productor y promotor del cine de autor en la región, ha sido clave en la formación de nuevos talentos y en la creación de espacios para el cine independiente.

Foto/José López

AUGUSTO PRADELLI: El cineasta que retrató el alma del Saladillo

El director zuliano Augusto Pradelli dejó una huella indeleble en la historia del cine regional con su ópera prima Jóligud (1990).

 FUTURO DEL CINE ZULIANO

A pesar de los desafíos económicos y tecnológicos, el cine en Zulia sigue creciendo. La región ha sido sede de festivales, cineclubs universitarios y proyecciones comunitarias. El CNAC ha apoyado proyectos locales, y el cine móvil ha llevado películas a comunidades sin acceso a salas tradicionales.

Además, el auge del cine de autor y el uso de plataformas digitales han permitido que cineastas zulianos lleguen a públicos internacionales. Documentales, cortometrajes y ficciones siguen saliendo de esta tierra de luz, gaitas y talento.

Epílogo: Zulia, tierra de cine

El cine zuliano no es solo una industria en potencia, es una expresión de resistencia, de amor por la tierra, de narrativas que merecen ser vistas. Desde el Teatro Baralt hasta Cabimas, pasando por las calles de Maracaibo, el Zulia sigue escribiendo su guion con pasión y creatividad. Y aunque aún no ha llegado el gran estreno, los protagonistas están listos. Solo falta que el mundo mire hacia Occidente.

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