CUANDO LA TIERRA NOS RECUERDA LO ESENCIAL

por Mileydi Piña
PEDRO DUARTE

POR:  DR. PEDRO DUARTE

Venezuela, tierra de una belleza privilegiada, de montañas, llanos, selvas y mares, pero, sobre todo, de gente noble y solidaria, ha sido golpeada en los últimos días por una serie de acontecimientos naturales que han dejado una profunda huella en el corazón de la nación.  Los fuertes movimientos sísmicos, superiores a magnitud 7, que afectaron especialmente a los estados La Guaira, Aragua, Miranda, Carabobo y Falcón, junto con las intensas lluvias que también han causado estragos en Portuguesa y otras regiones, nos recuerdan la fragilidad de la condición humana frente a la inmensidad de la naturaleza.

Esperamos que estos fenómenos respondan exclusivamente a las dinámicas naturales de nuestro planeta. El mundo entero ha sido escenario, en los últimos años, de terremotos, inundaciones, erupciones volcánicas y otros eventos de gran magnitud. La naturaleza nos habla con un lenguaje que exige prudencia, respeto y reflexión.

El dolor más grande no se mide en edificios derrumbados, carreteras destruidas o pérdidas materiales. Muchos de esos inmuebles fueron construidos hace décadas, en distintas épocas de nuestra historia nacional. La naturaleza no distingue ideologías ni gobiernos; cuando se manifiesta con esta fuerza, pone a prueba a toda la sociedad. Por ello, más que buscar culpables donde no los hay, corresponde ofrecer ayuda, trabajar unidos y concentrar nuestros esfuerzos en salvar vidas.

Lo verdaderamente irreparable es la pérdida de seres humanos. Niños, jóvenes, adultos, ancianos y familias enteras sorprendidas por la tragedia; también animales que compartían el hogar con sus dueños. Detrás de cada víctima existía una historia, un proyecto de vida y un inmenso amor.

Como escribió Séneca: «No es que tengamos poco tiempo, sino que perdemos mucho.» La tragedia nos recuerda que la vida es el bien más precioso que poseemos.

También resuenan las palabras del Evangelio: «Velad, porque no sabéis ni el día ni la hora» (Mateo 25,13). No como una invitación al miedo, sino a vivir con sentido, reconciliados con Dios y con nuestros hermanos.

Hoy no es tiempo para el fanatismo ni para las divisiones. Es tiempo de unidad. Es tiempo de tender la mano al hermano que sufre. Es tiempo de comprender que, mientras los especialistas realizan las labores de rescate con equipos sofisticados y protocolos indispensables para preservar vidas, la mejor colaboración que podemos brindar es permitirles hacer su trabajo con orden, serenidad y confianza.

Nuestro reconocimiento a los rescatistas, médicos, enfermeros, cuerpos de seguridad, voluntarios y a todos los hombres y mujeres que trabajan sin descanso para rescatar a quienes aún pueden ser encontrados con vida. De igual manera, expresamos nuestra gratitud a los países amigos que han enviado ayuda humanitaria, alimentos, medicamentos, equipos especializados y personal de apoyo. La solidaridad siempre será el rostro más hermoso de la humanidad.

Estos acontecimientos representan un cambio profundo para toda Venezuela. De una u otra forma, todos hemos sido tocados por el dolor. Sin embargo, también todos podemos hacer algo: orar, ayudar, donar, acompañar y mantener viva la esperanza. Que todo aquello que aún pueda ser rescatado sea rescatado; que cada vida salvada sea motivo de alegría y de gratitud.

Que Dios cuide y bendiga a Venezuela. Que fortalezca a quienes lloran la partida de sus seres queridos, conceda pronta recuperación a los heridos y proteja a todos los que, con valentía y espíritu de servicio, continúan trabajando día y noche entre los escombros para devolver esperanza a tantas familias.

Concluyo con una profunda reflexión del emperador y filósofo Marco Aurelio, que hoy adquiere un significado especial: «Lo que no beneficia al enjambre, no beneficia a la abeja.» Que esta tragedia nos recuerde que solo unidos, con solidaridad, humildad y amor al prójimo, podremos levantar nuevamente a nuestra amada Venezuela.

 

«La solidaridad es mucho más que algunos actos esporádicos de generosidad; es pensar y actuar en términos de comunidad, de prioridad de la vida de todos sobre la apropiación de los bienes por parte de algunos.»

Papá Francisco

 

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