El Alquimista del Cine Cabimense

Con el corazón sembrado en Cabimas, tierra costera donde el sol se filtra entre los manglares que rodean sus costas y la fe se respira como el aire, el cineasta Néstor “Kiki” Villalobos, director y productor de la nueva película Creer o Morir, sueña con firmar historias que despierten, que trasciendan, que sanen; y que más que su tierra natal para comenzar a hacer realidad su sueño. 

por Noris Hernández

Néstor “Kiki” Villalobos, formado en la Congo Films School de Bogotá como director de fotografía, y en la reconocida TAI-Escuela Universitaria de Artes de Madrid; nos demuestra con sus realizaciones cinematográficas que su mirada es más que técnica: es espiritual. Cada plano que compone parece dictado por una intuición superior, como si el lente fuera un tercer ojo que revela lo invisible.

En Creer o morir, su más reciente obra, Villalobos convierte la adversidad en fe. La historia de David, interpretado por Omalbito Rojas, un niño que enfrenta el desarraigo tras la partida de su madre, se convierte en una metáfora viva sobre el poder de creer cuando todo parece perdido. La abuela Nasha, interpretada por Rosario Prieto, no es solo un personaje: es un símbolo de la memoria ancestral que sostiene al alma en tiempos de oscuridad.

“Estar dentro del cine español ha curtido mi alma de cineasta”, asegura Villalobos, con relación a que el éxito o el crecimiento profesional van siempre ahilados al esfuerzo con preparación.

UN DIRECTOR CON ALMA DE MÉDIUM

Para Villalobos, el cine es un acto místico. “Estamos llamados a inspirar y levantar una nueva generación de cineastas conscientes, capaces de plasmar historias que transformen vidas”, afirma el director. Su productora, Despertar Studios, no es solo un espacio de creación, es un templo donde se forman nuevos narradores que entienden el arte como servicio espiritual.

“Mi idea es volver para sembrar todo el amor que siento por Cabimas, y esta película es un paso hacia ese sueño. Sé que la fuente de este sueño, tanto mío como el de Rebeca Oria, la guionista de esta hermosa historia; es Dios. Ha habido conexiones inexplicables, colaboraciones naturales, como los niños de la comunidad que se unieron para actuar en la película de forma casual, y lo hicieron maravillosamente. Soy de los que piensan que todos le debemos algo al país, y nosotros con esta película contribuimos desde la fe, desde un despertar de conciencias; con ese deber”, explicó.

Cada escena de Creer o Morir está impregnada de una estética íntima, casi sacra. El uso de la luz candente y sanadora de las costas cabimenses, los silencios, los gestos mínimos, todo está al servicio de una narrativa que abraza.

En esta historia no hay artificios ni grandilocuencias: hay verdad. Una verdad que brota desde lo más profundo del alma de sus creadores y de sus locaciones.

Fue un propósito divino lo que lo llevó a terminal su sueño de rodar Creer o Morir en Cabimas, su tierra. “Fue un proyecto que nació cuando yo no estaba bien emocionalmente, vine a Cabimas desde España a sanar y aquí encontré un maravilloso propósito de vida. Rebeca me presentó este guion que me atrapó de inmediato, por lo que me regresé a España decidido a rodar mi película. Contacté un equipo español para la producción, y luego de dos años sin poder avanzar, estuve a punto de rendirme; pero en ese momento volvió a ocurrir algo mágico. El mismo día que llamé a Rebeca para retirarme del proyecto, en la madrugada, recibí la llamada que hoy nos tiene aquí, estrenando la película en España, y adelantando todos los trámites necesarios para que la puedan disfrutar también en Venezuela”.

 CABIMAS COMO ESCENARIO SANADOR

Villalobos no escoge locaciones: las consagra. Cabimas, la ciudad que lo vio nacer ese 21 de diciembre de 1984, y que lo signó con la llama del amor por sus raíces, por su gente, no es solo el telón de fondo de sus historias, sino el protagonista invisible. En sus manos, el estado Zulia, en especial Cabimas, se convierte en un universo simbólico donde la fe, la familia y la resistencia se entrelazan como hilos de un tapiz sagrado.

Sin embargo, Villalobos busca también con su empeño en desarrollar este tipo de historias, que el cine sea visto desde otra perspectiva, que no solo cuente historias sino que transforme, que inculque valores y que sea de calidad; y para eso hay que prepararse. “Tenemos que dejar atrás ese cine de guerrilla que se acostumbra a realizar en Venezuela, cambiándolo por un cine de valores con apoyo público y privado; porque  es duro para los cineastas sacar adelante sus producciones cuando el apoyo financiero es irrisorio en el país”.

Para “Kiki” Venezuela es tan fructífera para la cinematografía nacional, que hasta las locaciones son naturales, espontáneas, están allí solo esperando que se escuche una voz que diga acción, para brotar talento, paisaje, escena.

Villalobos asegura que no hay que olvidar que los sueños siempre tienen que ir ligados a la resistencia, y esto no es solo en el cine, es en todos los aspectos de la vida,

Otra sueño que espera cumplir pronto, es realizar un gran encuentro cinematográfico con sede en Cabimas, donde asistan los grandes protagonistas del cine nacional.

CREER O MORIR: EL CINE COMO ACTO DE FE

Creer o morir es una cinta que invoca sanación, despertar, pero sobre todo creer que los propósitos existen y que son transformadores. Esta película, que Kiki la siente como un llamado de Dios, es una invitación a mirar hacia adentro, a sabiendas que incluso en la ausencia, hay presencia. Que el cine puede ser un espejo del alma, un susurro divino, una oración visual.

Néstor “Kiki” Villalobos nos recuerda que el verdadero arte no se crea, se revela para transformar, inspirar y encender conciencia, pero también nos recuerda que cineastas talentosos y perseverantes como Néstor Kiki Villalobos son los que representan el poder de nuestro cine nacional.

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