PRIMER ACTO: EL ORIGEN DEL CINEASTA
En el corazón del Zulia, donde el Lago de Maracaibo respira historia y el relámpago del Catatumbo ilumina las noches con su luz ancestral, nació Ionesco Troconis el 6 de septiembre de 1971. Su infancia, marcada por la pérdida temprana de su padre, encontró refugio en las salas de cine. Allí, entre proyecciones y palomitas, se gestó una vocación que no sería pasajera, sino una travesía de vida. “El cine fue mi escape”, confiesa. “Un espacio de conocimiento que me conectó con otras almas que compartían la misma pasión. El cine, para mí, tiene un poder salvador”.

SEGUNDO ACTO: EL DOCUMENTALISTA DE LA MEMORIA
Graduado en Producción Cinematográfica en UNEARTE, Ionesco no filma por moda ni por industria: filma por la necesidad de contar historias de la humanidad.
Cada obra suya es una excavación arqueológica en la memoria colectiva. Su trilogía sobre el petróleo —Nuestra historia, nuestro petróleo, De las perlas al petróleo y La huelga olvidada de 1936— no es solo cine, es historia viva. “Busqué en librerías, con coleccionistas de postales, en anticuarios. Fue un proceso de investigación que se convierte en obsesión”, relata.
Su lente se posa sobre los invisibles, los vencidos, los olvidados. En Añú, la invisibilidad de los vencidos y La Batalla Naval del Lago. Para Ionesco el Zulia no es solo escenario, es protagonista.
Sintiendo un profundo arraigo por su tierra Ionesco afirma con convicción, que “El cine puede y debe contar las historias de nuestra gente y de nuestro espacio geográfico”.
Del Zulia y de Venezuela resaltó a esa gente y esa geografía mágica para contar buenas historias. “Cada recorrido, ya sea en una lancha en el Lago de Maracaibo buscando el relámpago, o en la carretera conociendo a un criador de tortugas; o en la Sierra de Perijá, donde una de sus comunidades cree que su diosa es mujer y que ellos son hechos de caña brava. O en la laguna de Maracaibo, donde sus habitantes creen que en el fondo hay una serpiente gigante que evita que el lago se vaya por un agujero. O cómo un obrero petrolero ciego cuenta que fue torturado para delatar a sus compañeros y resistió; hay un descubrimiento”.

TERCER ACTO: MARACAIBO COMO MUSA
Maracaibo no es solo su ciudad natal: es su personaje recurrente. En Venite pa’ Maracaibo, el film de Carlos Daniel Alvarado, que Ionesco produjo, la retrata como un set vivo, vibrante, donde el talento local florece.
“Ser cineasta es como un viaje de documentación permanente. Cada película te deja marcas, no solo profesionales, sino personales. Es un ejercicio de crecimiento constante. Me centro en los detalles, en lo que a menudo pasa desapercibido, porque ahí es donde se encuentra la verdad. Mi compromiso con la obra es total. Y esta determinación es lo que, al final, distingue a un cineasta”, agregó a su conversación.
Destaca Troconis que el cine se nutre de la realidad y de nuestras obsesiones, por eso constantemente conecta alguna experiencia personal con sus producciones.
Hoy, desde la dirección del Centro de Artes de Maracaibo Lía Bermúdez, su misión es clara: convertirlo en un epicentro de conocimiento, un puente entre el arte y la academia. “El arte no solo es una expresión creativa, es un vehículo de transformación”, dice, con la mirada puesta en la formación de nuevos talentos.
“Mi gestión se centrará en la educación y en la creación de alianzas con universidades y el sector empresarial. El arte necesita un ecosistema de apoyo para su crecimiento y para demostrar su impacto en la sociedad”, explicó.

CUARTO ACTO: EL SABIO Y EL RELÁMPAGO
En 1997, en Estocolmo, Ionesco conoció al Dr. Humberto Fernández Morán, cuando era productor y camarógrafo con el periodista Enrique Rodríguez Mota y su esposa, la productora Rossana Cubillán Mármol. Aquel encuentro sembró una semilla que germinó 28 años después en una serie y un largometraje documental sobre él, gracias a una convocatoria que ganó con el Ministerio de Ciencia y Tecnología, y otra con el CNAC (Centro Nacional de Cinematografía).
“Durante el rodaje investigando llegué a espacios donde el Dr. Humberto había estado y allí realicé varias de las entrevistas. Estos edificios, ahora en estado de precariedad por el paso del tiempo, están en el centro de Maracaibo”.
También estuvo en el Panteón Nacional cuando llevaron las cenizas del científico zuliano a ese lugar.
Troconis dice haber llegado a colarse por puertas rotas en edificios del centro de Maracaibo, en busca de esas locaciones que su mente de documentalista había visualizado. “El centro de Maracaibo es un escenario inagotable de historias, un espacio que siempre me sorprende y es, en sí mismo, un personaje cinematográfico”.
Ionesco Troconis actualmente trabaja en otro documental sobre el relámpago del Catatumbo, donde la tormenta no solo fue parte del guion, sino del rodaje mismo. “Mi ‘¡Eureka!’ no fue la toma perfecta sino haber sobrevivido”, dice entre risas, evocando el momento en que pidió una hamaca para recostarse a contemplar el cielo despejado después de sortear la tormenta que casi hunde la embarcación que utilizaba para firmar los relámpagos del Catatumbo para su documental.
“Soy perseverante a la hora de sacar adelante mis historias. Primero, la idea, luego el guion o la escaleta en mi caso, para luego buscar el financiamiento: un proceso necesario de tocar puertas, de tomar café y de construir relaciones de confianza. Luego están los concursos y los fondos, que son una parte fundamental de la viabilidad de cualquier proyecto”, indicó.
En cuanto a la visión que tiene de su obra, dice que surge de un proceso casi onírico. “Sueño con las imágenes que quiero para el proyecto, y a veces, la realidad se confunde con la imaginación. La observación es crucial: un día veo unas iguanas y sé que deben ser parte de la infancia del Dr. Fernández Morán. Los detalles, por pequeños que sean, construyen una historia”.
Ionesco asegura que aún el cine venezolano no ha ofrecido una posibilidad de cambio de mentalidad al venezolano, pero se sigue trabajando en ello.

QUINTO ACTO: EL CINE COMO LEGADO
Ionesco no está solo en esta travesía. Su esposa, Rita González, es documentalista y su hijo de 8 años ya se autodefine como actor, “por ahora”, porque cuando crezca dice que será cineasta como sus papás. El cine corre por sus venas.
Su mensaje a las nuevas generaciones es claro: “Lo que hoy les parece una tragedia, mañana será una historia para contar. Sean constantes, creen un plan de rodaje para su vida y apéguense a él”.
“Seguimos y seguiremos de pie haciendo cine, llevándolo a festivales, alentando a nuestros jóvenes desde nuestras aulas de clase, haciendo cine y más cine”, afirma con la pasión intacta y queriendo ser recordado como un apasionado del cine en todas sus expresiones, además de alguien que siempre apoyó la creación cinematográfica, que amó a Maracaibo y a Venezuela con la misma intensidad.
En cuanto a los objetivos de esta Edición Aniversaria, que es mostrar el desarrollo del cine venezolano desde que su proyectaron las primeras imágenes en movimiento en el país, Troconis cree que es una lectura incorrecta creer que el cine zuliano y nacional no ha alcanzado un desarrollo relevante en la cinematografía mundial a lo largo de los años. “La lista de películas en festivales es cada vez más extensa y nuestros cineastas continúan creciendo. Estamos en un avance constante. Aquí seguimos y seguiremos de pie haciendo cine, llevándolo a festivales, alentando a nuestros jóvenes desde nuestras aulas de clase, haciendo cine y más cine”, afirma con la pasión incólume.
Según Ionesco, la Inteligencia Artificial es un avance innegable, pero su uso conlleva un debate ético. “Es una herramienta, no el alma de la creación”.
La historia lo ha demostrado, no cualquiera puede hacer cine de la mano de las nuevas tecnologías: cuando se inventó la máquina de escribir, no todos se convirtieron en escritores. El talento y la disciplina siempre serán esenciales.

MAESTROS DE TRAVESÍA
Para Ionesco, quien admira el cine desde que muy joven observó con un brillo indescriptible en su mirada la película Popeye (1980) de Robin Williams, en el cine 5 de Julio de Maracaibo, ya cerrado y que para ese entonces administraba uno de sus tíos; los maestros son hitos de la historia, por eso no olvida a ninguno de los que formaron parte de su historia.
Wong kar wai, Kristof kieloski, Sarunas Bardas, Guy maddin, Guy Ritchie, Walter Salles, Werner Wezog, Jhon Ford, Terrence Malik, Jean pierre-jeunnet, Marc Caro, Xavier Dolan, Sergio Leone, Clint Eastwood, Gus van sant, Paolo Sorentino, Nadine Labaki, Klever Mendoca Filho, Fatih Akin, Peter Grenaway, Alan Parker, Wim Wenders, David Cronenberg, Theo Angelopulus, Park chang-wook, Tom Ford, Terence Davies, Giuseppe Tornatore, Paul Tomas Anderson, Abel Ferrara, Jim Jarmush, Hayao Miyazaki, Stanley Donen, Marco Belocchio, Jia Shangke, Sarunas Bartas, Glauber rocha, Ernesto Ardito, Virna Molina, Bong joon Ho, Denis villenueve, David fincher, Ridley scott, Stanley kubrich, Jia Shangke, Alejandro González iñarritu, Nicolás winding Refn, Andrew Dominik Orson Welles y Ron Frike

EPÍLOGO: EL MAESTRO Y EL DISCÍPULO
Luis Alberto Lamata, recientemente fallecido, fue para Ionesco más que un referente: fue un maestro. “Con él, uno no solo hablaba de cine, sino que aprendía de la vida. Escuchaba con atención a los jóvenes, validaba sus ideas y siempre ofrecía una mirada amable y un consejo oportuno”.
“Defendió mi proyecto de documental 1936, la huelga petrolera olvidada, cuando otros miembros del jurado no lo veían,y su voto fue decisivo. En Maracaibo lo respetamos y quisimos”, dice con gratitud, seguro de que Lamata deja un gran legado para las nuevas generaciones del arte audiovisual del Zulia y del resto del país.
CRÉDITOS FINALES: EL CINE COMO CAMINO
La película que marcó su vida fue In the Mood for Love, de Wong Kar-wai. No es casual: como ese filme, su cine está hecho de atmósferas de amor por su Maracaibo, de silencios que hablan, de memorias que resisten.
Y así, mientras rueda “Maracaibo también sueña”, su documental más íntimo y personal sobre la ciudad, Ionesco Troconis sigue contando historias, porque para él, el cine no solo salva: también sueña a través del lente y el encuadre de sus cineastas.
