“Todo empezó en la que fue mi primera escuela; la Fundación Rajatabla en Caracas, donde además de formarme participé en varios montajes de la compañía, junto a maestros como Rufino Dorta. Al terminar mis estudios allí, me fui a Buenos Aires a seguir formándome y después de casi seis años viviendo en Argentina, decido trasladarme a Madrid, donde finalmente decido apostar por mi carrera y dedicarle el cien por cien de mi tiempo. Dejé mi trabajo y me arriesgué. Rider, mi primer protagónico llega meses después de tomar esa decisión. Y aquí estoy, me sigo formando y sigo haciendo muchos castings, sigo buscando la cristalización de mis sueños todos los días”, sostiene la joven actriz para explicar su camino hacia el lugar donde está ahora y cómo ha ido desarrollando su carrera como actriz de cine.

DE PUNTA DE MATA AL CINE EUROPEO
Nacida el 2 de septiembre de 1990 en Punta de Mata, estado Monagas, Mariela creció inventando mundos en solitario que luego se convertirían en personajes.
“Mi amor por la actuación nació en mí desde muy pequeña. Soy la menor de siete hermanos así que me tocó jugar sola, porque todos estaban más grandes que yo, y creo que cuando jugaba ya estaba actuando. Me inventaba historias con las que podía estar jugando todo el día. Frente al espejo me gustaba imaginarme discusiones y dramas donde hasta lloraba. Y cuando comencé a estudiar y a recibir clases de teatro en Caracas, supe que era lo que quería hacer”, dijo al referirse a cómo nace tu amor por el séptimo arte.
¿TE VISTE EN ALGÚN MOMENTO EN EL LUGAR DONDE ESTÁS?
Si, siempre que me sentía triste, cansada, y a veces derrotada por tantas circunstancias que se vive siendo migrante, me decía a mí misma “esto va a pasar” y me imaginaba un poco, sí, lo que ahora estoy viviendo.
“Ahora mismo estoy con proyectos de anuncios publicitarios. Con ganas de buscar representación en Latinoamérica, porque me gustaría hacer ficción en mi país y en otros países deL Continente. Y claro esperando que con el trabajo que hice en Rider, pueda tener un poco más de visibilidad en la industria española”, comentó Mariela sobre sus proyectos después de Rider.

MIGRAR PARA ACTUAR, ACTUAR PARA MIGRAR
Antes de llegar a España, Mariela enfrentó la dureza de la adaptación, la soledad y, como ella misma confiesa, el hambre durante sus seis años trabajando y estudiando en Buenos Aires. Pero nunca soltó su sueño. Ya en Madrid, dejó un empleo estable para dedicarse por completo a la actuación. En menos de un año, esa apuesta la llevó al papel protagónico en Rider, dirigida por Ignacio Estaregui.
¿CÓMO LLEGASTE A ESE PROTAGÓNICO?
Una compañera de un taller de interpretación que había hecho, me escribe un día y me dice que uno de sus profes de cine estaba buscando una actriz latina para su nueva película, y ya con ese contacto empecé mi proceso de casting, primero envié escenas que preparé y grabé en mi casa, y luego me invitaron a ir a Zaragoza donde también se rodó la peli, y bueno allí hice el casting presencial. Volví a Madrid, y tres semanas después recibí la llamada del director donde me confirmaba que estaba en el proyecto.

FÍO: UNA RIDER CON ALMA MIGRANTE
En Rider, Mariela interpreta a Fío, una joven estudiante que trabaja como repartidora nocturna para sobrevivir. La película, rodada en tiempo real, muestra su lucha por mantener la dignidad en medio de la precariedad, la presión económica y un encargo que pone en riesgo su vida. Para prepararse, Mariela entrenó físicamente con boxeo y gimnasio, y emocionalmente se sumergió en el dolor y la esperanza de su personaje.
¿CONECTASTE TU EXPERIENCIA DE MIGRANTE A TU PERSONAJE DE “FIO” EN RIDER?
Totalmente, cuando eres migrante tienes una cantidad tan diversa de vivencias que fueron muchas de ellas las que usé para preparar a mi personaje “Fío” en Rider.
Esto le permite interpretar personajes como Fío en Rider con una autenticidad conmovedora, porque no necesita imaginar el dolor: lo ha sentido.
Para Mariela Martínez, la migración no ha sido solo un cambio geográfico, sino una transformación profunda que ha moldeado su sensibilidad como actriz. Ella misma lo describe como “la experiencia más transformadora” de su vida.
Su actuación no solo entretiene, también denuncia, inspira y humaniza.
El proceso migratorio la obligó a adaptarse, a reinventarse y a persistir en medio de la adversidad. Esa resiliencia se traduce en una presencia escénica poderosa, capaz de sostener papeles exigentes física y emocionalmente.

EL CINE VENEZOLANO MERECE MÁS
Con el estreno de Rider, Mariela sueña con trabajar en Latinoamérica, reconectar con su país y seguir contando historias que importan. Porque como ella misma dice: “Si estamos juntos, todo va a estar bien en algún momento”.
Para que el hecho cinematográfico ocurra en Venezuela, tiene que haber detrás una industria que sea respetada y apoyada por el país, (gobierno que sea) y una inversión pública principalmente que apoye. Nuestro cine ha tenido que pelear para no desaparecer y no tendría que ser así. Debería ser considerado y tratado como un pilar más de nuestra cultura, y nuestro desarrollo como país. Y no como un hecho de supervivencia.
¿CÓMO VES EN ESTOS MOMENTOS LA CINEMATOGRAFÍA VENEZOLANA?
Justo ayer, un día antes de esta pregunta, veía “Hambre” película de la directora venezolana Johanna Nelson. Creo que nuestro cine crece en momentos de mucha incertidumbre y crisis de nuestro país. Es importante que nuestro cine cuente la realidad de una época, porque es nuestra historia. Aún así, es un cine que tiene que pelear tanto su existencia, que me parece injusto que siga siendo así, porque hay mucho talento y sé que podemos contar tantas historias, pero si tiene que luchar tanto por sobrevivir no llega a desarrollarse por completo como podría hacerlo si tuviera más a favor.

MÁS QUE UNA ACTRIZ: UNA VOZ PARA LOS MIGRANTES
Mariela no solo actúa, también inspira. Su historia es un testimonio de resiliencia, de cómo el arte puede ser un espejo de la vida. Rider no es solo su debut como protagonista, es también una carta de amor a quienes migran, a quienes luchan, a quienes no se rinden.
La migración no solo ha influido en su carrera: la ha definido. Mariela actúa con el cuerpo, pero también con la memoria, con las cicatrices y con la esperanza de quien ha cruzado fronteras para perseguir un sueño.
Cuál sería tu mensaje a las nuevas generaciones de actores/actrices, directores y guionistas venezolanos que, como tú, trabajan duro por abrirse paso en el exterior, y con ello dar a conocer el talento de esta tierra con tanta historia por contar en la gran pantalla.
Seguir y seguir. Prepararse, y nunca pensar que, porque no estemos haciendo, viviendo de nuestro sueño no somos artistas. No hace falta un contrato para ser lo que somos, sigamos creando, sigamos formándonos y que la oportunidad nos encuentre preparados.
ALGO QUE RECUERDES DE VENEZUELA.
El pabellón de mi mamá. Ir de camino a La Guaira y pararnos a comer empanadas bien tempranito antes de llegar a la playa. Recuerdo la plaza de Rajatabla, el Teresa Carreño. Y la cocada que te tomabas bajando del Ávila.
SUS RECOMENDACIONES CULTURALES
Lean mucho, vean películas, en particular les recomiendo El Eternauta, la adaptación de Cien años de soledad en Netflix, y el libro Normal People. Historias que exploran la sensibilidad y la profundidad humana.