INTERIOR SALA DE MONTAJE – TARDE
Una vieja moviola gira lentamente. Cintas de celuloide cuelgan como telarañas de recuerdos. En el centro, Régulo Rincón, con mirada serena y manos marcadas por años de edición, observa una escena de su infancia proyectada en blanco y negro. La voz en off comienza:“Tras la puesta del sol, el las costas de los Puertos de Altagracia nació un hombre que decidió filmar el continuismo del Cine.”

PRIMER ACTO: EL LLAMADO DE LA CÁMARA
Corría la primera mitad de los años ochenta. La Escuela de Comunicación Social de la Universidad del Zulia se convirtió en un set de rodaje permanente. Ricardo Ball, recién llegado de Nueva York con un posgrado en cine y varios proyectos en mente, aterrizó como director de la escuela y encendió la chispa. Con él, un grupo de jóvenes, entre ellos Régulo Rincón, se sumergió en una vorágine creativa que dio vida a 22 cortometrajes en apenas dos años.
Rincón no solo fue testigo de cómo se iba edificando su obra cinematográfica, fue también uno de sus protagonistas, y desde muy joven entendió que el Zulia no necesitaba efectos especiales: bastaba con capturar su esencia.
Se formó en todos los talleres que Ball organizó: producción, dirección, maquillaje, fotografía, actuación… pero fue la continuidad cinematográfica, dictada por Henry Ramírez, la que lo secuestró para siempre. Allí, entre hojas de script y planos secuencia, descubrió su vocación.

SEGUNDO ACTO: EL OFICIO COMO ESCUELA
Régulo se convirtió en continuista por convicción. Fabricó su propia hoja de continuidad, entendiendo que el arte de mantener la coherencia visual no era solo técnica, sino narrativa. Su mirada abarcaba desde la utilería hasta la dirección de fotografía. Esa sensibilidad lo llevó a trabajar en “Jóligud”, el primer largometraje marabino, bajo la dirección de Augusto Pradelli. Luego vinieron colaboraciones con Olegario Barrera, y otros proyectos junto a su maestro Ricardo Ball, como “Piragua del Sur”, donde además hizo casting y dirección de arte.
Haber trabajado en la película de Ball fue, según sus propias palabras, “una cosa maravillosa”. Allí compartió escena con Tomás Enrique, Alejo Felipe, Aníbal Grunn y otros actores regionales que dieron vida a la historia.
Régulo ha compartido plano con gigantes: Román Chalbaud, Ricardo Ball, Augusto Pradelli, Patricia Ortega; y con muchos otros cuyos nombres se le escapan, pero cuya huella permanece. “Soy de este lado”, dice. “Soy de la cultura”.
Por eso está en la plástica, en la cinematografía, en las fiestas de San Benito. Porque aunque el tema sea religioso, también es narrativo, visual, simbólico. Es cine. Y Régulo Rincón lo ha sabido filmar como nadie.

TERCER ACTO: DEL CELULOIDE AL PIXEL
Con Patricia Ortega, Régulo vivió el cambio de era: del celuloide al cine digital. Participó en tres de sus primeros proyectos, adaptándose al nuevo lenguaje con la misma pasión de siempre. La posibilidad de ver y corregir en tiempo real lo fascinó, pero nunca perdió el respeto por la magia del cine tradicional.
También fue pionero en el canal 11, donde trabajó en dirección de arte y continuidad para espacios dramáticos. Y como todo cineasta que entiende que el aprendizaje no tiene corte final, se convirtió en docente universitario. Por 21 años impartió clases de cine en la Universidad Cecilio Acosta. En la actualidad ofrece clases en la Escuela de Artes Visuales de la Universidad del Zulia, y en el Colegio Bellas Artes, además de dictar postgrados en la Universidad Experimental Rafael María Baralt.

CUARTO ACTO: EL DOCUMENTAL COMO ESPEJO
Rincón encontró en el cine documental su verdadera voz. Dirige la Fundación Manuel Trujillo Durán y durante casi dos décadas organizó el festival homónimo. Pero su visión iba más allá: fundó el Festival de Cine de Maracaibo, dedicado exclusivamente al documental, un género que considera esencial para mostrar la realidad de nuestro entorno tal y como es.
Para él, el documental no es reportaje. Es lenguaje, es forma, es verdad. Y por eso creó talleres para formar documentalistas capaces de construir relatos con ética y estética.
Rincón recuerda que muchos de sus compañeros de aquellos talleres impulsados por Ricardo Ball, hoy dirigen productoras en Estados Unidos: José Ferrebus, Ángelica Taborda, Gonzalo Parra, José Maya, Angelmis, Berrueta, Claudio Ocando, Lili Bermúdez, Toni Romero; nombres que se proyectan más allá del plano zuliano.
Y en ese viaje, Régulo ha conocido cineastas como Rubén Casalins, joven director colombiano que organiza un festival en Barranquilla dedicado exclusivamente al cine hecho con teléfonos celulares. También ha trabajado con Rita Elena Ávila, directora del CineClub Universitario de LUZ y aliada en el Festival Manuel Trujillo Durán.

QUINTO ACTO SOLVEIG HOOGESTEIJN: PROYECTO OTROS OJOS
Régulo Rincón hace valer su lado de continuista y se embarcó junto a la cineasta venezolana de descendencia sueca, Solveig Hoogesteijn, directora de importantes producciones como Macu: la mujer del policía(1987) y Maroa (2006); en un interesante proyecto “Otros Ojos”, auspiciado por Francia para incentivar la cinefilia en el Mundo.
“Esta excelente directora, antes tenía un proyecto llamado Cine Chamos, ahora saca adelante este nuevo proyecto “Otros Ojos”, con el que se busca enseñar a los niños y jóvenes a observar el cine, a ver el cine de otra manera, tratar de rescatar la observación del cine en las salas de cine”, indicó Rincón.
Régulo explica que se trata de un proyecto internacional. “Francia está interesada también en rescatar lo que significa el cine en el mundo, ya que Francia es la cuna del cine, y a través de sus Embajadas está llevando acabo esta maravillosa iniciativa”.
Régulo y Solveig recibieron formación sobre este proyecto por medio de la Embajada francesa en Bogotá, Colombia, como parte de la convocatoria a los cines andinos: Bolivia, México, Colombia y Venezuela. “Nosotros estamos representando Venezuela en Maracaibo llevando el proyecto Otros Ojos a las escuelas más necesitadas de la Región.
Desde cada país Francia impulsa este proyecto, que en el caso de Venezuela, ya pudimos integrar al mismo, al Colegio Fe y Alegría. “La idea es poder hacer feliz a los niños a través del cine, y que puedan observar lo que es el cine latinoamericano o andino básicamente”.
“Francia financia los derechos de autor de las películas y por supuesto que nos mantiene unidos. Nosotros estuvimos en una reunión en Colombia, participando en un taller de formación para poder replicar en cada país este gran proyecto”.
“Lo que estamos haciendo es importantísimo para la formación de las nuevas generaciones de cinéfilos del país.
Cineastas como Régulo Rincón y Solveig Hoogesteijn siguen dando la batalla desde todos los flancos, educando, incentivando, trabajando, creando, todo con el objetivo firme de tener un cine de altura que se nivele con cualquier cine del mundo, destacando que cada vez hay más películas venezolanas entran en festivales de cine. “A mí, por ejemplo, para nada me interesa el Oscar, el Oscar es un show, pero bueno, me interesa un Goya, me interesa el Festival de la Palma, o sea, me interesan esos festivales donde uno está por lo menos garantizando que tu película realmente tiene un excelente nivel”.

SEXTO ACTO CLÍMAX: LA HUELLA DE SAN BENITO
En 2007, Régulo estrenó su ópera prima documental: La huella de San Benito, el Santo Negro en Cabimas. Más que una película, fue una celebración. Más de tres mil personas abarrotaron la plaza de San Benito en Ambrosio. Al terminar la proyección, los chimbangueles tomaron la calle en una fiesta que parecía salida de la pantalla. El filme fue dedicado a Juan de Dios Martínez, su mentor y guía.
Relata Régulo que la grabación fue una carrera contra el tiempo. Un solo día para capturar la esencia de una tradición centenaria. Rincón dirigió cámaras, coordinó equipos, confió en tres directores de grabación adicionales y terminó haciendo lo que él llama “un máster”.
En la edición, Ionesco Troconis de Mestizo Producciones le dio forma al relato, junto a Yanilú Ojeda (hoy radicada en Francia) y Patricia Ortega, que también se sumó al sueño. La Universidad Rafael María Baralt fue el set extendido, el respaldo institucional, el productor silencioso.
En un artículo sobre este prolífero cineasta, escrito por Victoria Martínez Carvajal en la revista de Historia, Geografía, Arte y Cultura Perspectivas de Enero-Junio 2017 de la Secretaria rectoral de la Universidad Nacional Experimental “Rafael María Baralt”; Martínez Carvajal asegura que Régulo Rincón “ha logrado darle a la figura de San Benito una presencia que será determinante a la hora de escribir la historia del arte en la Venezuela de estos tiempos. Ese su santo. Ya no es solo la deidad nuestra que se festeja los diciembres”, ahora es el sello del trabajo cinematográfico del polifacético Régulo Rincón, quien además de documentar sus romerías, lo transforma en color en sus pinturas y siluetea su devoción por él en sus esculturas.
Su película La huella de San Benito en Cabimas no solo fue un acto de creación, sino una ofrenda. El CineClub Universitario de LUZ llevó la muestra al público de la Costa Oriental del Lago, y Régulo, como quien reparte bendiciones, regaló más de 500 discos de la película, donados por el exrector de la Unermb, Víctor Hugo Meriño. “Fue un gesto que convirtió el cine en memoria colectiva”, sostiene Rincón.

SÉPTIMO ACTO SAN BENITO COMO PROTAGONISTA ETERNO
Pero la devoción no se detiene en Cabimas. Régulo sintió el llamado de las aguas azules y viajó a Punta de Palma, en los Puertos de Altagracia, capital del municipio Miranda para registrar la romería acuática más importante del país. Así nació El Santo de Aguas Azules, otro documental que se proyectó al aire libre, frente a una multitud que convirtió la pantalla en altar.
Luego grabó otros documental sobre la producción cultural de la región en el municipio Miranda, tierra que además es su nicho de nacimiento, ya que fue allí donde llegó al mundo el 9 de diciembre de 1961 con la ayuda de una partera, aunque su registro de nacimiento refieran a Maracaibo como su ciudad natal.
Y así, como quien sigue un hilo invisible, Rincón fue tejiendo una serie de obras que giran en torno a San Benito, hasta abrir un museo itinerante sobre el santo, cuya esencia prepara para mostrar en un nuevo largometraje documental.
Rincón también trabaja en un documental sobre los vasallos del sur del lago: Gibraltar, Bobures, Palmarito, San José, San Antonio, Santa María, Tucaní, El Batey; pueblos ancestrales que dieron origen a la tradición sanbenitera de Cabimas. “Somos una diáspora importantísima que vino justamente de allá”, afirma con la convicción de quien sabe que el cine también es genealogía.
En paralelo, produce un documental sobre los Ochoa, familia que inició las fiestas de San Benito en Cabimas a través del abuelo Ramón Ochoa. Es un homenaje a las raíces, a la identidad, a la cultura.

EPÍLOGO: EL PLANO SIGUE RODANDO
Hoy, Régulo Rincón sigue dirigiendo la Fundación Manuel Trujillo Durán y preparando la décima edición del Festival de Cine de Maracaibo. Su vida es una película sin créditos finales, una historia que se sigue escribiendo en cada taller, en cada documental, en cada mirada que aprende a ver el mundo a través de un lente.
Porque si algo ha demostrado este cineasta zuliano es que la continuidad no es solo una técnica: es una forma de vivir el cine. Y él, sin duda, nunca ha cortado su plano.
