El Documental detrás del Lente Universitario

Una calle de Maracaibo, cálida y vibrante. El sol se filtra entre los árboles, y una joven, Rita González, con mirada curiosa entra por primera vez a “la casita”, el Cine Club Universitario de La Universidad del Zulia. No lo sabe aún, pero está a punto de encontrarse con con una pasión efervescente: el CINE.

por Noris Hernández

ACTO I: EL DESPERTAR

Rita González nació el 17 de enero de 1983 en Maracaibo, capital del estado Zulia. Egresada en Relaciones Públicas de la Universidad del Zulia, su formación cinematográfica no vino de aulas convencionales, sino de pasillos llenos de carteles, debates apasionados y proyecciones que cambiaban vidas. Fue en el Cine Club Universitario donde se enamoró del cine. “La casita”, como la llamaban con cariño, fue su escuela, su refugio, su espejo. Allí entendió que quería contar historias, y que el cine sería su voz.

En la actualidad el cine universitario, refiere Rita, es clave para visibilizar el cine venezolano. ”El Cine Club está volviendo a retomar esa ventana crítica que nos permite apreciar el cine desde otra mirada. En esta nueva etapa, en nuestro Cine Club buscamos potenciar la formación cinematográfica en las nuevas generaciones. Iniciando desde casa ( LUZ) y ampliando el espectro a la comunidad extrauniversitaria”.

Aunque no hay un auge notable en el país en cuanto a la producción de películas, Rita cree que este momento crítico que se vive para lograr el financiamiento de los proyectos, puede revertirse explorando otras formas de coproducción. “Salir de la zona de confort siempre nos hará más creativos, por eso se han logrado grandes cosas. Hemos estado en los Festivales de Cannes, Berlín, tenemos un Goya, y muchos otros escenarios de talla mundial ¿Que todavía tenemos mucho por recorrer? Sí, pero trabajamos en ello”.

 ACTO II: LA TRAVESÍA

Rita no solo se convirtió en cineasta, sino en guía. Como docente, ha sido LUZ para jóvenes talentos, acompañándolos dentro y fuera del aula. Como directora de la Extensión de Arte de LUZ y miembro activa del Cine Club, ha tejido puentes entre la academia y la comunidad, apostando por una formación cinematográfica crítica y transformadora.

«Estoy comprometida y agradecida de tener la oportunidad de gestionar proyectos y vivencias en mis funciones tanto al frente del Cine Club como de la Extensión de Arte. Estoy constantemente aprendiendo y creciendo en estás dependencias. Una ha sido mi primera escuela, la otra me ha permitido explorar otras facetas”.

Su estilo es el de quien no abandona el barco. “Soy esa parte de la tripulación que no abandona el barco que se hunde”, dice con firmeza. Su constancia, entrega y ética la han llevado a consolidarse como una líder institucional que apuesta por la excelencia, la innovación y el crecimiento colectivo.

Foto/José López

ACTO III LA ERA DIGITAL EN EL CINE

Rita considera que en la actualidad hay adelantos tecnológicos que pudiesen dar a entender que cualquiera  pueda hacer cine, sin embargo reconoce que la Inteligencia Artificial es una herramienta poderosa para la creación, pero no es la panacea de la cinematografía. “El arte y la creatividad siguen siendo aspectos esenciales en la realización de películas. La IA puede ser una gran aliada, pero no reemplaza el talento humano y la visión artística de los cineastas”.

Para González, no porque tengas un teléfono y grabes un contenido ( funcional para redes) estás haciendo cine. “Pese a que existe una accesibilidad a la tecnología y a recursos educativos en línea que nos permite explorar ciertos aprendizajes, para hacer cine se requiere de conocimientos técnicos, creatividad, habilidades narrativas, y una comprensión profunda de los principios del cine y la narración visual.

 ACTO IV: LA MIRADA DOCUMENTAL

Como documentalista, Rita ha logrado visibilizar comunidades vulnerables, narrar historias que laten con autenticidad y empatía. Sus obras han cruzado fronteras, siendo reconocidas en festivales nacionales e internacionales. Pero más allá de los premios, su cine ha dejado huella en la memoria colectiva con narrativas poderosas y auténticas.

“Me gustaría ser recordada como una líder comprometida y dedicada, que siempre trabajó en pro de la excelencia y el desarrollo profesional de su equipo, mientras que como documentalista, quiero ser recordada por mi empatía con las personas que filmo y mi habilidad para contar historias de una manera auténtica y conmovedora».

Inspirada por películas como Amélie,de Jean-Pierre Jeunet, que marcó su juventud y sigue siendo referencia en su narrativa, Rita construye relatos que celebran lo diverso, lo humano, lo íntimo del cine. Su cámara a documentó a Jacinta uno de sus documentales más premiados en los festivales en los que ha participado.

Rita tampoco puede dejar de lado mencionar a la profesora Rita Elena Ávila (ex directora del Cine Club Universitario), como una influencia marcada en su vida de cineasta, ya que sus primeros pasos hacia las imágenes que cuentan historias fueron bajo su mentoria.

ACTO V: EL PAÍS, LA RAÍZ

Rita habla del Zulia con orgullo. De su gente resiliente, de su capacidad de reinventarse. De Venezuela como una tierra llena de infinitas bondades. “Mi papá siempre me ha dicho: ‘Venezuela es grande’”, recuerda. Ese amor por su tierra la ha mantenido firme, contando historias desde casa, sin abandonar sus raíces.

En tiempos donde hacer cine en Venezuela es un acto arriesgado, Rita aplaude de pie cada iniciativa. “Hacer cine en nuestro país no es tarea fácil, levantar un proyecto, lograr financiamiento, terminar una película, viajar a festivales. Es rudo concretar, pero no es imposible. Y es allí donde cada proyecto toma un valor y una magia tan particular que merecen ser reconocida”.

A los jóvenes cineastas les deja un mensaje claro: “Nunca dejen de creer en ustedes. El camino puede ser desafiante, pero la pasión, la perseverancia y la dedicación son el motor, porque la creatividad florece en la adversidad. Que recuerden que cada proyecto es una oportunidad para crecer”.

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