POR: DR. PEDRO DUARTE
Hace unas noches leyendo un poco y revisando algunos archivos, refrescaba acontecimientos históricos nada agradables, reflexionando un poco del porqué se suscitaron, de los impulsos que los motivaron, cual fue el detonante de todo aquello. Estos pertenecen a tres ámbitos de nuestra vida, religioso, político y deportivo.
En cuanto a lo religioso, podemos recordar el reciente caso ocurrido en agosto del 2.022, donde un grupo de personas se internó en una montaña de la Grita Edo. Táchira para presuntamente participar en un “retiro espiritual” motivado por una cantidad de rumores sobre el fin del mundo. Alguien pudiera decir que la religión es un hecho humano profundo, por tanto debemos respetar la libertad religiosa y que el Ser Humano de acuerdo a sus creencias puede descubrir que debe hacer ciertas prácticas o cosas.
Desde la perspectiva humanista, el doctor en Ciencias Sociales Trino Márquez consideró que la Mujer encargada de realizar la actividad fue movida por el “fanatismo religioso”, lo que es muy perjudicial para el Ser Humano.
Este caso estremeció a la opinión pública nacional e internacional, tratándose de un fenómeno que tiene que ver con las características comunes del fanatismo. El fanático tiene certezas muy fuertes, está lleno de certidumbres, pierde toda capacidad crítica y está movido por verdades inamovibles. No tiene dudas acerca de sus creencias y es capaz de hacer cualquier cosa con tal de imponerlas como la única verdad. Lo cierto es que en el fondo se sienten tan inseguros que se exponen a verdades inamovibles. Es lamentable como grandes guerras, los peores crímenes de lesa humanidad, masacres se han cometido en el nombre de Dios, tal como lo percibe una determinada experiencia religiosa, sus Líderes en el mundo, sus creencias y las Leyes propias que la regulan.
En el plano político, ejemplos resaltantes de fanatismo que causaron un dolor profundo a la humanidad es el caso del holocausto nazi, el Ku Klux Klan, las cruzadas, el racismo. Todos estos hechos están escritos en las páginas más oscuras de la historia de la humanidad y los esfuerzos deben ser enormes para que jamás se repita algo así.
Muchas personas que defienden a capa y espada sus ideas políticas se asombran cuando los del bando contrario, o los neutrales, las acusan de fanatismo. Un impulso emocional las lleva a creer que los fanáticos son sus críticos, y posiblemente también lo sean. Esto ocurre a quienes justifican ciegamente las acciones tanto de la derecha como de la izquierda, acciones que van desde ejecuciones sumarias, torturas y bombardeos hasta ametrallamientos de civiles, suspensión de libertades fundamentales, juicios amañados y noticias falsas. De estos casos, está llena la historia de la humanidad.
En el hermoso mundo del deporte, una cosa es ser apasionado, seguidor de una determinada disciplina deportiva y a un equipo, otra cosa es llegar al punto de agredir incluso de gravedad al Prójimo por el solo hecho de que haya resultado ganador un equipo contrario al que esa persona apoya. Ejemplos tenemos muchos y resalto aquí el caso de los Inchas que una vez terminado el juego del que se trata, dentro o fuera del estadio comienzan las agresiones desmedidas y así se han visto consecuencias terribles como la muerte y casos de violaciones de Mujeres por el solo hecho de haber gritado en favor del equipo contrario. ¿Uno se pregunta y por qué pasa todo esto? ¿Qué provoca esa distorsión tan extrema de la realidad? Sin duda entre tantas cosas que se pueden analizar estamos en presencia de actitudes propias de un fanático y del fanatismo.
En general a nadie le gusta que le digan fanático, y esto porque la palabra en si misma define a una persona que defiende tenazmente, con pasión exagerada y con un alto grado de irracionalidad una creencia. No se trata de salvaguardar las ideas propias, se dice fanático cuando esta defensa coquetea con la locura.
Todo fanático es orgulloso y tiene sueños de grandeza, que no siempre se corresponden con la realidad, se complace pensando que lo que él ha elegido como verdadero es la única realidad posible. Sus acciones y pensamientos según ellos están ungidos por Dios, (incluso él mismo se cree un ungido), ejemplo de esto último el caso de Adolfo Hitler en Alemania, convirtiendo al nazismo en una especie de culto, una religión, con una idea de creerse la raza pura.
La creencia del fanático es su único referente, se dice a sí mismo “Yo creo que esto debe ser así, los demás deben amar esto porque yo tengo la seguridad de que es lo correcto, los demás están en un error porque no aman como Yo amo”.
Debemos trabajar y hacer esfuerzos para que este tipo de distorsiones que tanto daño hacen se minimicen de manera considerable. El hecho de que sea parte de lo que somos no quiere decir que deba seguir siéndolo, comprender y aceptar el fanatismo existente en nosotros es una forma de dominarlo, esto porque para los Seres Humanos, reconocer un error es lo más difícil, puesto que significa apartarse de la idea que consideró mejor.
Es difícil librarse del fanatismo, pues él sabe fingirse como nuestra opinión, sabe de qué pata cojeamos y se instala allí, haciéndonos creer libres y fuertes. Dejarlo desarrollarse es matar nuestra dignidad, pues el fanatismo esclaviza la conciencia hasta suprimirla. No se trata de aceptar ciegamente lo que el otro diga sino de escuchar y comprender que dice; luchar contra esta patología dándonos cuenta de que no existen soluciones mágicas y rápidas, aceptar esto y familiarizarnos con la razón y escuchar lo que los demás tengan que decirnos en el marco del respeto mutuo, entre otras cosas, no nos vendría nada mal.
El fanatismo es un “apasionamiento y tenacidad desmedida en la defensa de creencias u opiniones, especialmente religiosas o políticas”, según la definición de la Real Academia española.
Una de las definiciones más completas desde mi punto de vista que leí en una oportunidad, es la de Enrique Echeburúa, catedrático de Psicología Clínica de la Universidad del País Vasco, España. En la revista Euromind, de ciencia y humanismo del Parlamento Europeo, Echeburúa subrayó lo siguiente: “Los fanáticos precisan la presencia de un enemigo externo, al que atribuyen todas sus frustraciones, como factor fundamental para conformar una identidad propia y generar una cohesión grupal. Ese es el caldo de cultivo en el que germinan las semillas del odio, que pueden conducir a la venganza y a la violencia”.
“El fanatismo es a la superstición lo que el delirio es a la fiebre, lo que la rabia es a la cólera. El que tiene éxtasis, visiones, el que toma los sueños por realidades y sus imaginaciones por profecías es un fanático novicio de grandes esperanzas; podrá pronto llegar a matar por el amor de Dios”, dijo en alguna ocasión el escritor, filósofo e historiador francés François-Marie Arouet, mejor conocido como Voltaire.
El fanatismo, como sabemos, no es algo del pasado y no siempre conduce a la violencia. Hay mucho fanatismo hoy día en la política mundial, en la religión, en el deporte y este es rechazado por la gente inteligente que está consciente de las terribles consecuencias del mismo.
En general, el fanatismo es una respuesta a la inseguridad y el miedo de las personas. Se presenta como una “tabla de salvación” y propaga convicciones absolutas e incuestionables frente a la realidad. Los fanáticos suelen ser personas herméticas, normalmente víctimas en su pasado de abusos o grandes frustraciones.
El fanatismo puede repercutir en la personalidad del fanático, provocando una doble personalidad. Cuando alguien se convierte en seguidor incondicional de un grupo o secta, vive en dos mundos: el que le rodea y el de la organización, donde ambos suelen ser incompatibles.
Concluyo estas reflexiones enfatizando en el hecho de que las relaciones humanas deben estar enmarcadas en el respeto mutuo, en el reconocimiento del otro, en fijar posiciones, visiones, bien sean políticas, religiosas, deportivas entre otras, y defenderlas con vehemencia, pero teniendo en cuenta que también la otra persona tiene parte de la verdad y eso debe ser respetado, tomando en consideración que no soy el dueño de la verdad absoluta.
“La ira y la intolerancia son enemigas del saber”
Mahatma Gandhi
Dr. Pedro Duarte
Abogado
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