POR: ENRIQUE OCHOA ANTICH
Ha ocurrido lo que más se temía: una agresión militar de la mayor potencia del mundo contra Venezuela. Desde una inequívoca postura soberanista, rechazamos esta barbarie, sin ambages y sin esguinces.
Existe una responsabilidad en los extremismos ideológicos que nos trajeron a una crisis política que facilitó esta agresión. También la hay, y muy especialmente, en el discurso del sector más extremista de la oposición que legitimó esta intervención militar extranjera, discutiendo incluso nuestra condición como nación independiente y soberana. Son lecciones que deben servirnos de aprendizaje de cara al futuro.
Hasta aquí llegamos porque los venezolanos no fuimos capaces de articular, como muchos pedimos durante años, una solución negociada y pactada. Pero esa tarea sigue planteada.
El gobierno debe conjurar su tentación de reaccionar con más autoritarismo y más represión. Venezuela reclama apertura democrática y, como nunca antes, un gobierno de unidad nacional.
Nicolás Maduro, en ejercicio de la presidencia de la república, fue secuestrado, por tanto, ha dejado bajo coacción el cargo que ejercía, no hay falta absoluta, y queda a cargo del Poder Ejecutivo la Vicepresidenta. La sentencia del TSJ puede ser discutible en el plano estrictamente constitucional, pero éste es una hecho político objetivo y de fuerza que prima sobre todo lo demás.
En Venezuela se abre un nuevo ciclo político. Se verifica que, como tanto dijimos, todo cambio debe hacerse CON el gobierno, nunca sin él. Es lo que hasta EEUU parece estar comprendiendo, a despecho de algunos.
Delcy Rodríguez tiene la enorme oportunidad de torcer el rumbo de nuestra historia hacia un buen camino. A ella corresponde dar pasos audaces y no repetir los errores que nos trajeron hasta aquí.
Por ejemplo, sacarnos del pantano inútil de confrontación con EEUU. Y, con soberanía y dignidad mas sin desplantes, resistir la pretensiones imperiales de Trump pero a la vez abrir las puertas a toda la inversión petrolera estadounidense que Venezuela necesita a gritos. Algo parecido a lo que hicieron los chinos cuando heredaron la devastación económica maoísta y emprendieron el camino capitalista.
Luego debería recomponer el gabinete y conformar un gobierno de unidad nacional, que incluya a todos pero excluya a los extremos de izquierda y de derecha que nos trajeron a esta crisis. Y reconstitucionalizar al Estado. Es decir, abandonar el proyecto de partido-Estado que es de suyo inconstitucional.
Buen inicio sería designar una Comisión plural e independiente para revisar uno a uno los casos de los presos políticos y avanzar en la redacción de un proyecto de ley de amnistía que tenga como referencia la española de 1977, es decir, inclusiva, para lado y lado, opositores y funcionarios. Tomar el fecundo y noble sendero del perdón y la reconciliación que sane nuestras hondas heridas de 27 años.
Venezuela prevalecerá más allá de estas terribles circunstancias. Los venezolanos requerimos más democracia para defender su soberanía. Que así sea.