POR. ING. LUIS CABRERA
La trillada promesa que no ha podido cumplir ningún burgomaestre marabino en más de 20 años y que incluso se fue agudizando cuando aún era popular un melódico eslogan que decía «Porque somos la primera ciudad de Venezuela», hoy vuelve a figurar como una promesa del nuevo alcalde.
El último intento lo protagonizaron a troche y moche, el ex alcalde Willy Casanova y el ex gobernador Omar Prieto en 2018. Y no solo no lo lograron, sino que afectaron a cientos de familias en el intento. No hubo planificación ni censo, tampoco hubo reubicación. Al día de hoy tampoco se ha calculado la capacidad máxima que puede albergar las áreas abiertas o inmediaciones del mercado Las Pulgas.
La verdad absoluta es que no todos caben, y lo peor es que se avecinan tiempos dónde se agudiza la situación; la Feria de la Chinita y el fin de año, con la venta de adornos navideños, estrenos y juguetes.
¿Qué decisión tomará Gian Carlo, la de afectar las navidades de quienes recurren de manera desesperada al comercio informal, pero dar seguridad y transitabilidad al resto de los maracaiberos, o una irresponsable decisión política dejando quieto lo que está quieto, para no ganarse la mala voluntad de los buhoneros?
Lo cierto es que lo primero expone a buhoneros y usuarios a grandes peligros, como lo sucedido en el Callejón de los Pobres en el año 2014, con la explosión de un transformador y posterior incendio dónde hubo lesionados de gravedad. Es bueno recordar que ni siquiera el camión de los bomberos pudo entrar para controlar las llamas y atender a los lesionados, por la cantidad de mesas y obstáculos que los buhoneros colocaron para hacer más cómoda su actividad.
Desde el ángulo que se vea, es un desafío constante el armonizar este anárquico dinamismo económico, con el ordenamiento urbano y el cumplimiento de la Ley.
El punto focal de este reto es llegar a fin de año y que no puedan circular vehículos por la avenida Libertador, donde la presencia de comerciantes informales o buhoneros requiere una visión integral que beneficie a la colectividad.
La existencia de un comercio informal amplio, a menudo impulsado por la necesidad económica, es una situación compleja, ya que genera problemas de ocupación del espacio público, salubridad y una competencia desigual con el comercio formal, que sí cumple con sus obligaciones tributarias.
Es por ello que la nueva administración de la ciudad debe poner en marcha un «Plan Integral de Organización y Ordenamiento» para los comerciantes informales del casco central. No se trata solo de atacar el problema en temporadas como Carnaval, Semana Santa, Feria de la Chinita y Navidad. Debe ser un plan desarrollado por etapas con objetivos a corto, mediano y largo plazo si es necesario, pero que solucione de manera definitiva el problema en cuestión.
En este plan, deben considerarse aspectos pilares como:
Censo y Registro: Para conocer la realidad, el tipo de negocio y la ubicación de cada comerciante.
Reubicación y Adecuación: Establecer espacios dignos y funcionales (como mercados o áreas comerciales específicas) donde puedan ejercer su actividad de forma organizada, minimizando la obstaculización de vías peatonales y vehiculares.
Inclusión Tributaria: Diseñar un régimen tributario simplificado y justo para estos comerciantes. La recaudación de impuestos a los buhoneros no debe ser punitiva, sino un mecanismo de inclusión y reconocimiento, con incentivos adecuados sin afectar el bolsillo.
Capacitación y Formalización: Ofrecer programas de formación empresarial y asesoría legal para que, progresivamente, los comerciantes puedan avanzar hacia la formalización, obteniendo su patente de actividad económica y accediendo a beneficios del sistema formal. Este último es el pilar más importante.
El funcionamiento óptimo de una ciudad reposa en el cumplimiento de la Ley por todos sus actores, sin excepción. Cuando un sector, sea formal o informal, evade responsabilidades (como el pago de impuestos, el cumplimiento de normativas de uso de suelo o de salud), el impacto se siente en la calidad de los servicios públicos y en la equidad social.
Ahora bien, si la propuesta del actual alcalde es ordenar y mejorar la actividad en el casco central, de manera definitiva y para la posteridad, por acá contará con la mejor disposición, porque Maracaibo hoy necesita de la voluntad de todos los marabinos, pero también se debe reconocer que cada contribución, por pequeña que parezca, financia la limpieza, el alumbrado, la seguridad y las obras de infraestructura de la ciudad, es la base de una cultura cívica madura.
Ing. Luis Cabrera, concejal y vicepresidente de la Comisión de Urbanismo del Concejo Municipal de Maracaibo.
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