HERMANOS VENEZOLANOS, ORACIÓN Y REFLEXIÓN, PARA UN MÁS CLARO Y ÚTIL DISCERNIMIENTO

por El Regional del Zulia
JOSÉ ANDRÉS BRAVO

POR: P. JOSÉ ANDRÉS BRAVO H

Cuando la Iglesia habla y actúa lo hace para evangelizar, es decir, para que el Evangelio penetre en la realidad humana. No lo hace para satisfacerse a sí misma, es un mandato de Jesús. Lo que busca es la salvación. La Iglesia sigue siendo signo e instrumento de salvación.

El Evangelio debe sembrarse en los corazones. Ahí se presenta una visión de la Persona Humana que tiene por fundamento el haber sido creado por Dios a su imagen, según el único modelo que es Jesucristo. Esta visión humanista tiene su sentido en la misma persona de Cristo, el Dios encarnado. Él es, pues, el verdadero y perfecto hombre nuevo, la imagen más auténtica de Dios. Es el que, con su encarnación, le devuelve a los hijos de Adán la naturaleza divina. Y con su muerte y resurrección los libera para ser hijos de Dios y vivir en fraternidad.

La Verdad, la Libertad y la Fraternidad, constituyen los valores más importantes de la dignidad de la persona humana. Esta dignidad es sagrada. Una sociedad debe estar organizada para que se viva esta dignidad divina, ser hijos de Dios. Como enseña San Pablo, para vivir la libertad de los hijos de Dios. Si esta dignidad es violada, la voz de la Iglesia se alza proféticamente, para denunciar y anunciar. En el mismo Concilio Plenario de Venezuela, la Iglesia se compromete: «Denunciar proféticamente la injusticia. Debemos combatir, desde una opción preferencial por los pobres, toda situación que sea contraria al plan salvífico de Dios». No podemos dejar de luchar con energía contra cualquier esclavitud social o política. Y respetar bajo cualquier régimen político, los derechos fundamentales de la persona humana (cf. Gaudium et Spes 29).

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