POR: DR. ALIRIO FIGUEROA ZAVALA
Individuo de número de la Academia de Ciencias Jurídicas del Estado Zulia.
La mayoría de los venezolanos tienen un estado de ánimo vinculado a la evolución de la economía y a la percepción sobre el comportamiento del dinero, lo que conforma una ilusión; es decir, tiene la creencia de tener suficiente dinero porque el gobierno ha creado en los ciudadanos la idea de que cuando se eliminen las sanciones impuestas al gobierno, puede existir una mejoría en las finanzas, y con eso se aumentaría el salario de los trabajadores.
Pero si no se controla la inflación, esa ilusión dineraria será de poco tiempo. Sea conveniente indicar que, la inflación es la principal destructora de las expectativas favorables que se generan, al producirse, por ejemplo, un incremento de sueldos, pensiones y jubilaciones, que en un primer momento se traducen en un estímulo al consumo de bienes y servicios, con la esperanza de comprar más que antes, en razón de tener más dinero en el bolsillo.
Lo anterior, en la práctica, se convierte en un efecto irreal ya que la erosión inflacionaria reduce el poder adquisitivo en un grado mayor que la mejora de los ingresos; o lo que es lo mismo, al restarle al efecto inflacionario el incremento salarial, el aumento efectivo de los sueldos resulta muy reducido, habida cuenta que dichos aumentos salariales se producen escalonadamente mientras que la inflación es a diario, lo que genera el deterioro del poder adquisitivo de la moneda.
Ante un escenario inflacionario, como está sucediendo en el país emerge el endeudamiento como otra especie de ilusión dineraria, pues la gente piensa que va ganar más en el futuro y por lo tanto adelanta las compras mediante operaciones de crédito, esto se produce con mayor intensidad cuando la familia no tiene capacidad de ahorro.
Toda esta situación tiene un efecto negativo, no solamente para los consumidores sino para la economía en general, ya que, al incrementarse la demanda, como consecuencia de un aumento en los ingresos de los consumidores sin la existencia de una oferta para satisfacer esa mayor demanda, evidentemente se producen nuevos incrementos de precios, generados por la escasez, reduciendo así, aún más el poder adquisitivo del consumidor.
Nuestro país presenta un escenario alarmante de exceso de dinero en circulación, que en mucho no se traduce en producción de bienes y servicios, sino que, por el contrario, se compensa el desequilibrio mediante la inflación al desestimular el deseo de comprar ante la elevación de precios.
En razón a lo expuesto con anterioridad, es necesario concluir sobre la necesidad de reducir el exceso de liquidez, como condición básica para implementar algún tipo de política antiinflacionaria.
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