Economía.- Un reciente informe del Banco Mundial ha encendido las alarmas sobre el retroceso social en América Latina tras la pandemia. La proporción de ciudadanos que integran la clase media cayó a 37,3 %, mientras que la población vulnerable —aquellos que no son pobres pero tampoco tienen estabilidad— aumentó a 38,5 %. El sueño de ascenso social parece desvanecerse, dejando a millones atrapados en una zona gris de incertidumbre económica.
Entre la apariencia y la precariedad
Ya no basta con “no ser pobre”. La nueva realidad muestra que millones de latinoamericanos viven al filo: con ingresos que no alcanzan, deudas que se acumulan y estilos de vida que los empujan al abismo financiero. “Compran cosas que no necesitan, se endeudan para lucir bien, no ahorran y sostienen estilos de vida que solo los hunden más”, señala el informe. Lo que antes se celebraba como expansión de la clase media, hoy se revela como una trampa silenciosa.

La pandemia no solo golpeó los sistemas de salud y empleo, también fracturó las bases de la movilidad social. El informe advierte que la clase media está en riesgo de desaparecer como categoría estable. Muchos de sus integrantes viven con miedo a perder lo poco que tienen, sin redes de protección ni capacidad de ahorro. La promesa de estabilidad se ha roto.
“Es una clase media frágil, que vive de apariencias y crédito. No tiene colchón para enfrentar crisis, y cualquier sacudida los devuelve a la pobreza”, explica Mariana López, socióloga especializada en desigualdad.

¿Y ahora qué?
El Banco Mundial recomienda políticas públicas que fortalezcan el empleo formal, el acceso a servicios básicos y la educación financiera. Sin estas medidas, la región corre el riesgo de consolidar una estructura social polarizada: una élite blindada y una mayoría atrapada entre la pobreza y el estancamiento.
Texto Copilot IA
Fotos/WEB