SALUD.- Mientras el país concentra sus esfuerzos en la remoción de escombros y la distribución de suministros humanitarios, una segunda emergencia comienza a tomar forma en las calles, refugios y hospitales: el impacto psicológico derivado de la tragedia sísmica. Expertos en salud mental han alzado la voz para advertir que el trauma, lejos de ser un fenómeno pasajero, amenaza con transformarse en un desafío de salud pública a largo plazo.

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El choque emocional y la vulnerabilidad colectiva
La psicóloga clínica Nilda Salazar explica que la población sobreviviente atraviesa actualmente un estado de “choque emocional”, una barrera protectora natural que impide procesar la magnitud de la catástrofe durante los primeros días. Según Salazar, este estado requiere acompañamiento profesional presencial inmediato para lograr la estabilización básica antes de avanzar hacia terapias más profundas.
Sin embargo, el impacto no se limita a quienes estuvieron bajo los escombros. La incertidumbre constante, el miedo ante las réplicas y la exposición continua a noticias dramáticas han generado altos niveles de estrés, ansiedad y alteraciones del sueño en la población general, incluyendo a rescatistas, voluntarios y familiares. Salazar advierte que, de no abordarse estas secuelas en los próximos meses, los síntomas podrían cronificarse y derivar en trastornos duraderos.

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La advertencia de la Sociedad Venezolana de Psicología
Gilberto Aldana, presidente de la Sociedad Venezolana de Psicología, fue contundente durante una entrevista en el programa Primera Página de Globovisión al señalar: “Lo que se nos viene no es fácil”.
Aldana diferencia la fase actual, marcada por la “hiperactividad” y el deseo de buscar soluciones o rescatar a seres queridos, de la fase que sobrevendrá una vez que la efervescencia social disminuya. “Cuando esa efervescencia baje y nos enfrentemos a la realidad, posiblemente van a aparecer otros síntomas como la depresión”, alertó el especialista.

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El riesgo del desgaste y la necesidad de intervención prolongada
La crisis también ha impactado de forma severa al personal que trabaja en primera línea. Aldana informó sobre síntomas de “desgaste” observados en trabajadores sanitarios, bomberos y periodistas que atienden la contingencia diariamente. Como ejemplo de la labor en terreno, mencionó su propia experiencia en el Hospital Vargas, donde se mantienen jornadas de acompañamiento y atención a los afectados.
La gravedad del escenario es tal que el especialista exhorta a los familiares y allegados a vigilar de cerca a quienes se muestran vulnerables, ante el riesgo latente de que los individuos puedan atentar contra su propia vida.

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Finalmente, los expertos coinciden en un punto crítico: la recuperación emocional no es un proceso inmediato. Requiere un compromiso institucional y social para sostener programas de intervención psicológica y psiquiátrica durante un periodo prolongado, garantizando que el acompañamiento sea tan constante y resiliente como las labores de reconstrucción física que el país necesita emprender.