LIBRE, SOBERANO E INDEPENDIENTE

por Mileydi Piña
PEDRO DUARTE

POR: DR. PEDRO DUARTE

Comenzamos el año 2026 con uno de los episodios más inestables, graves y dolorosos que haya vivido nuestra patria en los últimos tiempos. De manera sorpresiva, violando cualquier código de guerra, sin conflicto declarado con ningún país del mundo (porque no es esa nuestra naturaleza), Venezuela fue cobardemente atacada con un poder de fuego superior: misiles, incursiones aéreas, terrestres y marítimas, ejecutadas por comandos especiales del ejército de los Estados Unidos.

Fue una acción vil, cobarde y absolutamente contraria a todo principio del Derecho Internacional Público. Un ataque que no solo violó nuestra soberanía, sino que dejó como saldo trágico la muerte de civiles y militares patriotas venezolanos, así como de hermanos cubanos, y que culminó con el secuestro del Presidente constitucional de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro Moros, y de su esposa, la doctora Cilia Flores.

Resulta impresionante que, en pleno siglo XXI, se ejecute una agresión de esta magnitud sustentada en una narrativa que no han podido demostrar ni podrán hacerlo. Los supuestos argumentos (el llamado “Cártel de los Soles”, el narcotráfico, el control de sistemas estratégicos) se debilitan cada día más, incluso por declaraciones y actuaciones del propio gobierno norteamericano, que termina desmontando sus propias falsedades.

El mundo ha fijado posición firme ante esta atrocidad. En Europa, en Suramérica, en América Latina y en otras regiones, se ha dejado claro un principio elemental: cuando se permite que ardan las barbas del vecino, pronto arderán las propias. Lo ocurrido en Venezuela trastoca el orden internacional y vulnera de manera flagrante la Carta de las Naciones Unidas, creada precisamente para evitar que este tipo de hechos se repitan.

Si una agresión de esta naturaleza queda impune, ningún país del mundo estará a salvo. Las grandes potencias lo saben. La soberbia del actual liderazgo estadounidense ha derivado en delirios expansionistas: amenazas contra México, pretensiones sobre Panamá y su canal, la idea absurda del “Golfo de América”, intentos de anexión territorial, aspiraciones sobre Groenlandia, y la obsesión histórica por el petróleo venezolano, ese recurso que Dios puso bajo nuestro suelo y que pertenece exclusivamente a nuestro pueblo.

Estamos, sin duda, ante una conducta que recuerda a los peores momentos de la historia de la humanidad, a los métodos más bárbaros del colonialismo y del fascismo. Frente a eso, afirmamos con claridad: somos libres, somos soberanos y somos independientes.

Ser libres es haber nacido a la libertad. Ser soberanos es haber nacido a la ciudadanía. Ser independientes es decidir sobre nuestro destino.

Nuestros recursos son nuestros. Son herencia de nuestros libertadores. Así lo reafirmó, a más de un siglo después de la gesta independentista, el Presidente Hugo Chávez Frías, quien siempre advirtió con claridad de lo que el imperialismo norteamericano estaba dispuesto a hacer para garantizar su subsistencia, sin importar los medios. El Presidente Nicolás Maduro también lo dijo, una y otra vez, alertando sobre la necesidad de una resistencia activa.

Sabíamos que la amenaza estaba allí: despliegues militares en el Caribe, portaviones, aviones, personal, inversiones millonarias diarias destinadas a la guerra. Por eso hoy cobran más vigencia que nunca las palabras del Che Guevara cuando afirmó que al imperialismo no se le puede conceder “ni un tantico así”.

Lo sucedido es una violación evidente del Derecho Internacional Público. Quienes primero lo saben son los propios miembros del gobierno estadounidense. Por eso este caso trasciende lo jurídico y se ubica directamente en el terreno político. Se trata de un ataque político destinado a quebrar la moral del pueblo venezolano y a apropiarse de nuestros recursos.

Hablamos de un Presidente en funciones y de su Esposa. Por ello, cada argumento, cada acción jurídica y política debe ser profundamente responsable y asertiva, sin convalidar, bajo ninguna circunstancia, las atrocidades cometidas. Ninguna figura procesal del derecho internacional, aplicada a Estados o a jefes de Estado, puede justificar lo ocurrido.

La decisión sobre este caso no puede recaer únicamente en el aparato jurídico estadounidense. Corresponde a los organismos internacionales, empezando por la Organización de las Naciones Unidas, pronunciarse con claridad y exigir la inmediata liberación del presidente Nicolás Maduro y de su esposa, y su regreso seguro a la República Bolivariana de Venezuela.

“Soy Nicolás Maduro, Presidente constitucional de la República Bolivariana de Venezuela. Fui secuestrado desde mi casa, junto a mi esposa, y hoy soy un prisionero de guerra”.

Ese es el elemento esencial que no puede ni debe cambiar.

Nuestra Patria debe alzarse como una sola voz: con la movilización popular, institucional y política, dejando claro que este hecho constituye un secuestro, cometido sin delito alguno, y que todo debe estar supeditado al regreso del Presidente y su Esposa a su País.

Venezuela quiere las mejores relaciones con todos los pueblos del mundo, pero sobre la base del respeto mutuo y del reconocimiento recíproco. No hay respeto sin reconocimiento, y no hay reconocimiento sin soberanía.

Avancemos unidos. Tengamos claro que esta es una lucha entre libertad y esclavitud. Y estoy convencido de que el cien por ciento de los venezolanos queremos ser cualquier cosa, menos esclavos.

Que Dios nos cuide siempre. Y con la ayuda de Dios, seguiremos venciendo.

 

 “Más que nadie, la Patria exige el sacrificio de todos; y la libertad no se implora, se conquista”

Simón Bolívar

Dr. Pedro Duarte

Abogado 

 

 

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