UN RESUMEN DEL P. JOSÉ ANDRÉS BRAVO H.
Un sencillo llamado con palabras claras y profundas, llenas de sabiduría: «Poner de nuevo el Misterio de Dios en el centro de nuestra vida, para que nuestra fe recobre su impulso y el corazón no se disperse entre las inquietudes y distracciones cotidiana». Extraordinario propósito para prepararnos a vivir con profunda espiritualidad el Misterio de nuestra Salvación. Para eso, el santo padre nos recomienda dos acciones: escuchar y ayunar. Así es: «La disposición de escuchar es el primer signo con el que se manifiesta el deseo de entrar en relación con el otro». Debemos «escuchar a Dios, dar espacio a la Palabra».
La acción liberadora del pueblo de la alianza comienza así, un Dios que se acerca porque primero vio y escuchó a un pueblo oprimido: «La escucha del clamor de los oprimidos es el comienzo de una historia de liberación, en la que el Señor involucra también a Moisés, enviándolo a abrir un camino de salvación para sus hijos reducidos a la esclavitud». Hoy, como a Moisés, nos llama Dios liberador a escuchar, como lo hace Él, el grito «que, en la historia de la humanidad, interpela constantemente nuestra vida, nuestras sociedades, los sistemas políticos y económicos, especialmente a la Iglesia».
El papa León XIV nos invita a ayunar: «Si la Cuaresma es tiempo de escucha, el ayuno constituye una práctica concreta que dispone a la acogida de la Palabra de Dios. La abstinencia de alimento, en efecto, es un ejercicio ascético antiquísimo e insustituible en el camino de la conversión. Precisamente porque implica al cuerpo, hace más evidente aquello de lo que tenemos ‘hambre’ y lo que consideramos esencial para nuestro sustento. Sirve, por tanto, para discernir y ordenar los ‘apetitos’, para mantener despierta el hambre y la sed de justicia, sustrayéndola de la resignación, educarla para que se convierta en oración y responsabilidad hacia el prójimo». Nuestro papa nos invita a una forma de abstinencia muy concreta y actual. Primero, nos pide evitar la tentación de enorgullecer el corazón para vivirlo con fe y humildad. De ahí, hoy nos dice: «Me gustaría invitarles a una forma de abstinencia muy concreta y a menudo poco apreciada, es decir, la abstinencia de utilizar palabras que afectan y lastiman a nuestro prójimo».
Finaliza el mensaje con esta Exhortación: «Pidamos la gracia de vivir una Cuaresma que haga más atento nuestro oído a Dios y a los más necesitados. Pidamos la fuerza de un ayuno que alcance también a la lengua, para que disminuyan las palabras que hieren y crezca el espacio para la voz de los demás. Y comprometámonos para que nuestras comunidades se conviertan en lugares donde el grito de los que sufren encuentre acogida y la escucha genere caminos de liberación, haciéndonos más dispuestos y diligentes para contribuir a edificar la civilización del amor».