Economía.- Son la generación con más títulos universitarios, maestrías y habilidades digitales. Los millennials, nacidos entre 1980 y 1999, crecieron bajo la promesa de que la educación sería el camino al éxito. Sin embargo, esa promesa se ha desvanecido. Hoy, muchos de ellos enfrentan una realidad económica más precaria que la de sus padres, con empleos inestables, bajos salarios y dificultades para acceder a vivienda o ahorrar.
Según un informe de Infobae, los jóvenes cobran hasta un 20% menos que sus padres en términos reales, a pesar de tener mayor formación académica. Esta brecha salarial se traduce en una pérdida de poder adquisitivo que limita su capacidad de independencia. Comprar una casa, formar una familia o acumular patrimonio son metas cada vez más lejanas.
En países como España, Colombia, Venezuela y México, los millennials enfrentan mercados laborales saturados, contratos temporales y una economía marcada por la inflación y la automatización. “La generación más preparada de la historia también es la peor pagada”, resume el titular del estudio.

¿Qué pasó con el sueño del progreso?
Durante décadas, se asumió que cada generación viviría mejor que la anterior. Pero las múltiples crisis del cambio de milenio —la recesión de 2008, la pandemia de COVID-19, la inflación global y la precarización laboral— han roto esa línea ascendente. Como señala DW, los millennials podrían ser la primera generación contemporánea más pobre que sus padres.

El peso de la incertidumbre
Más allá de lo económico, esta inestabilidad tiene efectos psicológicos. La ansiedad por el futuro, la presión por mantenerse competitivo y la frustración de no alcanzar los estándares de éxito tradicionales han generado una crisis emocional silenciosa. Muchos millennials viven en modo “sobrevivencia”, atrapados entre la formación académica y la falta de oportunidades reales.
Expertos proponen repensar el modelo económico y laboral. La solución no está solo en más títulos, sino en políticas que promuevan empleos dignos, acceso a vivienda, y seguridad social. También se requiere una redefinición del éxito: menos centrado en el consumo y más en el bienestar.