PERIODISMO CIENTÍFICO Y NOTICIAS FALSAS

por El Regional del Zulia
ARGENIS MENDOZA

 

POR: ARGENIS MENDOZA

(PERIODISTA / DOCTOR EN EDUCACIÓN)

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«Las fake news concitan más atención que los hechos. Un solo tuit con una noticia falsa o un fragmento de información descontextualizado puede ser más efectivo que un argumento bien fundado».

Byung-Chul Han. Infocracia (2021: p. 19)

 

Quiero aclarar que en este escrito al referirme al periodismo científico no solo es aquel que da cuenta de los adelantos de la ciencia y la tecnología, sino también del carácter riguroso y metódico del ejercicio de esta profesión, en un momento histórico cuando las fronteras entre la realidad y la ficción se desvanecen de manera progresiva.

En efecto, con el advenimiento de las redes sociales virtuales, surgidas en la primera década del siglo XXI, cualquier tema puede convertirse en un hecho «noticioso», cualquiera, tendencias en maquillajes, rupturas amorosas, supuestas incursiones militares, hechos delictivos, es decir, de lo íntimo a lo público; prácticamente existen pocas situaciones exentas de difundirse a través de dichos medios.

Dentro de esa configuración, si los periodistas antes nos quejábamos del ejercicio ilegal de la profesión, por ejemplo, hoy preocupa más observar cómo cualquier persona usando un dispositivo electrónico tiene, según su criterio, el poder de difundir los acontecimientos que percibe con sus sentidos y aquellos que no, estos últimos, desde mi perspectiva, son los más riesgosos en materia de formación de opiniones públicas, debido a su condición de imprecisión y falsedad.

Por consiguiente, tras observar, analizar e interpretar miles de mensajes recibidos en las redes sociales virtuales, un gran porcentaje de ellos irrelevantes, he llegado a ciertas reflexiones preliminares que respaldan mi opinión sobre la degradación de cientificidad en el ejercicio periodístico actual, siendo la vacuidad, banalización e irracionalidad, los principales factores que hoy lo confrontan.

En cuanto a la vacuidad, tanto los medios informativos tradicionales como las denominadas redes sociales virtuales contribuyen, en determinadas ocasiones, con la propagación de contenidos carentes de trascendencia y sustancia para sus receptores; esto puede ilustrarse con publicaciones acerca de los tatuajes que tenga en su cuerpo un personaje popular de la farándula, resultados de la prueba de embarazo de la actriz o cantante de moda, en fin, mensajes triviales.

Con respecto a la banalización, esta se enlaza con la anterior porque hay hechos muy significativos o pudieran serlo para los usuarios, pero por distintos intereses de la propia plataforma proveedora de la red social virtual o por la satanización o animadversión colectiva, terminan convirtiéndose en inexistentes u objeto de críticas desproporcionadas, llegándose incluso a desvirtuarlos y descontextualizarlos.

En el caso de la irracionalidad, igualmente ligada a los dos factores citados con antelación, suele ocurrir cuando determinado hecho real, veraz, creíble, es tan cuestionado por la colectividad usuaria de las redes, ya sea por predisposición u otras razones, cuya heterogeneidad de conocimientos van desde los niveles más especializados hasta los más básicos, se altera al extremo de adquirir su aprobación o rechazo general a ultranza; en este punto no hay posiciones neutras.

Por los razonamientos enunciados anteriormente, es cada vez más difícil para el ciudadano común distinguir la noticia falsa de la real más que la verdadera, porque la «verdad» en las ciencias sociales y el periodismo es un concepto muy relativo, la propia dinámica del sistema mundo actual conduce a la humanidad hacia un abismo de desinformación; sobre este particular, me permito citar al escritor y docente universitario venezolano, Luis Britto García (2021): «En Venezuela hay más celulares que ciudadanos. Las mayorías buscan en las redes un sustituto artificial de la comunidad aldeana y las relaciones personales destruidas por las megalópolis». (Fuente: https://bit.ly/3nQ89Mg)

En síntesis, hoy como en ninguna época anterior de nuestra historia, el ser humano es saturado con informaciones expresadas por millones de fuentes, con ello, gradualmente, va disipando sus competencias argumentativas, críticas y selectivas ante las cantidades abrumadoras de mensajes que recibe de forma constante mediados por la virtualidad, lo cual puede ser muy conveniente para los poderes establecidos, pero adverso para la mayoría, mayoría día tras día más abstraída y menos racional.

 

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