¿POR QUÉ ROSALES?

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POR: JOSÉ ARANGUIBEL CARRASCO

“Aunque el miedo tenga más argumentos, elige siempre la esperanza”.

Séneca

A despecho de adversarios del oficialismo desde donde le han jugado duro por sacarlo en más de una ocasión del escenario político venezolano y de otros, que en filas de la oposición no le perdonan que es un dirigente astuto, perseverante, organizado, disciplinado y promotor en el diccionario político de la frase que cumple la “palabra empeñada”, la candidatura de Manuel Rosales Guerrero a la gobernación del Zulia —a escasas semanas del 21N— ha despertado en todo el estado esperanza, entusiasmo y deseos de cambio que el electorado manifiesta cuando este demócrata recorre barriadas, urbanizaciones y sectores populares en cualquier rincón del Zulia.

A pocos días de superar la Covid-19, Rosales Guerrero retomó sus actividades en la calle de contactos, caminatas y giras donde hombres, mujeres, jóvenes y personas de la tercera edad escuchan su mensaje y atienden su presencia en los que desahogan con el aspirante a la silla de Los Cóndores, sus quejas por el desasosiego, frustraciones y dificultades que atraviesan en la noche, madrugada o a pleno Sol a Sol debido a los constantes bajones, apagones y destrucción de electrodomésticos del hogar por el mal funcionamiento del servicio eléctrico. También la queja toca el desabastecimiento de agua que adonde llega sigue sucia a color papelón mientras en Hidrolago siguen ciegos, sordos y mudos. Qué decir de la recolección de basura, mala vialidad, transporte público, deterioro de escuelas y hospitales o la inseguridad personal. Todo un Dossier de quejas que han desmejorado la calidad de vida de marabinos y zulianos, sacándole prematuras canas y arrugas en un largo transitar de cola en cola para todo. Esta desgracia se la agradecemos a la Revolución Bonita del Siglo XXI.

Esa presencia renovada del líder socialdemócrata en la calle ha desencajado a su contrario del lado oficialista —aspirante a continuar otros 4 años—, Omar Prieto Fernández, quien se ha convertido en el mejor jefe de campaña del candidato de la Unidad Democrática, porque en su agenda pública, cuando transmite su programa diario de radio y televisión o en las redes sociales, arremete con acusaciones y señalamientos contra Rosales Guerrero al asociarlo con responsabilidades que su oponente le atribuye en la administración de la empresa Monomeros, cuando no se sabe ni está oficialmente determinado por la justicia del Estado colombiano que existan responsabilidades contra este líder venezolano. Cuando no es éste el tema, Rosales Guerrero se convierte en tiro al blanco de descabellados señalamientos que, contrario a la creencia de captar simpatizantes, el dirigente del PSUV aleja y espanta a posibles electores desencantados que cuestionan el incumplimiento y vacío de soluciones prometidas cuatro años atrás, cuando más bien, por ejemplo, los servicios públicos de electricidad y suministro de agua han retrocedido en su calidad y eficiencia en nada mejorados que otorguen bienestar y mejor calidad de vida a cientos y miles de zulianos. Hoy la verdad es que ambos están peores. Otros, ubicados en el segmento de la disidencia chavista han gritado a todo pulmón sus desacuerdos con los resultados y rendimientos de la actual gestión en un estado donde a su gente le prometieron y juraron que tendría un “Futuro Seguro” que formó parte de la oferta electoral de Prieto Fernández cuatro años atrás.

Más bien, analistas y especialistas en estudios de opinión pública afirman que el aspirante oficialista busca en este caso un salvavidas de donde agarrarse, porque sabe que los números de las encuestas no lo favorecen en nada ante el electorado del Zulia y que es comprensible un ardid de este y otro tipo al entenderse que el miedo es libre y en la guerra electoral una mentira repetida muchas veces pueda convertirse en verdad o generar duda. Sin embargo, los niveles de deterioro de los servicios públicos y el estrés, desasosiego y malos ratos que vive la población es una verdad que no puede ser ocultada, negada o barrida, echándola debajo de la alfombra. Eso más bien ha potenciado la intención del voto para el 21N.

Rosales Guerrero sabe bien que nadie es moneda de oro para caerle bien a todo el mundo, menos cuando los ataques, persecuciones y trabas que comenzaron en su caso, cuando ganó por primera vez la Alcaldía de Maracaibo en diciembre de 1995, su paso durante dos períodos como gobernador, después ganando de nuevo la alcaldía que no le permitieron asumir al quedar inhabilitado y tener que irse a la clandestinidad y salir al exilio obligado por siete años y, a su regreso, tener que pasar más de un año preso en El Helicoide, no ha sido tarea fácil para este dirigente opositor confrontar en igualdad de condiciones a un adversario político que usa y abusa de los bienes del Estado venezolano como cuando le tocó en 2006 enfrentar al desaparecido presidente Hugo Chávez Frías a la silla de Miraflores. En esa oportunidad, un año antes, en Venezuela nadie quería que le hablaran de elecciones por frustraciones políticas que venían arrastrándose de otros años.

Algún día el país le reconocerá a este abanderado de la Unidad Democrática su trabajo de  rescatar la importancia del voto al estar a lo largo de años hilvanando, tejiendo y construyendo el valor del voto como mecanismo civilizado de quitar a malos gobernantes y premiar a aquellos que han tenido coherencia entre lo que dicen y hacen, vale decir, bien conectada la lengua con el cerebro. En política las mentiras, engaños y promesas olvidadas se pagan. En Venezuela y el Zulia no hace falta colocarse anteojos, porque esas costuras se ven todos los días, a cada rato y en todos lados.

Poco a poco desde 1995 al llegar a la alcaldía, Rosales Guerrero cambió el estilo de hacer política para darle cumplimento a “la palabra empeñada” al iniciar la modernización de la capital del Zulia con la construcción y entrega de obras, entre ellas, corredores viales, creación de la Red Maestra y Complementaria del Transporte que llevó unidades autobuseras a barriadas, urbanizaciones y sectores populares, inició las obras civiles de patios y talleres del Metro de Maracaibo, incorporó unidades de aseo urbano que después otro vendió, entregó apartamentos en el combinado La Victoria, creo un programa social en Casa Mía para la atención de jóvenes en condición de calle y farmacodependientes, desarrolló programas de extensión cultural que popularizó fuera del Zulia con el Carnaval y el encendido navideño de Bella Vista que otros gobernantes copiaron en sus ciudades. Además entregó cualquier cantidad de plazas y espacios públicos de esparcimiento  en favor de la gente. En su haber de gobernar desde la calle sumó a su talante ecologista la prioridad de recuperar y sembrar la ciudad con miles de árboles y vegetación que le permitió a Maracaibo ofrecer otro paisajismo cargado de verdor en autopistas, avenidas y espacios desérticos que no se atendían. Además en su gestión de alcalde nació por decreto el Instituto Municipal del Ambiente, Ima. No faltó algún trasnochado —adversario político—que criticara la acción de calle Rosales Guerrero llamándolo despectivamente conserje, lo cual nunca le produjo ni frío ni calor sino que seguía en su gestión supervisando personalmente el barrido manual de calles y avenidas de las brigadas de salserines que propios y extraños veían de Sol a Sol. A más de un constructor lo sorprendía su inspección sin aviso previo en el día, noche o madrugada quizá por aquello de ver para creer y cotejar cualquier informe técnico in situ.

En cuanto a sus dos períodos seguidos en la Gobernación del Zulia, 2000-2008, Manuel Rosales Guerrero priorizó la construcción de obras para el saber al edificar un nuevo modelo de Escuelas  Zulianas de Avanzada, EZA, constituidas por estructuras amplias y modernas que le permitió a la infancia escolarizada tener agua garantizada —cada colegio nuevo tenía tanque y equipo hidroneumático—, baños, salones iluminados, amplios y con aire acondicionado, biblioteca, aula virtual, canchas techadas, cocina y comedor. Ningún chamo regresaba a su casa sin comer. Nadie era desatendido por el Programa Alimentario del Estado Zulia, PAEZ, distinto al nacional PAE que el gobierno nacional eliminó de un plumazo su financiamiento, pero resguardando la sagrada alimentación de niñas y niños, Rosales Guerrero lo asumió y garantizó la papa diaria a aproximadamente 200 mil niños. Eso lo saben y no lo olvidan madres y padres. Asimismo, en el sector salud qué zuliano no recuerda el estado físico y de dotación de medicinas, equipos e insumos que tenían los grandes hospitales o centros clínicos ambulatorios, donde además funcionaban los ascensores y los espacios estaban climatizados. Además no era cosa de angustia o desespero a la hora de requerirse un examen de laboratorio u otro de costo elevado el tener que ir a la medicina privada, porque la dotación que existía incluía modernos equipos médicos de última generación. Además en toda la geografía regional los programas sociales Barrió a Barrio, Con Buenos Ojos, Signo Vital, Mercados Populares, Clínicas Móviles, Teatros Móviles, Infocentros, entre otros, marcaron la diferencia de una gestión de atención directa a zulianos y zulianas sin distinción ideológica o política.

El Zulia desde esa etapa de gobierno de calle es quizá uno de los pocos estados del país que cuenta con una biblioteca súper moderna como la María Calcaño, ubicada en la avenida El Milagro que Rosales Guerrero entregó a niños, jóvenes y a no tan jóvenes en un acto histórico que contó con la presencia del expresidente colombiano, Belisario Betancourt. A la par de abrir espacios para el saber y garantizar la educación para todos, la gestión del líder social en funciones de gobierno, lo llevó a rubricar convenios y acuerdos que permitieron a niños y niñas de escuelas públicas la dotación de uniformes y útiles gratuitos a través del programa Rafael María Baralt. Asimismo, con la Universidad del Zulia, firmó, entre otros, el programa Francisco Ochoa que permitió a hombres y mujeres que tenían como forma de vida la mecánica, refrigeración, instrumentación o ser electricistas a nivelarse a técnicos universitarios, pero el gran programa educativo que hoy tiene a muchos de sus protagonistas triunfando dentro o más allá de nuestras fronteras, lo constituyen los egresados del programa de becas Jesús Enrique Lossada firmado entre la Gobernación del Zulia y las principales universidades privadas. Jóvenes sin cupo en universidades públicas y sin pedírseles cuál era su condición social, religiosa o militancia política fueron beneficiarios de este programa que hoy ha sido llevado a menos. De igual modo su vocación mariana lo llevó a entregarle a la feligresía del Zulia el Monumento a La Virgen de Chiquinquirá en el centro de la ciudad. Hoy ese espacio está abandonado, deteriorado, vuelto nada. Ganado mérito tiene también Manuel Rosales Guerrero en haber iniciado la construcción de la Gran Autopista de Occidente Lara-Zulia, mejoras de la troncal Machiques-Colón, distribuidores viales, viviendas, dotación en unidades y la atención social integral del funcionario de la Policía del Estado Zulia, PEZ, donde su gestión es recordada como también en el universo deportivo del estado que atendió permanentemente dotando al deporte de una sede digna conocida como Villa Deportiva del Zulia en terrenos de LUZ. Por ser un permanente defensor de la Zulianidad, el candidato de la Unidad Democrática en su anterior gestión convirtió en realidad un anhelo de poetas, compositores e intérpretes del género de la gaita al decretar la creación de la Fundación de la Gaita, Fundagraez, nacida para la atención social de hombres y mujeres baluartes del principal género musical y embajadora del Zulia. En resumen, credenciales y obras tiene Manuel Rosales Guerrero para pedirle a los zulianos que no dejen de expresarse el 21N.

Es un líder que no salió de los cuarteles a buscar fortuna política, ni tampoco de reuniones de cogollos, sino que se ha ganado charreteras de demócrata pateando la calle con la gente.

José Aranguibel Carrasco

CNP-5003

13/10/2021

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