REFLEXIONES NECESARIAS

por Mileydi Piña
GLORIA CUENCA

POR: GLORIA CUENCA

Me lo digo con fuerza a mí misma: imprescindible pensar sobre la serie de circunstancias que, en medio de este trajín político-psicológico-comunicacional vivimos, en esta hora, fuerte y compleja, los venezolanos de la tercera década del Siglo XXI. No   sencillo, ni fácil de entender dado el rumbo de los acontecimientos. Sin lugar a dudas, la mayoría de los demócratas venezolanos, creemos y confiamos: el régimen colapsó. Sé siente y percibe por todas partes. Ya en silencio o con voz alta, se nota la gran molestia contra el “interinato”. Y, sí hay molestia contra el “catire”, no es por lo que hizo, sino por lo que no termina de hacer.

La última encuesta seria, es decir creíble, (Meganálisis; mayo 2026) es clara y precisa sobre el sentimiento de los venezolanos, frente a esta situación, ya denominada extraña y complicada. Nada de Estado 51, tampoco colonia, por supuesto no se acepta, ni valida un interinato que no concluya con elecciones democráticas y legítimas, menos validar la conducta de quienes son criminales, convictos y confesos. Los crímenes de lesa humanidad son “el pan nuestro de cada día” en este socialismo del siglo XXI, cometidos por altos jerarcas del régimen. La pregunta ¿Qué vamos a hacer? ¿Cómo nos vamos a conducir? ¿Cómo será nuestro comportamiento con ese montón de gente que pretende pasar agachada y aspira venir…de regreso?

En oportunidades, me he planteado y preguntado ¿Cómo hacer con los diferentes dilemas qué se les presentan y les suceden a los ciudadanos en democracia? Soy demócrata, confieso, sin embargo, me cuesta serlo. Racionalmente sé qué es lo ético, lo correcto, lo justo en este momento. Sin embargo, la rabia y la molestia por todo lo que han hecho, cuesta sacarla de mí. En estos casos, al reflexionar, resulta imprescindible, necesaria la justicia. Si hacer justicia. No más propaganda, menos sueños, ni ilusiones. Se requiere, después de estas casi 3 décadas de ilegalidades, arbitrariedades e injusticias que se instrumente, con asesoría de los que saben: juristas, abogados, defensores de derechos humanos, víctimas y familiares, entre otros, reconstruir el andamiaje jurídico y judicial. Debe ser, ético, civil, en libertad y con democracia, para alcanzar ese momento maravilloso de recibir justicia para todos. Los agresores, delincuentes y violadores de derechos humanos, los primeros que deberán asumir   responsabilidad penal, ser sancionados y castigados. Por otra parte, las víctimas deberán serán recompensadas: el Estado resarcir las pérdidas sufridas, en lo posible. Darse cuenta de que, los victimarios, son sometidos a la justicia democrática y real. Comprobar y ser enaltecidos por la lucha realizada y efectuada, sin descanso, en estos terribles y oprobiosos años.

Sin embargo, no son los mencionados, los únicos que me preocupan, ¿cómo conducirse? frente a: ¿los cómplices? ¿los enchufados?, ¿los oportunistas? ¿los indiferentes? ¿los abúlicos o apáticos? Soy de las que creen que cada quien tiene su cuota parte de responsabilidad en este terrible proceso. Como si fuera una procesión: “Cada santo que agarre su palo” y asuma las consecuencias de lo hecho hasta el final.

Escribo cada día. Primero periodista al fin, con artículos de opinión, después los libros: “De regreso de la Revolución” y ahora, por salir “Una segunda explicación de mi regreso”.[1] Decidir escribir y contar, fue una importante toma de consciencia de lo inmensamente grato que resulta narrar y contar. Además de mis padres, en concreto, me lo enseñó mi admirado e inolvidable Kotepa Delgado: “Escribe, que algo queda”. Lo dijo,así como se llamaba su extraordinaria columna. Efectivamente escribí; encontré que no hay terapia más efectiva, (al menos para mí) que esta de poner en blanco y negro, (así se decía) pensamientos, emociones, sentimientos de todo tipo.

Saben que soy persona de emociones y pasiones fuertes. (Recuérdese soy del signo de Escorpión), estas reflexiones surgen, ¡qué casualidad! al reaccionar ante arbitrariedades, abusos y agresiones, cometidas a diario, desde lo que queda del régimen.  Hostigan y persiguen a los periodistas, con saña y desvergüenza. En eso son implacables, odian la información noticiosa veraz e imparcial. (Las cifras de los atropellos del CNP son alarmantes) Me pregunto: ¿gente, que eliminó y se robó los periódicos, censuró los noticieros libres, la independencia de la información, la posibilidad de conocer y debatir todo lo que está implicado en el mundo actual, el desarrollo digital y en general los grandes avances; mientras, ¿roban, destruyen, acaban con el país, con su mente estrecha, anacrónica y pretenden salir lisos? No es posible. No pueden terminar sus días tranquilos en una playa de Cuba. (Tampoco les gusta esa idea: ellos quieren la Costa Azul o Las Maldivas) disfrutando lo robado y olvidando los cientos de muertos que cargan sus consciencias. Dios está en el cielo y lo ve todo. La justicia divina no descansa: perdona a quien lo pide, se arrepiente y repara; castiga a quien se lo ha merecido. ¡No olvidarlo! Necesitamos ¡justicia de inmediato sin espera, ni demora!

 

[1] Como he señalado he escrito varios libros: “Ética para Periodistas”, “La enseñanza de la comunicación y el periodismo en Venezuela”, “De regreso de la revolución”, ya citado. “Dimensiones de la Comunicación y el Periodismo”, “Ética para Locutores” y “Reflexiones sobre comunicación y Periodismo”. Además de “Una Segunda explicación de mi Regreso”, en proceso de edición y por terminar “Variaciones de la Comunicación y el Periodismo”.

 

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